PRÓLOGO

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El silencio inundaba la casa Madrigal, un silencio que rara vez era interpretado como algo bueno. Un silencio que hacia audible incluso el mas mínimo movimiento de la casa, pero ese silencio era interrumpido por el caer de la arena, una cortina de arena que no había dejado de caer en los últimos diez días, diez días en los que Bruno había estado inconsciente.

Aun recuerdan el grito de aquella mujer, el como la gente salió corriendo de la fiesta hacia ese lugar, el como entre gritos y lloros pedían ayuda, como con ayuda de varias personas trasladaban el cuerpo magullado y sangriento de Bruno y como la celebración se acabó súbitamente.

Camilo recuerda muy poco, recuerda haber subido al tejado siguiendo a Arturo y recuerda como Bruno cayó al suelo, lo que si recuerda, y con una claridad pasmosa, es su expresión en le suelo, cubierta de sangre y con la cara desencajada, recordaba sus huesos rotos, recordaba como su ojo izquierdo se iluminó y parpadeó hasta apagarse completamente y después solo hubo negro.

Camilo despertó a las pocas horas del día siguiente y como al oír la lluvia, los truenos y recordar lo que había pasado, se levantó y corrió apartando a quien se pusiese en su camino hacia la habitación de Bruno, allí irrumpiendo de forma brusca y violenta, lo vio en la cama, ya sin sangre, pero con las extremidades vendadas, inconsciente. Las voces de las personas que estaban allí las oía lejanas, opacadas por el sonido de su corazón que amenazaba con explotar, comenzó a llorar, ignorando las manos de sus padres caminó como poseído hacia los pies de la cama, no le importó quienes estaban allí, le daba igual, se inclinó sobre Bruno y lo besó en los labios. No oyó las exclamaciones de quienes estaban detrás de él, la confusión reinó en ese momento, nubes, rayos, viento, nieve, pero también sol, arcoíris, luz. Todo parecía ajeno a él, en su mente solo estaba Bruno y Bruno y mas Bruno. Tomó una de las manos del amor de su vida, se la puso en la cara y aun con lágrimas en los ojos pudo decir en voz casi inaudible y por supuesto opacaba por las voces de las demás personas que estaban en la habitación y trataban de contactar con él, atraer su atención.

—Bruno, no te vayas, aun queda mucho por hacer.

Fue acabar la frase cuando el cuerpo de Camilo colapsó, su mente se apagó y cayó desmayado en él suelo volviendo a alterar a todos en la habitación, el solo oyó a su madre gritar y pedir ayuda, esta vez si pudo oír a su madre.

—¡¡AYUDA, MAMÁ, JULIETA, CORRAN!!

Camilo pasó otros dos días inconsciente, al despertar no recordaba lo que había sucedido, no recordaba haberse despertado dos días antes e ir a la habitación de su tío y besarle delante de sus padres, por lo que prefirieron ignorar ese hecho y hacer como que no había pasado, quisieron creer que el chico estaba en shock y por eso hizo lo que hizo. Eso pensaban sus padres y Alma, pero el resto sabía que ese beso había sido real y no por producto del shock, pero aun así también callaron, seria mas cómodo para Camilo.

Los días posteriores fueron días grises, una gran tormenta se instauró en el cielo de Encanto y Pepa era incapaz de hacerla desaparecer, su hermano había sufrido un grave accidente y actualmente se debatía entre la vida y la muerte, ella no estaba en condiciones de calmarse.

—¡Ahhh! —gritó Julieta lanzado un plato al suelo.

—Amor, ¿qué te pasa? —acudió rápido Agustín al lado de su mujer.

—Me siento muy impotente, si al menos pudiese curarle las heridas, sería mas fácil, pero es imposible —la mujer al borde de las lágrimas se abrazó a su marido.

—Mamá —interrumpió Isabela algo tímida —he hecho lo que he podido, he creado estos ungüentos con algunas flores para aliviar el posible dolor que pueda sufrir y... —la chica comenzó a llorar.

El Camaleón que no Podía Cambiar de Color (Camilo x Bruno) (Brumilo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora