Han pasado dos semanas desde que Bruno volvió a recordar, que Alma despertase y Lucas comenzase a vivir en la casa de Arturo. Dos semanas en los que la familia Madrigal había vuelto a su esencia, se respiraba tranquilidad y donde Pepa no quitaba ojo a su hijo y su hermano que eran ajenos a todo esto.
Esa mañana, Camilo había sido mandado a hacer recados para varios miembros de la familia, entre ellos Mirabel, le había pedido ir a la tienda de telas a por unas cuantas, quería hacerle ropa al pequeño Víctor, ya que había crecido un poco y la ropa de su nacimiento le quedaba algo pequeña.
El joven Madrigal iba cargando con una cesta, en ella se veían algunos alimentos tapados con un paño, no tardó en llegar a la tienda de telas, su siguiente parada, ya que estaba cerca de la plaza. Abrió la puerta y entró.
—Buenos días.
Una mujer no muy mayor, tendría la misma edad de su madre que atendía tras el mostrador.
—Buenos días, joven Madrigal, ¿Qué se le ofrece?
—Quería... —Camilo miró una pequeña nota donde Mirabel le había apuntado el encargo —dos telas de color rojo y una de color amarillo y otra blanca.
—Un momento —dijo la mujer mirando tras de sí donde en una gran estantería había varios royos de telas de distintos colores.
Mientras la mujer buscaba, Camilo cayó en la cuenta de algo.
—Perdone, ¿usted no es la madre de Lucas?
La mujer se detuvo, pero al momento siguió lo que hacía y respondió con voz normal.
—Creo que te equivocas, yo solo tengo un hijo y se llama Pablo.
Camilo se quedó pensando.
—Si, Pablo Fernández, le conozco y es el hermano de Lucas.
—Creo que te confundes —dijo la mujer que endureció un poco el tono, pero sin llegar a ser cortante.
—No se...
La mujer se dio la vuelta con una sonrisa y con las telas en la mano, dejándolas en el mostrador.
—Seguro te has equivocado —volvió a decir —aquí tienes las telas.
—S-si... muchas gracias señora.
Tras agarrar las telas se las puso bajo el brazo y salió de la tienda algo confuso, ya que él tenia la certeza de que era la madre de Lucas, aunque tampoco le dio muchas vueltas, al fin y al cabo hacia dos semanas que no lo veía, que rápido se le paso el enamoramiento, pensó el joven Madrigal algo molesto.
Al salir de la tienda y caminar hacia el centro de la plaza pudo ver a lo lejos a dos siluetas que no le costó mucho reconocer, eran Arturo y Lucas, iban caminando uno al lado del otro, pudo fijarse que Lucas le tenía un brazo pasado por el hombro a Arturo. Al verlos, quiso acercarse a saludar, pero al acercarse un poco unos niños salieron de una calle y al verle se pusieron a llamarlo para que jugase con ellos, y Camilo era incapaz de no hacer caso a los niños.
—Esta bien, esta bien, suelto esto y jugamos un rato.
—¡¡¡BIEEEEENNNN!!!
Camilo pasó mas del tiempo que tenía pensado jugando con los niños, hasta que casi dio la hora de comer, con pena se despidió de ellos y siguió su camino pensando en que debería ir a saludar a Arturo alguna tarde.
Al entrar en la calle que daba al sendero para llegar a la casa Madrigal, Camilo pudo ver como un niño se acercaba, no le costó reconocerlo.
—Hola, Pablito, ¿Qué tal?
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El Camaleón que no Podía Cambiar de Color (Camilo x Bruno) (Brumilo)
RomanceHa pasado una semana desde que Bruno sufrió el fatídico accidente. Desde entonces lo ha pasado en cama, inconsciente, tiene varias costillas rotas, al igual que un brazo y las dos piernas, algo fácil de arreglar en cuanto despierte, pero no parece q...