Capítulo 35

1K 98 15
                                        

Obedientemente, Tobias se quedó dentro de la habitación vigilando a Ezra y aprovechando el tiempo a solas para cambiarse la ropa de dormir por su ropa de día, pero una vez que tuvo puestas las prendas que ya había usado durante casi tres días seguidos, decidió buscar algo de ropa limpia en una de las maletas de Ellington. Se conformaba con cambiar su playera y suéter, así que fue lo primero que buscó una vez que tuvo la maleta abierta sobre la cama.

Encontró una camiseta con el logo y los colores de la Selección de Fútbol de Irlanda, lo que le hizo alzar una ceja; no sabía que su novio era aficionado al fútbol. Recordó que en esos días, aunque no sabía la fecha exacta, habría un partido de fútbol en donde jugarían Irlanda contra Inglaterra, así que se preguntó si William en serio era aficionado al deporte o si solamente deseaba hostigarlo a él, apostando por el equipo de su país para que él apostara por el equipo del suyo y pudieran competir por qué equipo era mejor. Negó con la cabeza, sonriendo levemente ante la idea y decidiendo que, si la ocasión se presentaba, claro que iba a aceptar la apuesta. No le apasionaba el deporte y de fútbol sabía muy poco, pero podía hacer una excepción para darse el lujo de competir con Ellington por algo que no tuviera nada qué ver con lo laboral o lo político.

Dejó la camiseta a un lado y siguió hurgando hasta encontrar una playera lisa de color negro y dándose cuenta, en medio de lo que hacía, de que William sin sus trajes de presidente ni su intento de lucir formal, en realidad era muy sencillo y descuidado con lo que vestía. Se quitó la prenda que tenía puesta y la reemplazó por la que acababa de encontrar. Luego cerró y volvió a poner la maleta en donde estaba.

Tuvo la osadía de tomar también el peine personal que yacía sobre el tocador y peinar su alborotado cabello mientras se miraba al espejo del tocador. Y acababa de terminar de hacerlo, cuando escuchó la puerta de la habitación abrirse. Dejó el instrumento donde lo encontró y se giró en busca del recién llegado, encontrándose con que ya parecía tener algo de prisa. Lo vio caminando a paso apresurado hasta la cama, inclinándose sobre esta y buscando la manera de tomar a su hijo, todavía dormido, en brazos. Caminó hacia él casi con precaución. Sabía muy bien que en situaciones como esa era mejor no alterar de más a las personas.

—¿Qué pasa?

El presidente se incorporó para poder mirarlo de frente.

—Tú bien sabes que pasa, Tobias. —Estaba a punto de volver a inclinarse sobre su hijo cuando la vestimenta del rizado le llamó la atención. Frunció el ceño y lo recorrió con la mirada de pies a cabeza—. ¿Qué diablos traes puesto?

Él, evitando que una sonrisa traviesa y triunfante se le escapara, inclinó la cabeza para fingir mirar con casualidad la playera que acababa de "robar".

—Oh, ¿esto? Pues... pensé que podrías prestármelo —volvió a mirarlo, con ojos brillantes—. Mi ropa está sucia porque no he llegado a casa para cambiarla y pensé que tal vez...

—¡Como sea! —exclamó, haciendo un movimiento de manos y negando una sola vez con la cabeza—. Supongo que ahora lo tuyo es mío y lo mío es tuyo. Puedes quedártela si deseas, no tengo tiempo para esto. —Bufó y volvió a inclinarse sobre Ezra, logrando encontrar la manera correcta de tomarlo y cargarlo sobre su hombro. Poco le importaba la comodidad del niño, pero inconscientemente acomodó su cabeza de manera que estuviera bien recostada sobre su hombro para usarlo como almohada postiza—. Te explico después. ¿Está bien, Sol? Por ahora, me voy.

Tobias estuvo observándolo en silencio, sin afán de interrumpirlo, ni estresarlo más bombardeándolo con las preguntas que ardían dentro de su cerebro. A pesar de que quería detenerlo y exigirle una explicación entera, no quería hacerlo explotar, no en ese momento. No con todo en lo que ya estaban involucrados.

El Hotel AlecHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora