CAPÍTULO 38 - LUCAS: EL ORIGEN (1ª PARTE)

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Quince años antes de estos sucesos, en Encanto una familia parecía estar feliz, el padre de familia trabajaba fuera mientras que la madre hacia las tareas de la casa mientras cuidaba a su pequeño.

—Lucas, hijo, ¿puedes traerme la cesta? —preguntó la mujer mientras acababa de preparar lo que parecía comida.

Unos instantes después un niño de unos seis años, bajito, delgado con el pelo negro como el carbón y unos ojos azules bastante llamativos entró a la cocina portando una cesta de mimbre.

—Aquí tienes, mami.

—Muchas gracias, arréglate que vamos a llevar esto a los Madrigal.

—Vale.

Minutos después, madre e hijo salieron de la casa y se encaminaron a la casa Madrigal, hoy era el cumpleaños del miembro mas reciente de la familia. Ya mucho antes de llegar se oía el murmullo de la gente, se escuchaba música y risas. La fiesta estaba pensada para las madres del pueblo, ya que los hombres trabajaban por las mañanas. Aun así, la fiesta oficial de cumpleaños seria por la noche.

—Mami, ¿puedo ir a jugar? —preguntó el pequeño Lucas.

—Si, pero primero vamos a saludar a la señora Julieta y a la pequeña Mirabel.

La casa Madrigal lucía expendida, luminosa, solo una pequeña nube se encontraba en lo mas alto, algo que no llamó la atención de nadie, sabiendo quien vivía en esa casa.

—Pepa, la nube —exclamó Alma desde el piso de arriba.

—Ya lo sé, mamá, pero la gente está llegando y todavía no esta todo listo —gritaba Pepa que cargaba a un pequeño Camilo que con apenas un año entendía nada a su alrededor —Bruno, hazme le favor, baja y cuida un momento de tu sobrino.

—Ya voy... —dijo un Bruno que con cara apagada se encaminaba escaleras abajo para agarrar a su sobrino y cargarlo mientras su hermana.

—Hermano, ¿puedes cuidar también de Mirabel mientras termino?

—Juli, no soy un canguro —protestó Bruno mientras cargaba en cada brazo a uno de sus sobrinos.

—Muchas gracias, para compensar esta noche te prepararé crema de café.

Bruno retiró la mirada.

—Bueno, vale...

Julieta sonrió y se fue a la concina a terminar de prepararlo todo.

Minutos después, Bruno fue sorprendido por un niño de ojos azules.

—Hola.

—Hola, pequeño, ¿Cómo te llamas? —preguntó Bruno mientras acunaba a sus dos sobrinos.

—Me llamo Lucas Fernández.

—Un placer, yo soy Bruno.

—Oh... el señor Bruno, ¿el que da miedo?

Bruno se echó un poco para atrás.

—Pero a mi no me da miedo —volvió a decir Lucas.

—Lucas, no molestes —dijo su madre acercándose a él y disculpándose con Bruno mientras lo agarraba del brazo y lo alejaba mientras Bruno no decía nada y miraba la escena.

Madre e hijo pasaron allí el resto de la mañana, el pequeño Lucas jugaba con los demás niños, incluidas las chicas Madrigal. Y todo fue perfecto hasta el momento de llegar a casa, donde el señor Fernández esperaba a su mujer e hijo.

—¿Qué te he dicho de sacar al niño sin que acabase su trabajo? —dijo el hombre con tono duro.

—Pero era la fiesta de los Madrigal...

—¡¡¡ME DA IGUAL!!! —el hombre se levantó y agarró del brazo al niño —si no aprende a hacer las cosas bien, cuando crezca va a ser un inútil, y en mi casa no quiero inútiles, ¿me oyes, mocoso?

—Me duele —se quejaba el niño entre lloros.

—Me da igual que te duela, niñato, esto te pasa por no hacer caso a tu padre —dijo mientras apretaba mas el brazo.

—No hace falta que le hagas eso —se quejaba la mujer.

—Tu cállate si no quieres que te haga lo mismo —al acabar la frase apretó mas la mano hasta que se oyó un crujir de huesos mientras Lucas se chava a llorar al suelo —ahora si tienes una excusa para no trabajar, vete a tu habitación y mañana a primera hora vendrás conmigo.

El niño saló de allí llorando y agarrando su brazo que se volvía morado por momentos.

—Y pobre de ti como le des comida de Julieta —dijo el hombre a su mujer mientras salía de la cocina y se iba a dormir.

La semana siguiente no cesaron las palizas y golpes, siempre había una excusa para golpear al pequeño; que por otra parte no era nada nuevo para la familia, ya que desde bastante pequeño, el señor Fernández había sido muy duro y estricto con el pequeño Lucas, hasta el punto de que había perdido el conocimiento mas de una vez, había pasado días en cama recuperando sus huesos, si es que su padre lo permitía, pues se aseguraba de no dañar sus piernas en exceso para que pudiese andar y poder ir a trabajar con él.

Los únicos momentos de felicidad de los que disfrutaba el pequeño eran las noches cuando sus padres dormían o si alguna vez se quedaba solo en casa, pues, aunque su madre nunca lo ha pegado, tampoco ha hecho nada para impedir que su padre lo maltratase.

Debido a esto, la actitud del pequeño cambió, se volvió asustadizo, sumiso a cualquier orden de cualquier persona mayor que él, pedía perdón por cualquier cosa que hiciese, hasta el punto de se hacía responsable de los errores de otros, lo que conllevaba mas palizas de su padre.

Todo cambio una tarde, de nuevo Lucas yacía en el suelo sangrando por la nariz mientras su padre lo pateaba, cuando una de esas patadas impactó de lleno con la cabeza del chico que hizo que perdiese el conocimiento y estuviese inconsciente por casi dos semanas. En ese tiempo, Lucas soñó, soñó que se rompía y de esos pedazos seis Lucas aparecían delante de él.

En su ensoñación, Lucas se encontraba sobre un lugar blanco, no había techo ni paredes, en sus pies notaba agua, agua que le cubría parte de los pies, su mirada estaba fija en seis siluetas delante de él. Esas figuras lo miraban, parecían estatuas con ojos brillantes.

Intentó moverse, pero fue imposible, era como si no fuese dueño de sus actos y cuando comenzó a sentir que todo se iba, las figuras se movieron y lo rodearon, al tenerlas mas cerca pudo ver que eran él, seis copias suyas que lo miraban fijamente, en cada uno se apreciaba una mirada diferente, pero había una que solo su presencia hacia que se estremeciese, la figura central lo miraba y sentía que quería hacerlo desaparecer, sin previo aviso esas figuras comenzaron a andar hacia él y cuando empezaron a fusionarse con su cuerpo, abrió los ojos. Despertando en su habitación, con ambos brazos vendados y nadie a su alrededor. Ahí fue cuando comenzó la verdadera pesadilla.

El Camaleón que no Podía Cambiar de Color (Camilo x Bruno) (Brumilo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora