Capítulo 39

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El plan del presidente salió, curiosamente, como él lo quiso y no hubo error alguno. Nunca antes en su vida como dirigente de su país se había sentido capaz de mentirle a su pueblo de la manera en que hizo diciendo que Sara había tomado la decisión de suicidarse para salir impune de la justicia. Sin embargo tampoco iba a permitir que por milésima vez en su vida, le arrebataran su ya antes robada y todavía necesitada libertad. Mucho menos ahora que tenía un hijo enteramente suyo al cual criar y una relación sentimental que disfrutar. Dos cosas que debía aprender a cuidar.

Lo del suicidio de Sara se le anunció a Carson, quien no se tragó ese cuento para nada, pero se quedó callado cuando Ellington le ofreció un trato adinerado en el cual ambos salían libres y ganando. Al día siguiente del acontecimiento, el presidente se reunió con el poco deseable Carson, Maher, Walsh (los guardaespaldas involucrados), y Horak. Prefirió dejar completamente fuera a McMahon, porque él ni siquiera fue uno de los testigos, y llamarlo significaría molestarlo en vano. Por supuesto que también dejó fuera a Tobias, porque no pensaba involucrarlo en nada referente al homicidio.

Carson ni siquiera estaba enterado de que planeaba abandonar su puesto, así que no tuvo problema en esconder la verdad de lo que le sucedió a Sara y en, semanas después, volver a Irlanda anunciando la inocencia de Ellington en el caso del supuesto asesinado del Taoiseach de la República de Irlanda, Leonard Coyne, el cual también se confirmó públicamente como suicidio.

No faltaron los rumores en el pueblo, rumores que demostraban lo extraño que parecía que en tan poco tiempo dos personas se habían suicidado frente a los ojos del presidente, con él en la misma habitación de los ahora difuntos. Se rumoreó que él había asesinado a ambas personas, pero siempre estaba la mayoría que lo defendía argumentando lo que forenses, abogados y policías dijeron sobre ambos casos.

Hubo dos muertes anunciadas como suicidio, pero solamente una de ellas fue un suicidio verdadero y tanto los habitantes de Irlanda como los de sus alrededores solo creían una u otra versión de las que se hablaban: dos asesinatos o dos suicidios. Sin embargo solamente tenían razón la mitad de los que creaban sus propias hipótesis. Habían sido un suicidio y un homicidio.

Con Ellington con las manos limpias y libre, lo único que quedaba era terminar sus pendientes y cumplir con las promesas que aún le quedaban como presidente, así que un par de semanas después, volvió a Irlanda junto a su equipo e hijo. Antes de volver, todavía en Inglaterra, Tobias y él se atrevieron a contarle a Hanna que ahora eran pareja, omitiendo, por supuesto, los detalles que no eran necesarios que ella supiera. El resumen que ellos le dieron fue que comenzaron algo en el Hotel Alec y que con los días del presidente como huésped del hotel contados, nunca pudieron llegar a más, ni confirmar el amor que sentían mutuamente hasta la visita de Ellington en el país de Tobias.

—Eso explicaría mucho sobre tu depresión luego de volver de Irlanda —le dijo Hanna a su hijo luego de haber escuchado, sentada frente a la mesa de su cocina y en silencio pero con paciencia, la historia.

—¿Solamente eso dirás? —preguntó desconcertado, con su mano izquierda debajo de la mesa tomada discretamente y con fuerza por la mano derecha de William.

—Pues... sí —se encogió de hombros, con una sonrisa en el rostro y los orbes brillantes—. Todas tus parejas han sido hombres, así que en realidad no tengo mucho que opinar, cariño.

William prefirió guardar silencio mientras con su mano libre se rascaba el puente de la nariz, preguntándose si así se suponía que eran todas las presentaciones de noviazgos hacia los padres.

—Pero... todo este tiempo creíste que William era heterosexual y que estaba por casarse con una mujer —más que desconcertado, estaba temiendo por el siguiente movimiento de su madre. ¿Acaso estaba ofendida y en unas cuantas horas estallaría realmente? ¿En verdad lo estaba tomando tan bien como para no preocuparle el asunto?—. ¡Alguna vez me dijiste que era el hombre más guapo que tus ojos habían visto!

El Hotel AlecHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora