Jin dejó una palmada amistosa en el hombro de Tae, caminando hacia el pasillo. Sonrió a ambos; el bello don del ídolo le permitía una empatía sin igual, calmar la angustia que tensaba el ambiente con un par de miradas de brillantes ojos como flores de cerezo.
-Kookie es un neurótico -advirtió a su cuñado, deseando tomar el asunto con humor; lo que fuese menos destructivo para él mismo- No te sorprendas si arma una odisea griega por cualquier detalle, pero tranquilo; es muy fácil de calmar y convencer con un poco de afecto.
-Oh -Tae se sonrojó y mordió su sonrisa. Ya lo había notado, mas no era momento para reír con Jin; no cuando su chico parecía muerto en vida de pie a su lado, en shock.
-¡Kook! -habló el mayor desde la puerta, sacando a su hermano del trance. Este alzó la vista lidiando con su mueca triste y cobarde- Lo que sea que estés pensando ¡Ya déjalo, masoquista! No tiene caso. Haz... Lo que tienes que hacer y ya. Yo iré a dormir, mi vuelo se suspendió por la tormenta. Claro, lo sabrías si no hubieras olvidado tu teléfono en el departamento de Hoseok por millonésima vez -acusó señalándole con el dedo- ¡Me guardo el regaño por eso para el desayuno! Les prepararé algo rico por la mañana ¿Sí?
El hermano menor se aceleró para darle un último abrazo, justo cuando Jin estaba por cerrar la puerta. Musitó un "te quiero" que tocó directamente el corazón del ídolo, humedeciendo sus ojos en una sonrisa.
-Lo sé -acató estrechando su espalda- Y sé que es en parte mi culpa que tu vida se sienta tan pesada, que te compliques un infierno por todo... Te entiendo. Pero ya no más ¿Sí? Relájate -pidió separándose, sosteniendo su cabeza con ambas manos para plantarle un ruidoso beso en la frente- Te quiero, chiquito. Charlemos por la mañana.
Jin lo sabía; primero lo primero. El alma de Kook seguía perdiendo energía por la conmoción, mas aquel último abrazo, la confirmación de que el cariño entre ambos no peligraba, detuvo la pérdida en su pecho. Se calmó, bajando la cabeza cuando Jin salió rumbo a su habitación, cerrando la puerta.
Al voltear se halló ante la sonrisa confusa y nerviosa de Tae. No; el oso no estaba entendiendo nada de lo sucedido, su preocupación seguía siendo la misma; ¿Kook iba a correrlo del departamento? Sabía que Jin tenía razón, que de rogar un poco más a su Ggukie, ahora que este se había calmado, le concedería lo que quisiera. Si le hacía ojitos de niñito abandonado no podría correrlo, no más allá de la sala al menos.
¿Era momento para mostrarse indignado por haberlo mantenido en casa a escondidas de su hermano? «No, pendejo; te toca disculparte, después te quejas», pensó berrinchudo contra sí mismo... Sí quería armar drama por ello ¡Qué vergüenza acababa de pasar! Apostaba a que el amable Jin no sabía ni su nombre, «Y yo llorándole ¡Ay no!», se lapidaba ¿Por qué tenía que ser una maraña de sentimientos y caprichos todo el tiempo?
«Joder, y ese olor otra vez...» Se presionó la nariz. La habitación de su amado era pésimo lugar para un joven oso que podía percibir las feromonas del léuzur por todas partes. Tendría que irse a la sala, pero no quería. «¡Agh! ¡Por un demonio! ¡Todo es tan difícil!».
-Tae Tae -habló Kook acercándose de repente, tomando sus manos para apartarlas de su nariz. El más joven se tambaleó sintiendo sus pulmones llenarse del delicioso aroma otra vez, a causa de la cercanía. El calor ascendió desde sus pies. Abrió grandes los ojos, topándose con los del contrario-. Lo siento. Por todo.
-Ay, Ggukie -suspiró, su razonamiento comenzando a nublarse, olfateando ansioso como perro ante un filete. El léuzur se quitó la camisa por arriba de un tirón, desnudando su torso- ¡Pero, no hagas eso! -exclamó espantado por la fuerza con la que su propio corazón se lanzó a bombear- ¡No seas cruel! Hueles muy fuerte y... Ah...
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Blanco y Negro
Fiksi PenggemarTae es expulsado del Cielo cuando su alma comienza a oscurecer. El porcentaje de luz y sombra en las almas determina su raza, por tanto, su cuerpo se transformará involuntariamente, experimentando las diferentes formas de los no-humanos; con sus don...
