William no se preocupó por nada más que por dormir de su lado de la cama porque, como le mencionó a Nicholas que haría, el trabajo se lo dejó a Tobias, quien tuvo que explicarle más de una vez al terco mandatario que era más seguro para Ezra dormir en medio de ambos porque si lo dejaban en alguna de las orillas podía rodar por el colchón y caerse de la cama. Aunque en el momento que Ellington, quien estaba acostumbrado a que todo se hiciera a su manera, se dió cuenta de que dormiría con su hijo a su lado y no con Tobias, deseó haberlo devuelto a su madre esa misma noche.
Claramente el niño, acostumbrado a estar todo el día y la noche con su madre, estuvo incómodo. No pasó la noche haciendo berrinche ni llorando, pero intentó despertar unas cuantas veces a su padre, quien simplemente lo ignoró y fingió que tenía el sueño pesado. Fue entonces que Tobias se encargó del asunto e hizo de todo por mantener al crío tranquilo: le tendió un juguete que Ellington le había conseguido de regreso al hotel, le ofreció agua, leche embotellada que compraron en un supermercado e incluso acudió a la técnica que los padres irresponsables usan para deshacerse de sus hijos un buen rato y le mostró su celular, al cual no le prestó mucha atención. Finalmente Tobias, quien se sentía todo un padre primerizo a pesar de que no era su hijo y de que sería algo temporal, logró que durmiera. Y disfrutó de esa victoria.
Al día siguiente, temprano por la mañana y con el sol a medio colarse por las cortinas de la ventana, el celular de Tobias sonó, despertándolo de su añorado y muy merecido descanso. Cuando tomó, con dificultad, el dispositivo de la mesa de noche y llevó a la pantalla su vista nublada, la cual a duras penas pudo aclarar, vio que la llamada era de Wendy. Se preguntó dos veces si debía responderle o dejar pasar la llamada y devolvérsela cuando estuviera descansado, pero terminó decidiendo responder. Antes de deslizar el botón verde en pantalla, vio la hora y gruñó débilmente cuando se dio cuenta de que eran las siete de la mañana.
—¿Hola? —saludó con voz rasposa.
—Buenos días, mi rizado amigo —le respondió con su voz clara y bien trabajada de siempre.
—Wen... Hum... ¿A qué se debe que llames a esta hora? —preguntó todavía desorientado. Vio a Ezra removerse en la cama y optó por levantarse para evitar despertarlo a él o a William, quien descansaba del otro lado de la cama con la ropa floja que solía usar como pijama.
—Desperté temprano, a las cinco y media para ser exactos —explicó sin una pizca de agotamiento—. Recuerdo que tú también solías despertar temprano de vez en cuando pero, por la voz con la que me estás hablando, tal parece que tú no has descansado y que fui algo imprudente al llamarte.
—Oh, no. No es eso. —Se levantó de la cama y puso la almohada en la que había tenido la cabeza recostada en el lugar que acababa de abandonar para evitar que Ezra rodara y se cayera. Sonrió de lado al imaginar a su novio llamándolo "ridículo" por la consideración que estaba tomando con un niño ajeno y al que ambos deseaban desconocer—. No dormí bien, pero no tengo problemas con hablar contigo. —Tomó la chamarra que William había dejado descuidadamente sobre el tocador y se la puso para luego encaminarse al pequeño balcón de la habitación—. Después de todo, han pasado meses desde que nos vimos por última vez.
—¡Lo sé! —Suspiró—. Estoy pensando seriamente en viajar a Inglaterra y tomarme unas vacaciones en tu ciudad para poder vernos y no sé, tal vez ir a tomar un café o algo por el estilo. Cualquier cosa que incluya la oportunidad de hablar durante horas sobre nuestras anécdotas buenas y no tan buenas me parece una buena idea.
—Hum —hizo el mohín de estar quejándose sin hacerlo realmente—. Muero por tener una de nuestras muy largas charlas contigo—. Deslizó la puerta transparente que separaba el balcón de la habitación y cerró los ojos al sentir una tenue brisa golpeando su rostro, arrepintiéndose un momento de haber salido al balcón sin haber aclarado su mente y asegurarse de que su cuerpo no siguiera en medio del ensueño. Inhaló y exhaló antes de recargarse en la barandilla del balcón, mirando en dirección a la calle y percatándose de que al parecer era la única persona en Inglaterra que mataría por estar durmiendo un poco más.
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El Hotel Alec
RandomYA EN FÍSICO (Sí, solía ser una fic Larry) "¿Estás negándote a obedecer cuando con un chasquido de mis dedos puedo destruirte?" Cuando Tobias Winston fue despedido de su trabajo tuvo que abandonar el departamento que alquilaba con su mejor amigo. D...
