Extra: Boda fallida.

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Michael.

Estaba frente al espejo, acomodando mi traje, me había casado con Rachel Pasquarelli poco después de terminar la universidad, hace dos años, una ceremonia íntima, todo lo contrario a lo que era hoy nuestra boda religiosa, para mí, la boda civil había sido más que suficiente, un matrimonio, una casa, y tal vez en un futuro una familia, no era algo que fuera prioridad ni ahora ni después, tal vez porque en el fondo no nos imaginaba siendo padres, sin embargo, Rachel sí que quería una boda grande, expendida, llena de lujos y gente que viera que llegaba al altar, así que aquí estaba yo, terminando de alistarme para casarme nuevamente.

Rachel era una mujer guapa, piernas altas, su cabello castaño hacía que resaltara sus ojos color miel, y hacía juego con su piel poco bronceada, no tenía duda que era afortunado, mi madre entró a mi habitación de mi antigua casa, y sonrío al verme, le sonreí de vuelta, vestía con un vestido largo color amarillo, su maquillaje limpio y discreto, su cabello negro estaba bien peinado, y los tacones le hacía ver más alta, me abrazo mientras se limpiaba las pequeñas lágrimas que salían de sus ojos, yo me reí.

- Mamá, ya me casé una vez, y con la misma mujer.

- Lo sé es solo que... esa boda no es como la de hoy.- Rodeé los ojos, eran tal para cual, ambas obsesionadas por lo que decía la sociedad y el círculo de amigos que teníamos en común, el padre de Rachel era un importante juez en Italia, y mi padre un gran empresario, que podría haber dejado de trabajar hace muchos años, y seguir siendo millonario gracias a sus inversiones. - Me siento feliz que te cases con Rachel.

- Ya estoy casado con ella, mamá, esta boda es solo para darle gusto.

- Como debe de ser, esta es la boda que se merecen, una ceremonia, grandes invitados, y una fiesta llena de lujos.- Rodeé los ojos nuevamente.- Es hora de irnos, tienes que llegar antes que la novia. - Asentí.

- ¿Mi hermano ya está listo?

- Si, salió hace un rato, dice que nos veía en la iglesia.- Asentí y salí de la casa, mi padre me dio un apretón de brazos y nos dirigimos a la iglesia, me bajé y ya estaban unos invitados ahí, comenzando por el padre de Rachel, y Ruggero, su hermano, quien platicaba con Agustín, nuestro amigo de hace años en la universidad. Mi vista se dirigió a Fátima y su familia, Clara había sido mi nana por muchos años, y Fátima era su hija mayor, con quien me había criado parte de esos años de servicio de Clara, mi padre se acercó a saludar a la familia, y Fátima se acercó a mí.

- ¿Cómo estás? - Le pregunté después de abrazarla cortamente.

- Deseando que con la novia que te cases hoy, sea diferente a la de hace un par de años ya.- Me reí levemente. Fátima y Rachel no eran las mejores amigas, de hecho había habido un par de veces que ni siquiera se dirigían el saludo, y Fátima había dejado en claro que Rachel era de sus personas menos favoritas, a tal punto que mi esposa me había persuadido para que dejara de hablar con Fay, pero nunca había sucedido tal cosa.

Fátima y yo nos habíamos criado juntos prácticamente, y cuando ella se fue a México, la comunicación no se arruinó, hablábamos seguido, y estaba enterada de todos los planes que tenía para este nuevo matrimonio.

Había comprado una casa para Rachel y para mí en México, estaba ya casi todo listo para abrir un despacho allá, tener nuestra propia burbuja, lejos de nuestros padres, que muy a menudo se hacían partícipes en cosas de nuestro matrimonio, entendía que Rachel era alguien que nunca ha necesitado trabajar, su padre le daba todo, y jamás había tenido problema con ello, mi economía me daba perfectamente para mantenerla con todo y sus lujos poco económicos, sin embargo, necesitaba que ella y yo ya estuviéramos en nuestro propio hogar.

Jugando Con FuegoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora