Epílogo

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CUATRO AÑOS DESPUÉS

Ya había pasado cierto tiempo desde que William Ellington había renunciado a su puesto como presidente de Irlanda, decisión de la cual todavía no se arrepentía y tampoco creía hacerlo nunca. La verdad era que vivía muy a gusto a lado de Tobias y de Ezra en una casa que había comprado en Inglaterra para que no fuera Winston quien se mudara de país. Después de todo, Tobias sí tenía familia y seres queridos a los cuales perdería si se mudaba, y William no podía decir lo mismo sobre su situación.

Su hogar era una casa grande, de dos pisos y cinco habitaciones, decorada con muebles de colores oscuros: como el negro y el café oscuro, a petición persistente del ojiazul, pero con paredes y puertas de colores claros: como el blanco, el caqui y uno que otro color pastel a petición del ojiverde. El acuerdo era que la casa sería decorada entre ambos, pero terminaron optando por repartir espacios cada uno para evitar discusiones ya que no lograban ponerse de acuerdo en ciertos aspectos, como los colores, la decoración y los estilos.

Es que Tobias era más alegre y le gustaba lo moderno y sencillo, pero a William, que era un alma vieja y elegante, le encantaban los colores oscuros y las decoraciones elegantes, al igual que lo vintage. Sin embargo, Hanna también ayudó con la decoración, así que un poco de lo que había en el hogar Ellington-Winston también se debía a ella, a sus ideas... y a sus manos.

Para ser padre de tiempo completo, William estaba haciendo su mayor esfuerzo por hacerlo correctamente y sin provocar problemas permanentes a futuro en Ezra. Había ido a uno que otro curso sobre paternidad y había comenzado a trabajar en su mentalidad, sin abandonar más de tres meses seguidos su terapia psicológica. Incluso había estudiado un curso sobre la psicología humana.

Para ayudar a reprimir sus cambios de humor explosivos y evitar las malas palabras dentro del hogar, a Tobias se le había ocurrido obligar a su expresidente a poner una moneda dentro de una alcancía cada vez que dijera una grosería en frente de su hijo, como sanción a sus actos. Y a pesar de que a William ser padre le estaba costando más de lo que se imaginó, en realidad no lo hacía tan mal. Era un padre responsable y cuidadoso a pesar de ser más distraído, reservado, y menos cariñoso y aprensivo de lo que lo era Tobias.

El ojiverde también era un buen padre a pesar de haberse convertido en uno de un día para otro. Era cariñoso, atento y demasiado paternal para ser un poco más inmaduro y joven que el padre biológico, especialmente tomando en cuenta que Ezra ni siquiera era de su propia sangre. Tobias se había convertido en el tipo de padre consentidor y facilitador que William evitaba ser para que Ezra no se convirtiera en alguien malcriado y problemático a futuro. Tobias no había asistido a cursos ni nada por el estilo, él dejaba que su instinto lo guiara y le dijera cómo actuar y en cada caso. Aunque sí que había tenido ayuda de Hanna, porque había estado llamándola casi a diario para pedirle consejos. Y ella, gustosa aunque desacostumbrada a ser abuela, le respondía el teléfono y resolvía todas sus dudas sin importar si eran las tres de la mañana.

William también tenía dudas de vez en cuando, pero prefería usar el internet antes que "ocasionar molestias" y encima verse como todo un ignorante, dañando su todavía un tanto elevado ego.

El castaño había tenido que aprender a ser menos arrogante y más sensible. Sobre todo porque luego de dejar la presidencia comenzó a dar lecciones particulares de piano y de violín a personas de todas las edades, por lo tanto debía ser menos rudo y más paciente en su trabajo. Porque sí, ese era su trabajo y no solamente un pasatiempo. Un trabajo en el que era dueño de su propio tiempo y también de él mismo. A fin de cuentas, seguía trabajando en algo en lo que él seguía siendo, técnicamente, el jefe.

A Ellington siempre le había apasionado la música y el arte. Sabía tocar el piano, el violín, algo de guitarra acústica y la flauta. Instrumentos que aprendió desde temprana edad, antes de enfocarse de lleno en complacer las ideas de sus padres y la necesidad de convertirse a la política. No era bueno enseñando, pero le gustaba presumir un poco de que sabía tocar instrumentos y también escuchar a otras personas tocando, así que un día en su mente apareció la idea de que podía adiestrar a alguien más a su manera, la cual claro que era casi perfecta, y demostrar que eso no solamente lo convertía en un buen maestro sino también en un excelente músico capacitado para enseñar y demostrar lo bueno que era. Cuando estuvo acomodado en su propia casa a lado de Tobias, comenzó a anunciar sus clases en internet y por medio de pequeños letreros pegados en los postes y las tiendas cerradas, sin permiso de sus dueños... Personas hambrientas de aprendizaje no tardaron en aparecer.

El Hotel AlecHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora