CAPITULO 54.

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Michael.

Mis piernas no respondían, por más que intentaba moverlas estas nisiquiera se levantaban, me ayude con mis manos a levantar mi pierna derecha, y cuando la solté, esta se cayó, me pellizque levemente, y no sentía dolor alguno, mi vista se fijó en Valentina, quien me miraba con una cara que era difícil de descifrar, ¿miedo, culpa, vergüenza, lástima, tristeza? No lo sé, solo era una cara que me era difícil de leer, ella tomó mi mano nuevamente, ambos volteamos a ver al doctor una vez que entró, y ella solo apretó mi mano más.

— Señor Ronda, veamos. ¿Recuerda algo antes de estar aquí?

— No puedo mover mis piernas, ¿Por qué?

— Mike...

— No Valen, mis piernas no responden.

— Necesito hacerle preguntas de rutina, ¿puede apoyarme con eso? Aquí traigo sus placas, y le haré una prueba de reflejos, ¿de acuerdo?— Asentí de malas. — ¿Nombre completo?

— Michael Ronda Escobosa, tengo 25 años, me navajearon en el reclusorio. ¿Puede ya revisar mis piernas?— El doctor miró a Valentina, y luego a mí.

— Vamos a sentarlo.— Me senté con un poco de trabajo, dándole la espalda a Valen, ella tenía la mano en mi hombro, y yo seguía intentando mover mis piernas, mientras el doctor revisaba mis placas, y le hablaba a una enfermera. — Ya le hablé a Ortopedia. Le haré un chequeo ¿de acuerdo? — Asentí. — Bien, le hicimos una cirugía cerca de su columna vertebral, su herida fue profunda y perdió un poco más de sangre de lo habitual.— Dijo mientras sacaba un martillo de goma, y pegaba mis rodillas, pero estas no hacían ningún movimiento.— Con suerte su cicatriz no será muy visible, sin embargo, la cirugía fue delicada.

— Mis piernas se moverán ¿verdad?

— Buenas noches, soy la doctora Maribel jefa de cirugía ortopedista, ¿qué tenemos aquí? — Dijo entrando una señora de tal vez 55 años, estatura media y se veía un poco acabada.

— Sus piernas no responden, aquí están sus placas, tuvo una cirugía cerca de la columna.— La doctora revisó las placas, mientras señalaba unas partes, repitió lo mismo que el doctor anterior.

— Ya veo, la cirugía casi daña el nervio vertebral, por suerte no fue así, sin embargo, la herida fue muy cerca, es poco común en estos casos, pero suele pasar que al perder sangre, al entrar bisturí y todo el procedimiento de una cirugía, haya daños en la columna, esto no es permanente, es solo un nervio externo. Con ejercicios y terapia, ese nervio volverá a "despertar" — Dijo haciendo comillas con sus dedos. — Eso sí, usted tendrá que estar en silla de ruedas, y puede ser un proceso largo, o mediano plazo, no podrá hacer ejercicio unos meses, no podrá cargar pesado, y ciertos cuidados que deberá tener conforme avance la rehabilitación, poco a poco verá cómo sus piernas empiezan a reaccionar, entre más haga ejercicios terapéuticos, mejores serán los resultados.— Dijo sonriendo. — Por ahora, es mejor que se relaje, la relajación también es parte para la recuperación pronta, ¿Usted es quien se hará cargo?— Dijo refiriéndose a Valentina?

— Si.— Contestó mientras acariciaba mi brazo.

— Bien, le haré una cita en rehabilitación, tiene que ir acompañado y por si gusta hacer ejercicios extras en casa para que pueda ayudarlo.

— Estoy sentenciado. — Contesté serio.— Mi accidente fue en la cárcel. — Ella miró al doctor anterior.

— Ya... veré que puedo hacer, ¿Quién se hace cargo de sus decisiones de salud? ¿Tiene esposa?

— No.—  Conteste con una sonrisa fingida.— No estoy casado, pero es un amigo, él tiene los derechos para decidir cualquier tema de salud.

— Bien, pues hablaré con él para ver referente a su rehabilitación.— Asentí.

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