Camilo salió corriendo detrás de Bruno, pero el mayor era muy rápido y poco después lo había perdido de vista. Miró a todos lados, y algo desesperado se adentró en el pueblo, era por la tarde y el sol estaba empezando a caer, las farolas comenzaban a iluminarse.
El chico corría por las calles, giraba la cabeza en cada movimiento que había y preguntaba a todos los que se cruzaban, pero nadie parecía haber visto al hombre, hasta que llegó a la plaza, allí vislumbró a dos hombres que hablaban cercad de la fuente.
—Perdonen —dijo Camilo deteniéndose delante de los hombres tomando aire —¿han visto a mi tío Bruno?
Uno de los hombres negó, pero el otro, pensativo, asintió y señalo dirección a una de las calles.
—Hace un momento lo vi cerca de la antigua casa de los Sandoval.
—¿Y eso dónde es? —preguntó Camilo que realmente no sabía donde quedaba esa casa.
—Ve por ahí y luego a derecha y dos veces a la izquierda y la tercera casa de la derecha.
—Vale, muchas gracias.
Camilo hizo el recorrido corriendo, gotas de sudor le caían por la frente mientras poco a poco veía como en el cielo se formaban nubes negras, Pepa estaba enfadada o nerviosa. El chico pensó que había salido corriendo sin decir nada, pero algo le empujó a hacerlo, no podía dejar a Bruno irse en ese estado, no podía.
Tras unos minutos y en plena noche llegó a la casa, al verla vio que era una casa que llevaba tiempo deshabitada, cristales rotos y algo sucia, miró alrededor, pero no vio a Bruno. Algo desanimado cayó de rodillas al suelo mientras aguantaba las lagrimas y pensó donde podría a ver ido.
De pronto, como un flash en su mente apareció el bosque y su lugar especial. Si, ahí debería estar, pensó el chico que, levantándose echó a correr hacia el bosque.
Bruno se encontraba sentado en la orilla del lago, miraba la luna sobre él, y suspirando miró de nuevo su reflejo en el agua cristalina.
—Pensaba que estabas aquí —dijo algo melancólico —pero, veo que no —dijo tocando su reflejo —¿y por que tu casa esta tan destrozada? ¿Qué ha pasado?
Vio aquel hombre mayor en el agua, pelo largo, canoso, alguna arruga en sus ojos, no podía ser verdad, se decía una y otra vez, es imposible, yo tengo dieciséis años y mi reflejo es de una persona de mas de cincuenta, la mente de Bruno iba a mil por hora.
—¿Qué ha pasado? —dijo tocando su propia cara y mirando sus manos —¿este soy yo?, pero ayer...
De pronto un sonido de ramas y vegetación moviéndose llamó la atención de Bruno y miró hacia atrás, algo ilusionado. Solo podía ser él.
—¿Víctor?
Al mirar vio que no era él, era otra vez ese chico que decía ser su sobrino.
—¿Tú otra vez? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has encontrado este sito? —dijo levantándose algo tímido y echándose para atrás.
—Tío Bruno, te estaba buscando.
—Que no soy tu tío...
—Bruno, por favor escúchame.
Bruno por alguna razón se quedó callado, algo en su interior le decía que escuchase al chico, mirándolo aun tembloroso se sentó y le hizo hueco. Camilo se acercó y se sentó a su lado.
—¿Estas bien? Has asustado a todos saliendo así.
—Si, es-estoy bi-bien... —Bruno estaba mas calmado, aunque algo inquieto, no conocía a ese chico de nada, pero algo en él le resultaba familiar.

ESTÁS LEYENDO
El Camaleón que no Podía Cambiar de Color (Camilo x Bruno) (Brumilo)
RomanceHa pasado una semana desde que Bruno sufrió el fatídico accidente. Desde entonces lo ha pasado en cama, inconsciente, tiene varias costillas rotas, al igual que un brazo y las dos piernas, algo fácil de arreglar en cuanto despierte, pero no parece q...