CAPÍTULO 42.

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Michael.

Mi padre se le veía contento a decir verdad, era una reunión en la casa de mis padres, con los socios y amigos más importantes de mi padre, había un gran banquete, y el jardín estaba perfectamente arreglado, mi padre se la pasaba saludando a unos y a otros, y yo solamente me dedicaba a saludar cortamente, mientras le mensajeaba a Valentina, no habíamos podido hablar muy continuamente pues había una diferencia de horario notoria, la pobre se estaba durmiendo tarde para hablar siguiera unos minutos conmigo, y yo me deslindaba de los saludos para hablar con ella, Fátima me había dicho que había ido a ver a la rata y que se la había llevado, por mi, que se lo quedara de por vida, mis ex suegros entraron por la gran puerta de mi antigua casa, tense la mandíbula de inmediato, mi padre los miró y después a mi, tomé el resto de champagne de mi copa y la dejé, mi padre inmediatamente se acercó a mi madre y después a mi, su cara había cambiado notoriamente, estaba enojado, furioso más bien, sin hacer una escena entramos a la casa.

Podría jurar por mi vida que mi corazón dejó de latir y el oxígeno le hizo falta a mis pulmones en el segundo en que reconocí esa gran cabellera larga y castaña , tragué en seco, necesitaba más que una copa de champagne, necesitaba un tequila, un mezcal, o simplemente alcohol etílico para evitar verla.

— Tiene que ser una jodida broma, Victoria. — Un mesero iba pasando y yo tomé una copa, copa que me lleve a la boca y me bebí todo su contenido.

Raquel estaba aquí, ella no se había dado cuenta de mi presencia, pero yo sí, yo sí porque podría reconocer a la que fue mi esposa incluso de espaldas.

— ¡Rachel querida! — Dijo mi madre con una voz llena de felicidad, yendo hacia ella.

Lucia un vestido escotado de la espalda, rojo vibrante, se le pegaba al cuerpo como un guante, traía unos tacones de aguja, negros, en otro tiempo me había vuelto loco verla, ahora, solo quería salir de aquí. Voltee a ver a mi padre, se le veía menos contento que antes, a decir verdad.

— Mi amor.— Corrió a abrazarme, mientras me daba un beso en mis labios, la separé de mí y la miré. — Sabía que ibas a recapacitar, lo sabía.— Me abrazó. — Estuve esperando tanto tiempo por esto, por nosotros. — Tomó mi mano y la llevó a su vientre, bajé la mirada lentamente, el abdomen plano tenía un pequeño bulto, la miré otra vez, tenía una sonrisa de oreja a oreja, miré a mi padre, tenía las manos en su cara mientras negaba, y mi madre también sonreía. — Recapacitaste justo a tiempo mi amor.— Iba a volver a besarme pero me alejé.

— ¿Es mi sobrino? — La sonrisa desapareció de su rostro y el de mi madre, alejé bruscamente la mano de su vientre y la guarde en los bolsillos de mi pantalón.

— Es tu hijo Michael. — La miré fijamente.

— Vamos al despacho, ahora.— Los cuatro entramos y me quedé en la orilla de la puerta. — ¿Tú lo sabías? — Fijo la vista en mi madre, quien apoyaba fielmente a mi ex pareja.

— Siempre lo he sabido, vino a pedirme apoyo, porque mi hijo la abandonó.

— ¿Cuál de los dos?— Dije hastiado de la situación.

— Tu Michael, me abandonaste, te fuiste, me dejaste.

— ¡Después de ver cómo te cogias a mi hermano, Raquel! Quiero una prueba de paternidad.

— No me trates como una zorra Michael.

— Solo te trato como una infiel. Estoy siendo muy paciente contigo Raquel, te lo juro, pero estoy llegando a mi límite.

— Si ese bebé es mi nieto, quiero saberlo ahora mismo.

— ¡Por supuesto que lo es suegro! — El me miró.

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