15. Hermanos Tórreus.

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¿Sólo besos y caricias? ¿Era posible limitarse sin más que "buena voluntad" de por medio? Para quien portaba un accesorio hechizado con ese fin; claro que sí, era fácil. Kook se acomodó para dormir sin problemas. No obstante, la pasión se había encendido entre los dos. Tae aceptó apartarse para dormir e hizo lo posible por controlarse; técnicamente podía, sólo que su cuerpo no estaba de acuerdo con dejar en paz al léuzur que tenía al alcance. Se orilló en la cama dándole la espalda, moviéndose una y otra vez para acomodar el duro centro de sus problemas ¿Estaba mejor apretado entre sus piernas o punzando contra su ombligo? «No puede ser ¡Es tan molesto!» Cada vez que bajaba sus manos para darle lugar esperando que regresara ya a su forma habitual, este se endurecía más, en extremo sensible. También... Le gustaba, su propio tacto le gustaba. «Pero no... No debo. No ahora, no aquí, o ggukie se va a sentir culpable otra vez», resopló recostándose boca arriba, ocultando las manos en su espalda, decidido a no volver a manipular su "apéndice reproductor". Pero no podía; este comenzaba a doler levemete, duro como una roca, asustádolo.

«Ay, no ¿Esto está bien? ¿Es normal? ¡Es rarísimo y ya tengo miedo! ¡Alguien me quite esta cosa fea!». Se mordió los labios absteniéndose de hacer mayor drama, pues ya había hecho suficiente; kook hacía literalmente lo que él quería. Correspondía que al menos por una vez lo respetara, especialmente tras su seria charla; ahora que realmente entendía la situación en la que su "novio" vivía.

«Ya se durmió ¿cierto?», supuso con un leve vistazo, la suave luz de la luna a través de la ventana le enseñó un calmado Kook de ojitos cerrados y respiración calmada. «Necesito ver si esta cosa no se está muriendo». Curioso por el malestar en aumento, creyéndose amparado por la oscuridad, apartó la manta y liberó su erección. Se sorprendió al hallar su miembro parado como un pequeño hombrecillo, notificando su fastidiosa existencia. «¿Cómo puede? Esta cosa no tiene huesos ¿O sí?», jamás lo había visto en ese estado. Curioso lo tocó... De arriba a abajo, una vez, mordiéndose los labios pues sabía que se sentiría bien; no imaginó que tanto. Recordaba lo que dijo Yoongi; «frotarlo te gustará, pero cuida de hacerlo en privado; ya verás el resultado». Ese gato malicioso no le dio la suficiente información, guardando en secreto la mejor parte.

La mejor parte... era que Jungkook no dormía, veía bastante bien en la oscuridad, y... entendía perfectamente lo que pasaba. Extendió la mano atrapando el falo expuesto, causando un sobresalto Tae por su repentina acción, arrancándole un instantáneo gemido al ejercer presión y jalar. El pobre perdió los pensamientos cuando el placer lo recorrió, pujando con sus caderas instintivamente hacia adelante, arqueando el torso hacia su compañero.

—Ggukie~ —gruñó. El apodo del léuzur jamás se había oído tan caliente, vibrante y extenso—. ¿Jung~ guk~ kie~?

—Relájate —pidió el mayor entregándole placer con gentileza, acercándose para llenar de besos y mordiscos su cuello— te ayudaré para que duermas bien.

—Me gusta —soltó en un jadeo, tocando el cuello y espalda del contrario al sentirlo técnicamente sobre sí. Lo anhelaba, exigiendo su boca una vez más, sus ojos perdidos buscándolo en la oscuridad.

—Sólo, evita hacer ruido.

No fue difícil; nada difícil. Con la tensión sexual que el pobre Tae cargaba, bastó con un apasionado beso y unos cuantos movimientos bruscos del puño experto para que se viniera sobre su propio vientre, el que Kook hábilmente despejó para no ensuciar el pijama ni la cama. Tae jadeaba exhausto, con los brazos rendidos a los costados mientras el léuzur le extraía hasta la última gota de placer. Sus ojos perdieron el rumbo en calma y regocijo. Liberado de su incomodidad, cayó dormido en segundos.

—Otra vez ganaste —rió Jungkook por lo bajo, viéndolo ahí tendido como un estropajo flácido, satisfecho, con el vientre salpicado. «Tan lindo». Kook se levantó a buscar unos pañuelos desechables para limpiarlo, evadiendo sus propios pensamientos intrusos, los que buscaban hacerle sentir culpable por haber llegado tan lejos.

Blanco y NegroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora