25. Dragón de Sombra.

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—No quisiera alarmarte, pero... Aún puedo percibir la mente de la Niryusa. Se está recuperando, no me preguntes cómo —comentó Jin caminando en contra de la multitud aterrada, abriendo el paso para que Yoongi pasara con la niña. Iban en dirección a la torre hasta que alzaron la vista a lo alto— Oh, no...

—Llámalos, que salgan de ahí ¡Ya! —ordenó el cátzul sosteniendo su brazo para apartarse en sentido contrario.

Yoongi pensaba velozmente. La torre estaba peligrosamente inclinada y el incendio en los pisos dañados aún no se extinguía del todo. La Niryusa no era la única presencia inquietante de la que sus bigotes imaginarios advertían y, por lo demás, el pánico colectivo era un peligro más, para ellos y la misma multitud. Chasqueó la lengua enfurecido contra los terroristas causantes de semejante caos. Él seguía siendo el objetivo de las almas puras que aún no sabían dónde estaba Taehyung... «Entonces más vale que me encuentren o matarán gente por montón». No tardó ni cinco segundos en estampar a la bebé contra el léuzur para que este la llevara consigo. El llanto de la bebé al alejarse de su "adulto seguro" fue instantáneo, pero Yoongi sabía lo que era mejor para ella; no necesitó palabras para advertir a Jin que debía cuidarla con su vida o él mismo lo mataría.

Jin no estaba de acuerdo.

—Kook saltó con Tae antes de que yo viniera, usaron el auto de Hoba; deben estar lejos. Llamaré a los Park para que salgan de la torre ¡Ven con nosotros!

—Es a mí a quien buscan. Si no me encuentran seguirán matando gente. ¡Vete, hombre! ¡Cuídala! —alentó antes de correr de regreso al Zarcadia Center.

Jin desvaneció sus alas, dejó su gabardina blanca en el suelo y corrió con la gente rumbo al norte. Los soldados Níreos debían estar cerca y, ya que la Niryusa se recuperaba, necesitaba evadir cualquier descripción rápida que lo delatara. Robó el primer gorro que vio, en medio del desconcierto colectivo nadie le dijo nada; lo usó para ocultar la abundante cabellera cobriza de Annie, consiguiendo su mirada para calmarla. Hipnotizar a una bebé resultaba pan comido; no necesitó más que una dulce sonrisa para hacerla sentir bien y que se prendara de su cuello, permitiéndole sacar el móvil de su bolsillo.

Yoongi se apartó de la gente entrando a la fuente en el patio frontal del Zarcadia Center, caminando con el agua helada hasta la mitad de la pantorrilla. La lluvia no cesaba de empapar la zona cual cortina de agua, él lo prefería así ¿Byakko había invocado un pequeño monzón en el centro de la ciudad? Un alarde involuntario. «Si al menos pudiera llevar la lluvia al interior del edificio... ¿Será prudente subir? Estaría llevando de regreso a estos lunáticos hasta allá... No. Debo dejar a la gente bajar, los Park siguen ahí arriba».

Un aleteo le erizó la piel, dilatando sus pupilas de regreso en guardia. Vio a un soldado Níreo descender sin saber de dónde, sus alas de plata eran mala señal; según Tae, las de su amigo eran de cristal translúcido. «Este puto viene por problemas», alcanzó a gruñir corriendo en su dirección, su oreja a girar percibiendo un segundo aleteo que cambió su dirección para resguardarse de ambos, cuando un destello lo envolvió una fracción de segundo.

La flecha proveniente del segundo soldado acababa de rebotar contra el escudo de energía invisible que envolvía al cátzul, dándole chance de huir para ganar distancia y calcular mejor su posición. «Jorgito...», supo en un parpadeo; su amo lo estaba protegiendo, al menos de ese tipo de proyectiles que estaban hechos de frágiles porciones de energía de los seres de luz. La flecha se desvaneció tras chocar con el sello invocado por el collar del querido felino de los Park. «Tres por ciento de batería ¿Eh? Aguanta, Jorgito», rió levemente, habiendo dado con la ubicación de sus dos atacantes.

El felino era arrogante, no por ello un idiota; no iba a quedarse a luchar con dos Níreos de experiencia incierta. Huir no era denigrante a su parecer, no cuando denotaba su astucia. Regresó al interior del centro comercial, el que quedaba vacío cuando la gente corría al exterior, huyendo de la zona por pies. Tae y Kook tuvieron suerte de escapar en el momento preciso; justo antes de que la multitud bloqueara las calles. Yoon en tanto agradecía el terreno relativamente libre. Corriendo en su forma de bestia, protegido de las flechas de luz gracias a Hoseok, ganó considerable ventaja al provocar fuerte viento dentro del recinto que impidiera a sus atacantes alzar el vuelo.

Blanco y NegroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora