Los Lumos en tentáculos recorrían el interior de la destartalada tienda.
-Sólo uno va a poder hacer el hechizo –apuntó Severus.
-El otro caerá en garras de los aurores –lanzó Serpentine, con nerviosismo, pero controlada.
Severus decidió rápido. Quien se quedara llevaría la peor parte. Y no dejaría a Serpentine en las situaciones que él había pasado en las celdas. No estaba seguro que la respetaran.
-Vete, Serpentine –indicó él-- Me quedaré.
-¡Salgan ahora! –apremió el auror afuera.
Ella aclaró:
-Snape... hay un muerto... Esto fue una trampa... Al que atrapen no irá al Wizengamot. Lo matarán.
-¡Vete, Serpentine! –exigió.
-¡Se les acaba el tiempo! -ladró el agente.
Ella lo detuvo:
-No, no, Severus... Uno de los dos va a morir... Seré yo...
Snape enfureció, indignado:
-¿Estás loca? –rabió- ¡Nunca! ¡Por supuesto que no! ¡Vete! ¡Vete ahora!
Ella lo interrumpió:
-¡No voy a regresar con mi prometido anciano!
Serpentine se cubrió los ojos. En la calle, estalló una sirena de aurores.
-Severus... Nos van a atrapar. No tiene caso que sea a los dos –concluyó–. Si mueres, la única forma para los demás de concretar la fuga será refugiándonos con el Señor. ¡Yo no quiero hacerlo! Me esperará Azkabán porque obvio nos culparán de esa muerte. O deberé volver a casa para evitar la prisión. Y tampoco quiero. No regresaré con el sujeto al que me vendieron mis padres.
-¿Cóm...?
-¡Último aviso! –presionó el agente en la calle; por las sombras al otro lado del cristal se contaban más de veinte aurores- ¡Entraremos a matar!
Snape lanzó un veloz hechizo de protección hacia afuera del establecimiento, donde reventaron los rayos de los aurores en decenas de destellos y crujidos.
Agachándose, llevó a Serpentine detrás del mostrador, protegiéndose del choque brutal de los conjuros en la esfera. Se colocó entre el mueble y la pared, y abrazó a la chica.
-Gracias, Severus –dijo ella-. Si vamos a morir, me alegra no estar sola. Abrázame.
Él sintió lágrimas en los ojos y se repitió con rabia que no abandonaría a Scamander en manos de los aurores. Jamás lo haría. Antes la mataría sin dolor. Sin que se diera cuenta. Y se preguntó por Hermione. Se preguntó si Hermione lo iba a perdonar. Se recordó que no le dijo lo que sentía.
-¿Qué ocurre, Serpentine? –le susurró, para que ella le pudiera decir lo que empezó, ignorando los gritos y los múltiples esfuerzos por romper la barrera en resplandores.
La chica suspiró:
-... Me... me prometieron a un sangre pura, un anciano... en Juramento Inquebrantable.
Snape se horrorizó.
Scamander apoyó la cabeza en el tórax de Severus. Las sombras de los aurores proyectadas en le tienda, gritaban y maldecían.
-Sabes cómo es, Severus... -asintió la chica- Familias en problemas prometen a sus hijas chicas, en matrimonio... Cuando en el linaje solamente habemos mujeres, ese matrimonio es una salvación de la ruina, de la deshonra... Y a mí, me prometieron con un sangre pura, un anciano... vicioso...
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Onyx Passion
Fiksi PenggemarLa guerra está perdida. En un viaje por el tiempo sin retorno, Hermione buscará seducir a Severus para orillarlo a que mate a Ryddle. Ella se sumerge en la pasión oscura del ser incomprendidos, la soledad y el amor.
