Capítulo 66 Señuelos.

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Olivia se detuvo en mitad del hall, apenas había nadie, la idea era bastante enrevesada, pero podría funcionar. Theo y Emily estaban entre los licántropos y vampiros del patio, todos parecían tener la vista perdida.

-¿Y si no lo conseguimos?

-Pues o nos siguen o nos matan. Una de dos.

-No me apetecía morir a manos de vampiros o licántopos.

-O ambos.-Tercié mientras terminaba de escribir runas celtas en sus muñecas.

-Como esto salga mal vendré del mas allá a buscarte.

Besé la frente de mi amiga.

-Si esto sale mal nos encontraremos en el más allá.

Erik subió conmigo a la azotea. Me quité la sudadera y la camiseta, quedándome solamente con el sujetador.

-Que sugerente.

-Concéntrate.-Cogí el bolígrafo y comencé a dibujar runas sobre la piel de mis brazos, él dibujaba en mi espalda.

-Ali, no me gusta este plan, podrías morir.

-Bueno, podría morir o podría salvarles a todos.

-¿Pero y si no?

Me encogí de hombros.

Theo y Emily se produjeron un pequeño corte en la palma de las manos. Los conjuros y las runas hacían un efecto único en los brujos y brujas, cada runa y cada forma de colocarla producía algo distinto, tal cómo si fuera una carta y nosotros el papel sobre el que se escribía. Las runas colocadas en x sitio y de x manera hacían una función específica. En este caso era anti coagulante. La sangre emanaba a grandes cantidades por sus manos.

Olivia cogió el bote que habíamos conseguido de la despensa de Rosa, ella nos lo había cedido con toda amabilidad tras explicarle para qué lo necesitábamos. Tenía un olor muy fuerte, también era una gran cantidad de líquido, levantó el brazo con la botella y dejó que el líquido espeso y pringoso cayera por su cabeza.

-Dios voy a vomitar

Se ahogó una arcada y aguantó la respiración. El fuerte olor de las feromonas lobunas invadió toda la entrada, comenzó a correr.

Me concentré y respiré hondo. Me arrodillé cerca del borde y miré hacia abajo, los vampiros habían reaccionado como se esperaba. El aroma afrutado de las hormonas lobunas comenzó a llenar los espacios vacíos. Era un conjunto de olores muy variados. Erik miraba todo desde el tejado.

-¿Sabes que te podría devolver el olfato?

-Sí, pero estoy bien cómo estoy.

-Como quieras.

Respiré hondo y me puse la camiseta.

-¿Estás segura de lo que vas a hacer?

Me giré y le sonreí.

-Yo nunca estoy segura de nada.

Pasé la mano con mi sangre por encima de la runa del pecho. Algunas runas lograban ampliar los poderes de una bruja hasta límites insospechados. Abrí los ojos y me concentré.

-Et corpus meum ardeat.

Comencé a sentir la calor brotando de las manos, ascendiendo hacia el pecho, moriría quemada por aquellas brasas y había neutralizado la curación de mi cuerpo, por lo que nada podría evitar que muriera. Erik estaba mirándome con los ojos como platos. Mi piel se fue calcinando hasta convertirse en una costra negra. Me dejé caer de rodillas al suelo mientras sentía mis huesos crujir. La espalda se retorcía mientras dos grandes alas comenzaban a brotar. Grité con todas mis fuerzas, el dolor era insoportable. Respiré hondo, necesitaba mantenerlo controlado. Mis tobillos se retorcieron, los huesos de mis pies se estiraron y crujieron. Solté un alarido cuando mi cuerpo paró de hacer la metamorfosis. Allí estaba, mi cuerpo al máximo.

-¿Ali?

-Es hora de detener a una vampira.

Solté un rugido, más potente que el de un león. Me sentía el ser más poderoso de la faz de la tierra. Corrí hacia el borde del techo y me lancé al vacío. El viento me hizo mecer mis rizos mientras mis alas se estiraron para planear por encima de los vampiros y lobos que corrían como desesperados hacia el pabellón remodelado del instituto. Eleonnor miraba desde la ventana, enfurecida.

Acensio (Mortem 3)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora