CAPÍTULO 7 - LUCAS

102 18 5
                                    







—Juli, ¿está Dolores arriba? –preguntó Bruno mientras él y Camilo estaban en la cocina junto a Julieta.

—Si, en su habitación, con el pequeño Víctor.

—Vale, tengo que hablar un momento con ella —dijo mientras se levantaba, se despedía de Camilo y salía de la cocina.

Bruno no conseguía sacarse de la cabeza todo el incidente con ese chico y su padre, algo le escamaba y le hacía sentir cierta presión en el pecho. Pensó las veces que le habían maltratado en el pueblo y no quería que nadie sufriese eso.

Corriendo, subió las escaleras y entró en el cuarto de Dolores. Una vez dentro se disculpó por entrar si llamar y se acercó a la chica que acunaba al bebé mientras le cantaba suavemente.

—Sobrina, necesito un favor —dijo Bruno de forma impaciente, pero hablando en voz baja para no molestar al pequeño.

—¿Qué sucede?

—¿Conoces a los Fernández?

—Si, la señora Fernández es la encargada de la tienda de telas.

—Ah... ¿y está casada?

—Esta separada desde hace un año, su hijo mayor vive con su padre y el pequeño con su madre —decía la chica mientras miraba al pequeño Víctor.

Bruno tragó saliva y miró a su sobrina.

—¿Puedes decirme que esta pasando ahora mismo en casa del señor Fernández?

—¿Por qué? —miró extrada la chica de moño, dejando de acunar al pequeño que ya se había dormido.

—Tengo un mal presentimiento.

La chica no dudó, ya que ella sabía todo lo que pasaba en el pueblo, agarró a su tío del brazo y salieron de la habitación para acercarse a uno de los balcones de la casa. Allí, la chica inclinó un poco la cabeza cerrando los ojos para al momento abrirlos de forma alarmante.

—Oigo golpes, y gritos.

De pronto, Bruno salió corriendo escaleras abajo y atravesó la puerta de entrada a gran velocidad. Entrando en el sendero del pueblo no podía dejar de pensar en ese chico, en que si hubiese hecho algo antes él no estaría sufriendo eso, en que le había dejado solo con ese animal. No se dio cuenta de que casi atropella a Isabela al pasar.

Bruno corría todo lo que podía, él mismo se asombraba de su velocidad, nunca había estado tan atlético, pensó que era debido a algo que pasó en ese periodo en el que no recuerda nada. En menos de diez minutos legó a la calle donde había dejado a Lucas y su padre.

Deteniéndose, tomó aire y buscó la casa, al verla se acercó, pero a los pocos centímetros vio que la puerta empezó a abrirse, y por acto reflejo se escondió tras la esquina de la casa. Respirando fuerte se apoyó contra la pared, mientras oía como la puerta se cerraba y unos fuertes pasos se alejaban. Se asomó un poco y vio como el señor Fernández se alejaba de la casa frotándose los puños. Una vez desapreció girando una calle, se acercó a la puerta, mirando a todas partes y ver que nadie estaba por allí, tocó la puerta.

—¿Hola?, ¿Lucas?

No recibió ninguna respuesta, volvió a llamar, notaba palpitaciones en el pecho y un nudo en el estómago.

—¿Hola?

Al no recibir ninguna señal, se asustó bastante, dio unos pasos atrás y volviendo a mirar a todas partes, fijó su mirada en la puerta. Sus ojos comenzaron a brillar en verde y de una bolsa que colgaba en su pantalón comenzó a surgir una pequeña corriente de arena, que girando a su alrededor se dirigió a la cerradura colándose por el hueco, y al instante la puerta se abrió.

Una vez la puerta estuvo abierta, irrumpió dentro de la casa llamando al joven, atravesó el pasillo y llegó a un pequeño salón, allí no había rastro de nadie. Mientras mas pasaba el tiempo, más nervioso se ponía Bruno, que empezó a mirar por todas las puertas, hasta que llegó a un pequeño patio, donde lo encontró. Inconsciente en el suelo, sangrando por varias heridas en la cara y el cuerpo, la ropa rasgada y el brazo que, esa mañana tenia inmovilizado ahora lo tenia suelto y roto de forma a horripilante.

Asustado se acercó al chico, al arrodillarse a su lado, sufrió un pequeño ataque de pánico al ver la situación, pero pudo controlarse, aguantando la respiración, agarró como pudo al chico y lo cargó en su hombro, en su cabeza solo estaba el ir a casa y que Julieta le curase.

Por suerte o desgracia la gente del pueblo estaba en la hora de la comida y no había nadie por la calle, por lo que el camino hacia la casa Madrigal fue duro, tenía que cargar con Lucas y aunque el chico no estaba inconsciente del todo y ayudaba a caminar, a veces sufría perdidas de conciencia y dejaba caer su peso sobre Bruno.

Tras un tiempo, llegaron a la casa, atravesaron la entrada y allí, Bruno no pudo mas y cayó al suelo.

—¡¡JULI, AYUDA, POR FAVOR!!

Se formó un pequeño caos, gritos y movimientos por todas partes, Julieta salió corriendo de la cocina y asombrada miró la escena, Pepa también estaba allí y al ver la sangre y todo, formó una pequeña tormenta encima de la casa, donde la lluvia comenzó a caer mientras Luisa, Agustín y Félix ayudaban a Bruno y trasladaban a Lucas al cuarto del hombre. Julieta entró rápido a la cocina y agarró comida mientras subía las escaleras.

Mirabel y Antonio miraban atónitos desde la entrada del patio trasero, la chica tapaba a Antonio para que no viese la sangre. A su vez, Isabela y Camilo miraban horrorizados desde el piso de arriba. Donde Dolores se abrazaba a Mariano mientras contemplaba como subían el cuerpo de Lucas, malherido por las escaleras.

Bruno estuvo consciente hasta que depositaron al chico herido en su cama, allí, viendo que había podido salvar al joven, suspiró aliviado y cayó desmayado. Debido a que Lucas había perdido el conocimiento definitivamente, Julieta no pudo darle algún remedio, por lo que solo pudieron esperar a que despertase, turnándose entre todos para vigilarlo.

Pasaron varias horas hasta que Lucas abrió los ojos, y nada mas abrirlos comenzó a gritar, ya que tenia varios huesos rotos, costillas y el brazo, sin contar las heridas de la cara. Luisa que en ese momento estaba vigilándolo llamó corriendo a su madre, y esta llegó con un buñuelo en la mano, sin decir nada agarró al chico de al cabeza y de forma suave le incorporó para meterle en la boca el buñuelo, al instante sus huesos se curaron, su brazo volvió a enderezarse y las heridas de su cara y cuerpo se cerraron. El chico entre lágrimas miró a las dos mujeres y antes de decir nada volvió a caer inconsciente.

El Camaleón que no Podía Cambiar de Color (Camilo x Bruno) (Brumilo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora