Capítulo 37 Mañana a las ocho.

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Me senté en las escaleras de la entrada, no me gustaba comer sola dentro, por lo que me había acostumbrado a cenar viendo a la manada, por la tarde noche era el momento de más algarabía, se juntaban, charlaban animadamente, se contaban lo que habían hecho durante el día y algunos se acercaban a casa para saber si todo iba bien o si necesitaba ayuda. Me llevé el pollo asado a la boca y comí tranquilamente. Le vi acercarse corriendo hacia mi casa. Era rápido y el más alto, era bastante difícil no verle entre los demás.

-Buenas noches Ali.

-Buenas noches Erik.

-¿Puedo?-Señaló a mi lado.

-Claro.

Subió las escaleras y se sentó a mi lado.

-¿Cenando sola de nuevo?-Asentí mientras me llevaba otro pedazo de carne a la boca.-Si quieres puedo venir a cenar contigo para que no te sientas sola al menos mientras no está Ágatha.

-¿Quieres que cenemos juntos?-Jugué con el tenedor en mi plato. La verdad es que aunque no llevara mucho tiempo en el asentamiento, me sentía muy cómoda hablando con él a solas.

El me miró con una sonrisa de medio lado y le brillaron los ojos.

-Es una idea

-Una idea, claro.

Seguí comiendo y él se quedó un rato mirándome en silencio.

-¿Sabes? Que te miren fijamente mientras comes es muy incómodo.

El se sonrojó y apartó la mirada.

-Yo lo siento no.

-Era broma. ¿Quieres decirme algo? Se te ve nervioso.

Miró sus manos y luego hacia el poblado.

-La verdad es que sí, escuché que mañana la manada va a hacer un baile

-¿Un baile?

-Sí, por el inicio de una nueva etapa, una forma de festejar que las guerras con las brujas han terminado.-Siguió jugando con las manos.-Me preguntaba si, por casualidad, querrías venir, podría venir a recogerte

-Sí, claro, genial.

-¿Sí?

-Sí, me vendrá bien salir un poco, casi siempre estoy con el anciano o con los mayores, me vendría bien estar con alguien de mi edad para variar.

-Bien.

-Bien.

Se puso en pie y bajó un par de escalones.

-¿Te vengo a recoger a las ocho?

-Vale. Hasta mañana a las ocho.

Él asintió.

-Hasta mañana a las ocho Ali.

-Hasta mañana a las ocho Erik

Sentí un escalofrío en la nuca mientras dejaba el plato en el fregadero. Me giré y caminé hacia la parte trasera de la casa que daba al bosque. Oteé entre los árboles y me pareció ver una silueta. Caminé un paso, dos. ¿Era él? ¿Había venido a verme? Abrí la puerta acristalada, el aire cálido de la noche me golpeó. Pero allí ya no había nadie. Un impulso irrefrenable en mi interior me gritaba que corriera hacia allí, que fuera a ver qué había. Pero decidí que era mejor dejarlo estar y cerré la puerta de nuevo.

Acensio (Mortem 3)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora