Sintió cómo su cuerpo era azotado por la fuerza de las olas. Las rocas chocaban contra su cuerpo una y otra vez, se abrían heridas en su piel de porcelana. Sentía los pulmones arder bajo el peso de cada ola. Se sentía pesado y comenzaba a hundirse. Pensó en lo absurdo de la situación, en que seguramente hubiera formas más sencillas de hacer todo esto, pero que él había optado por la más dramática de todas. Pero no se arrepentía. Si eso traía a Max de vuelta, que fuera lo que tuviera que ser. Sus ojos se fueron cerrando, pero pudo ver cómo la espuma se formaba y algo entraba en el agua de forma pesada. Perdió la consciencia.
Sintió sus labios que le insuflaban aire, y sus manos que presionaban su pecho, repetía la maniobra constantemente. Todo fue borroso al principio, hasta que el agua le fue a la garganta y se vio obligado a toser.
-¡Theo! ¡Theo estás bien! Respira poco a poco.-El licántropo tenía su mano apoyada en la espalda, estaba empapado, su uniforme estaba hecho unos zorros, aunque aún así se veía como un dios. El brujo tosió un par de veces más antes de empezar a reír.
-Pensé que me dejarías morir
-Y yo pensé que iba a dejarte morir, no sé qué me pasó T. No lo entiendo.
El brujo le acarició la cara con cariño.
-No te preocupes, ya me he encargado de eso, estás bien.
Acercó su frente a la del brujo y respiró su aroma bañado en agua del mar.
-Todo lo que te dije Te dije cosas horribles, da igual las veces que me disculpe no serán suficientes.
-No digas eso Max Tú no sabías lo que decías...
El licántropo negó.
-He sido horrible contigo Theo, he sido la peor persona del mundo y te he dicho cosas horribles. Nada hace que eso sea más llevadero, porque nada, nada de lo que hagas o digas borrará lo que yo te he hecho.
Levanté la mano y respiré hondo, me concentré en el conjuro, un portal no era tan difícil de hacer, tenía las coordenadas y un colgante de Theo para conectar con él, por lo que solo tenía que pensar en el sitio.
-Ten, mi pulsera, traelos de vuelta.-Olivia me tendió el cordón de oro y yo lo guardé en el bolsillo.
Respiré hondo y comencé a pronunciar el conjuro:
-Aperi ianuam, me ad crepitum recipias.
La imagen del bosque se formó ante mis ojos, a lo lejos vi la arena y el agua. Estaba en el sitio indicado. Crucé, el portal se cerró a mis espaldas. Caminé entre los árboles, escuché las gaviotas gritar y las olas del mar chocar contra la arena. Les vi sentados, hablando, abrazados. Sentí un alivio inmenso al verles bien. Tenía pánico de que el brujo hubiera cometido una locura que no tuviera marcha atrás.
-¡Theo!
-¡Ali!
-¡Max! ¡Theo!
Llegué a su lado y les abracé.
-¿Estáis bien? ¿Estáis bien?
-Si Ali.-Theo me sonrió.-Estamos bien.
Me dejé caer a la arena y suspiré de alivio.
-Si llego a saber qué ibas a hacer te juro que no te hubiera dejado salir de tu cuarto.
El brujo se rió y negó.
-Cómo si eso me hubiera detenido
Max le miró serio, enfadado.
-Alice tiene razón, fue muy peligroso.
El brujo se encogió de hombros.
-Quien no arriesga no gana, además, tenía toda mi esperanza puesta en ti.-Le revolvió el pelo.-Sabría que funcionaría porque sabía que en el fondo me quieres, aunque sea un poco.
ESTÁS LEYENDO
Acensio (Mortem 3)
FantasyEl instituto está bajo la presión del consejo, el cual culpa a las manadas y a los vampiros de todo lo sucedido. Mucha gente intensa limpiarse las manos. Pero no todos aceptan la derrota. El Instituto Michaels alberga espacio para todo tipo de alumn...
