Capítulo 33

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No hizo la cuenta de los minutos o las horas que pasó sentado en el suelo, sin decir ni hacer nada más que recordarse constantemente a sí mismo todo lo que conllevaba el hecho de estar a lado de Ellington, en especial estando en una relación que se suponía formal porque de ese modo tenía que ser enteramente sensato respecto a la vida pública que él llevaba como presidente "heterosexual y a punto de contraer nupcias" pero también debía encontrar la manera de dejarle en claro a ese hombre de ojos azules y carácter testarudo y para nada moldeable que debía darle los derechos que siendo su novio merecía. Y debía hacer lo mismo con esa tal Sara, a pesar de nunca haber tratado con ella en su vida. Por lo tanto, planeaba, debía encontrar la manera de que William fungiera como un comunicador o algo por el estilo para dejarle en claro que no iba a cederle su lugar tan fácilmente.

Maldición. Se sentía como la miserable villana envidiosa de una telenovela latina que lucha por el amor de su amado aún cuando es casi imposible que él se lo devuelva de la misma forma.

Fue hasta que decidió ponerse de pie, ir a la cama para recostarse y tomar su celular, que se percató de que moría de hambre y de que ya eran las cinco de la tarde. Comenzó a preguntarse si debía seguir esperando a su presidente o finalmente abandonar su postura de niño berrinchudo y necesitado de la atención de su madre y largarse de ahí... O tal vez simplemente ir a buscar algo para comer y volver a la habitación a seguir esperando para resolver de una vez por todas la situación.

No pasó mucho rato antes de que se percatara de que lo que realmente necesitaba era una ducha y una siesta, así que se levantó de la cama y se dirigió al baño, en donde se metió a la regadera para asear su tenuemente adolorido cuerpo, con algunas marcas que habían sido hechas por los labios de cierto castaño la noche anterior y un buen rato antes de partir esa tarde. Veinte minutos más tarde salió de la ducha, se secó con una de las toallas del hotel y se vistió dentro del baño, pues no le apetecía tener el infortunio de salir desnudo para vestirse en la habitación y que Ellington, alguno de sus contratados o el personal de limpieza entrara y lo encontrara en esa situación.

Ya con el cuerpo vestido y humectado con la crema corporal que William había dejado a lado del lavamanos, el cabello húmedo pero cepillado y los dientes lavados con uno de los cepillos de dientes empaquetados que ofrecía el hotel, se paró frente al espejo del lavamanos y observó su reflejo un buen rato mientras se preguntaba la razón por la que el vello de su barba no crecía como se supone que, a su edad, debía hacer. En realidad se había distraído de lo que le estaba ocurriendo y solía entretenerse con casi cualquier cosa, así que analizó la situación hasta que vislumbró la loción del presidente a escasos centímetros de la llave del lavamanos. Tomó el frasco que contenía el exquisito aroma que había olfateado en más de una ocasión y le quitó la tapa para olisquear la fragancia.

Y pensaba en la posibilidad de atreverse a rociar un poco del perfume en su cuerpo para tener con él el olor característico de su hombre, cuando escuchó la puerta de la habitación abrirse y un par de voces hablando al mismo tiempo. Dejó el perfume en el mismo sitio de donde lo tomó e inhaló y exhaló para luego dar un par de pasos hacia la puerta del baño. Cuando su mano tocó la perilla de la puerta, detuvo su andar y agudizó el oído en espera de saber si William estaba a solas en la habitación.

Logró escuchar algo semejante a murmullos y luego la puerta abriéndose y cerrándose, seguramente Nicholas o alguno de sus guardaespaldas lo habían acompañado a la habitación y luego se habían ido. No escuchó más, así que dió por hecho que ahora el presidente estaba a solas en la habitación. Decidió abrir finalmente la puerta para salir del baño.

Sin embargo, cuando la madera de la puerta se deslizó liberando así el suave vapor acumulado al interior del baño, lo primero que sus ojos de esmeralda vieron fue la pequeña figura de un niño sentado sobre la cama. Un niño de aproximadamente dos años de edad con cabello del mismo tono castaño que William.

El Hotel AlecHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora