CAPÍTULO 11 - ¿ESO BUSCABAS?

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Camilo caminaba por los montes detrás Casita, no solía ir mucho por allí, pero ese día por alguna razón extraña le apetecía, iba caminando despreocupado cuando se detuvo.

—¿Milo?

Sus ojos se abrieron a mas no poder y busco el origen de esa voz, no tardó en divisar a Bruno a unos metros de él. Sin poder aguantar la emoción corrió hacia él y lo abrazó enterrando su cara en el pecho del hombre.

—Bruno, te echaba de menos...

De pronto, el ambiente cambió drásticamente, al separarse de Bruno, este ya no estaba, había desaparecido, Camilo lo buscó con la mirada, para encontrarlo a unos metros mas allá. Volvió a correr hacia él, pero al momento de agarrarle todo se fundió en negro y al abrir los ojos vio que estaba apoyado en una pared de alguna casa del pueblo, notó que alguien tenía puestas sus manos en sus hombros, miró y vio la perfecta cara de Lucas.

—Camilo, Camilo, si querías esto, solo me lo tenías que haberlo dicho...

—Pero me daba vergüenza —respondió le chico inconscientemente.

—¿De qué, de esto?

El pelinegro se inclinó un poco y buscando la boca del chico le beso en los labios.

—Esto querías, ¿no?

—S-sí.

Una brillante sonrisa aprecio en la cara de Lucas, que miraba con deseo al Madrigal, sus manos pasaron de sus hombros a la cintura, introduciéndose por su camisa palpando su caliente piel, ese contacto hizo estremecerse a Camilo.

—Que calentito estas, Camilo... ¿estás igual de caliente en todas partes?

Camilo se mordió el labio mirando la boca. Lucas lo vio y se pegó mas al chico.

—Dímelo y lo haré.

Camilo tragó saliva y las palabras salieron de él como un suspiro.

—Bésame.

Y en el momento que sus lenguas entraron en contacto Camilo despertó. Se incorporó rápidamente en la cama con los ojos abiertos y las pupilas dilatadas, sudaba y le costaba tragar saliva. Poco a poco fue tomando consciencia de donde estaba, miró su habitación y miró la cama que estaba a su lado, estaba vacía.

—Primo, a desayunar —dijo Mirabel tras la puerta.

Camilo aun expulsaba el aire muy fuerte, cuando se dio cuenta de que algo le oprimía el pantalón, al destapar la sabana vio que tenia una evidente erección, que se tapó inmediatamente.

—Ay, dios...

En el piso de abajo, Julieta finalizaba el desayuno.

—Lucas, no hacia falta que me ayudases, eres el invitado.

—No se preocupe, señora Julieta, necesito estar ocupado y me gusta cocinar, no es molestia.

—Entiendo, pero has madrigado mucho.

—No suelo dormir mucho, y necesitaba distraerme.

Julieta apreció mucho el gesto, y comprobó que el chico sabía cocinar y lo hacía bastante bien.

—Pues muchas gracias.

—El placer es mío señora —dijo haciéndole una reverencia.

La mujer rio y se sonrojó un poco.

Poco a poco, todos fueron bajando y sentándose en la mesa mientras saludaban. Dolores entró con el pequeño Víctor en brazos seguida por Mariano, que le separó la silla de la mesa para que se sentase.

El Camaleón que no Podía Cambiar de Color (Camilo x Bruno) (Brumilo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora