Capítulo 23

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William y Tobias esperaban pacientemente en el asiento trasero de un auto con vidrios totalmente polarizados. Dicho vehículo había sido escogido y preparado especialmente para el presidente, haciéndolo pasar por el auto de cualquier ciudadano. Aunque si bien no se permitía que ningún vehículo tuviera ese grado de oscuridad en su polarizado, no muchas personas lo tomaban en cuenta al ver algún vehículo usándolo.

Siobhan estaba sentado en el asiento del conductor y miraba, asiduo, por la ventana, en espera de Donovan. A este último lo habían enviado al restaurante de comida italiana que Ellington había escogido para invitar a Tobias. Dicho restaurante estaba a pocas cuadras del hotel y aún así, sus guardaespaldas habían decidido que lo mejor era llevarlos en auto para no arriesgarlo a ser visto por algún empleado de algún noticiero o cualquier otra persona que pudiera esparcir la noticia de que el presidente de Irlanda había sido visto cenando en un restaurante de comida italiana con un hombre. El trabajo de Donovan era dar aviso al personal del restaurante sobre la visita del presidente y pedirles de la manera más amable que tomaran las medidas necesarias para proteger su privacidad.

El político y su rizado acompañante murmuraban cosas banales entre ellos a manera de charla y en medio de su conversación frotaban inconscientemente sus cabezas entre sí, como los gatos cuando demuestran cariño, mientras Siobhan se mantenía en silencio, como la mayor parte del tiempo, observando con atención la puerta del restaurante.

De pronto los tres pares de ojos vieron cómo las cortinas rojas que se visualizaban desde el exterior del restaurante comenzaron a ser cerradas, cubriendo así la vista al interior. William y Tobias no lograron verlo, pero Siobhan fue testigo de cómo un hombre vestido completamente de blanco y delantal color rojo carmesí, aparecía para cerrar también la puerta principal hecha de cristal.

—Me parece que Donovan ha solucionado todo, Señor —comentó Siobhan, mirando a su jefe a través del espejo retrovisor.

—Genial —comentó con un humor mejor del que solía tener.

Y es que sí, se encontraba de mejor humor para entonces, a pesar de que la mala noticia que le tenía a Tobias seguía ahí y a pesar del resto de los problemas que habían estado teniendo juntos.

Donovan apareció dos minutos después, caminando en dirección al vehículo con una enorme sonrisa. Se recargó en la puerta del lado de Siobhan y a través de su ventanilla inclinó la cabeza en dirección al asiento trasero.

—Es seguro entrar ahora, Señor. Además, hay pocas personas en la calle y comienza a anochecer. Considero que es el momento perfecto para que puedan bajar y entrar al sitio sin problemas.

Ellington soltó un suspiro.

—Gracias Maher. —Se rascó la esquina de una de sus cejas—. Aunque no pienso bajar del auto como si nada y arriesgarme —sacó del bolsillo interno de su saco un par de lentes de sol y se los puso. Giró su cabeza hacia su acompañante—. Baja tú primero. Maher te acompañará hasta adentro.

Donovan y Tobias asintieron al mismo tiempo. El más joven se rascó la cabeza, sintiéndose algo extraño con el asunto. No se sentía importante, pero sí se sentía incómodo con el hecho de tener que pasar desapercibido por las personas. Personas que ni siquiera lo hacían en el mundo... Pero claro, a Ellington sí lo identificaban con facilidad, y él lo acompañaba, así que era obligatorio para él pasar por todo el desastre.

—Ahora —demandó mientras peinaba su cabello con sus dedos.

Tobias tomó una bocanada de aire, preparándose. Abrió la puerta de su lado y bajó del vehículo, actuando de la manera más natural posible. En ese punto se preguntó si toda su vida había actuado con esa "normalidad" o si en realidad estaba actuando en ese momento de la manera que él creía que actuaba normalmente. Habitualmente no notaba muchas cosas en él hasta que alguien más las mencionaba o él las reconocía; parpadear, por ejemplo.

El Hotel AlecHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora