Al día siguiente despertó acostado en su propio lugar de la cama y con su cabeza en su almohada y William acostado a un lado suyo, y con su cabeza en la otra almohada. El presidente seguía completamente dormido y él se preguntó si no tenía pendientes ese día. Estiró sus brazos y piernas, haciendo sus huesos crujir, y se incorporó, levantándose precavidamente de la cama. Al ver que Ellington no se había inmutado y que seguía en su misma posición, aprovechó para ir por su celular al cajón en el cual fue metido la noche anterior, cuando fue arrebatado de sus manos.
Miró la hora. Ya eran las ocho con quince. Decidió que dejaría dormir a William en lo que se duchaba y luego saldría para despertarlo, enviarlo a ponerse ropa limpia y comenzar con cualquier labor que tuvieran que llevar a cabo. Así que buscó entre sus cajones un cambio de ropa limpia y su uniforme recién lavado. Dejó acomodado el conjunto sobre la silla junto a su tocador y se dirigió al baño para darse esa necesitada ducha, y de paso afeitarse.
Media hora después salió del baño, afeitado, con los dientes y el cuerpo limpios y una toalla perfectamente envuelta en su cabello. Había desarrollado varias habilidades respecto a su cabello desde que había decidido dejarlo crecer, como la agilidad para peinarlo en poco tiempo, colocarse accesorios y enredar en él las toallas, con más experiencia de la que cualquiera creería. Dejó la puerta del baño abierta, dejando salir el vapor acumulado al interior, y fue hacia su tocador, en busca de crema humectante y alguna loción para ponerse antes de vestirse.
Sin embargo, ya con el frasco de crema abierto y estando a media humectación corporal, percatándose de lo adolorido que estaba su cuerpo como consecuencia de la rudez de la noche anterior, recordó que no estaba solo en la habitación. Cuando giró su cabeza hacia la cama se encontró al presidente sentado en el colchón, con las piernas estiradas, su espalda recargada en la cabecera y los brazos cruzados, mirándolo con severidad pero sin parecer realmente molesto. Más bien parecía estar esperando a que se diera cuenta de que ya estaba despierto.
—B-buenos días —tartamudeó todavía aturdido.
—Buenos días, Toby. —Levantó ambas cejas al igual que su cabeza—. Veo que te duchaste... sin mí.
Asintió.
—Estabas dormido y no quise despertarte. —Comenzó a sentirse vulnerable, así que se apresuró a ponerse la ropa interior y también el pantalón, tal vez así no le afectaría tanto.
Ellington lo observó con un brillo peculiar en los ojos.
—No me hubiera molestado que me despertaras, si me hubieras invitado a ducharme contigo —se mordió suavemente el labio inferior.
—Lo tendré en cuenta la próxima vez —murmuró en respuesta mientras alcanzaba la camisa de su uniforme.
William soltó un suspiro y se levantó de la cama. Se estiró, haciendo tronar uno que otro de sus huesos, quejándose por la sensación de sus músculos destensándose.
—¿A qué se debe la prisa, Winston? Yo recién me levanto y tú ya estás pulcro y uniformado —caminó a él, riéndose con los labios apretados al ver de cerca la toalla envuelta en el cabello del más joven.
Se quitó del cabello la toalla, dejando caer sus rizos húmedos sobre su hombro. Con una mano se sacudió los mechones, provocando que tenues gotas de agua salpicaran en el suelo.
—Pensé que tal vez tendrías trabajo qué hacer esta mañana y quería estar listo para lo que fuera... Después de todo, trabajo para ti.
El presidente asintió. Pasó su mirada por el cuerpo semi molido que tenía en frente, de pies a cabeza. Estiró su mano y le tomó la barbilla con dos de sus dedos, obligándolo a mirarlo, sin aplicar tanta fuerza esta vez.
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El Hotel Alec
DiversosYA EN FÍSICO (Sí, solía ser una fic Larry) "¿Estás negándote a obedecer cuando con un chasquido de mis dedos puedo destruirte?" Cuando Tobias Winston fue despedido de su trabajo tuvo que abandonar el departamento que alquilaba con su mejor amigo. D...
