CAPÍTULO 43 - TODO VA BIEN

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Era de noche, las primeras farolas comenzaban a encenderse y dos chicos caminaban por la calle, uno portaba una pequeña bolsa mientras que el otro, mal alto, caminaba con las manos en su nuca de forma despreocupada.

—¿Sabes lo que tienes que hacer no? —preguntó el chico alto y pelinegro.

—Si —respondió su acompañante.

—A ver, dímelo.

—No debo decir nada, me comporto como si nada hubiese pasado y cuando me des la señal reparto las galletas para que te lleves a Camilo a otra parte.

—Muy bien, Arturito, eres el mejor.

—Gracias —el chico de piel oscura hablaba de forma mecánica, como si no tuviese alma.

—Que seco estas desde que te quite las emociones... —se burló Lucas.

—Yo solo quiero que quien mató a mi madre sufra.

—Y eso vamos a hacer, Arturito —dijo Lucas pasándole una mano por la cintura y atrayéndole hacia él —eso vamos a hacer.

Lucas estaba pletórico, en menos de unas horas y gracias a Arturo, al que previamente había anulado las emociones y dado una solución para que obedeciese todas su ordenes, podría estar con Camilo y demostrarle que era mucho mas hombre que su tío.

Por un instante, el ojo verde de Lucas cambió al negro, al mismo tiempo que comenzaba a rascarse de forma enfermiza el cuello y soltaba una risa psicópata.

Arturo, que no dejaba de caminar, lo miraba, metió la mano en al bolsa y le extendió una galleta, Lucas la agarró y tras morderla, las heridas de su cuello desaparecieron y su ojo negro volvió a ser verde.

Por su parte, en la casa Madrigal, en la habitación de un adolescente, Camilo estaba desnudo contra una pared mientras las manos de Bruno lo apresaban al mismo tiempo que besaba su cuello provocándole leves gemiditos. Camilo agarraba la ropa de Bruno que no se había desnudado, ya que había entrado mientras se cambiaba de ropa para la cena y le había impedido volver a vestirse.

—Bru-Bruno... ahhh... nos van a oír...

—Si no haces ruido no nos oirá nadie —respondió Bruno pasando la lengua por el cuello del chico y subiendo hasta su oreja donde dio un mordisquito al lóbulo.

—Ahhhh —gimió Camilo pegando su cuerpo contra el del hombre, frotando todo su miembro con la ropa del mayor —Bruno... no hagas eso... que me descontrolo...

—Mmmm... eso me gusta —volvió a decir el mayor mientras volvía a dar un ligero mordisco a la oreja del joven.

Camilo movió la cabeza haciendo mover sus rizos y miró al hombre a los ojos.

—Bruno... métemela ya... me estas matando.

Bruno sonrió y con gesto rápido volteó al chico poniendo cara a la pared, y con bástate soltura sacó su miembro del pantalón y lo alineó para introducirlo en el chico. Justo fue en ese momento que la puerta se abrió de golpe, y oyeron como Pepa se adentraba quedándose en el arco de la puerta.

—Corazón... —Pepa miró a todas partes, pero no vio a nadie —que raro, me había parecido oírle —con resignación cerró la puerta. La pareja tuvo suerte de quedar detrás de la puerta al abrirse por lo que quedaron ocultos. Sus corazones iban a mil por hora, sus erecciones desaparecieron, todo el gozo y placer que estaban sintiendo desapreció.

—Se-será mejor que lo dejemos para la noche —dijo Bruno que guardaba su miembro dentro de su pantalón.

—Si... —Camilo caminó con cuidado hasta su cama donde tenia la ropa que iba a ponerse.

El Camaleón que no Podía Cambiar de Color (Camilo x Bruno) (Brumilo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora