Un nuevo inicio

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Paso el trapo sobre la mancha que persiste en la mesa, tallando con fuerza, pero cuando se quito el trapo, la mancha sigue ahí, es como si se burlara de mi. Ni siquiera se bien de que es, pero no se quiere ir, pero definitivamente no puedo dejarla ahí, demasiados clientes se han quejado y además, me da un poco de TOC. La Dra. Geller dice que es resultado del trauma, y teniendo en cuenta que ella tiene un título en psicología y yo... pues no, entonces creo que debería creerle.

El viento helado de Cork, Irlanda, entra por la ventana del restaurante y acaricia mi cara. Mi nariz a este punto ha perdido la sensación, como todos los días por los últimos dos años. No puedo evitar pensar en Gotham, aunque sea por un segundo, el clima siempre me lo recuerda. Aunque en Gotham, además de ser frío, el aire es pesado, sintético casi.

— Ey, Jean — una voz me saca de mis pensamientos. Vuelvo a ver a Aoife. Su largo cabello rubio está recogido en un par de trenzas después del último regaño ya que algunos clientes se quejaran de encontrarlos misteriosamente en sus comidas, y su cara tiene una expresión divertida. — Ya deja eso y ven acá.

— Es asqueroso, — me quejo — Quien sabe de que será...

— A absolutamente nadie le importa.

— A mi si — reclamo, encogiéndome de hombros — Te lo juro que siento que se burla de mi.

Aoife niega rotundamente y yo ruedo los ojos. Es parte de mi rutina, a este punto: intento quitar la mancha, esta no cede, me estreso y arruino el resto del día.

— Un día la voy a quitar, lo juro.

— Si, si, como que tú digas — Aoife se ríe, — Ahora vamos, no hay clientes y Claire trajo la nueva edición del Daily Planet. — hago una mueca, entonces ella aclara: — La de chismes, obviamente, no la versión seria.

Vuelvo a ver de reojo a la mancha y siento que a me revuelve el estómago. Respiro profundamente y doy un paso hacia la chica, luego otro.

— Muy bien, muy bien — se mofa ella cuando me acerco lo suficiente para que me agarre del brazo y arrastre hasta la mesa de la esquina, donde se encuentran el resto de mis compañeros de trabajo — Mira nada más, ya casi eres una persona normal.

En otro punto de mi vida, podría haber discutido que si era normal. Pero después de todo lo que me ha pasado eso sería una mentira que ni yo me creería.

En la mesa nos acompañan Rose, Shannon y July con la nariz metida en la revista, el resto de las camareras de Pekos, la cafetería-restaurante en la que empece trabajar apenas llegue a Cork. Bueno, después de que me recuperara por completo y la Dr. Geller me diera permiso para reintegrarme en la sociedad; como si de una loca se tratase.

— ¿Dios... que hice yo para nacer acá y no en Hollywood? — se queja July.

— Claro, porque nacer en Europa es un sacrilegio — cuestiono, levantando una ceja — Que horrible nacer con genes nórdicos, pelo rubio y ojos azules.

— No olvides la altura — guiña Rose y yo asiento.

— Desde que tengo quince no he crecido ni un centímetro, es vergonzoso — añado nuevamente, y luego ojeo la revista. Parece más un tabloide de esos que eran famosos en los 2000, donde el tema principal eran las mujeres y sus cuerpos. — ¿Por que creen que sigan imprimiéndolos? Digo, hay redes sociales que pueden usar para esparcir sus chismes y así no matan tantos árboles.

— ¿Y quien eres tú para criticar? Te gastas un litro de cloro a la semana limpiando esa mancha que seguramente es una quemadura.

Vuelvo a ver a Aoife y le saco la lengua. Antes de que pueda hablar, Julie chilla emocionada.

Stronger | Damian WayneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora