Capítulo 37.

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Brooke

A pesar de ser jueves, no hay gran relevancia en la universidad. La totalidad de mis clases —Las cuales el día de hoy solo se componían de dos materias— fueron en la mañana, así que eso deja toda mi tarde a disposición de Nick.

En estos días que han transcurrido, no he visto a Josh. No hay señales de su auto en el estacionamiento del campus, aunque eso en específico puede deberse a que nuestros horarios no son tan parecidos. Los viernes y martes tenemos clases en los mismos tiempos y nos encontramos para almorzar o incluso ir juntos a casa.

Quiero entablar una conversación sobre lo sucedido, que se explique y podamos arreglar esto. Hemos pasado por tantos altibajos para que, por una mala decisión de su parte, nos dejemos de hablar. Sería hipócrita darle la oportunidad de explicarse a los demás, pero no hacer lo mismo con mi amigo de toda la vida.

Aunque realmente quiero enmendar esto, no estoy dispuesta a hacerlo si Josh se sigue parando en la raya, afirmando que lo que hizo fue lo correcto. Porque en realidad no fue la decisión más acertada, repercutió negativamente en más de una persona.

El auto rojo de Nick se estaciona justo en frente de donde me encuentro esperando.

—Llegas puntual. —Abro la puerta del copiloto.

—Se supone que todos los ingleses tienen esa característica ¿Me equivoco? —Enarca una ceja.

—En ese caso, si es una característica que comparte la totalidad de la población, estoy defectuosa —insinúo.

—Ni se te ocurra volver a mencionarlo, así estás perfecta. No hay nada malo contigo y no quiero que lo pienses. —Pasa su mano por encima de mi hombro y me da un beso en la sien.

Miro por la ventana en el camino, no tengo idea a donde vamos y creo que por esta vez, ni siquiera Nick sabe a dónde nos dirigimos.

—Es otoño —afirma —. ¿Dónde está tu abrigo, cariño?

—El día estaba cálido, con algo de sol y pocas nubes, así que desistí de traerlo conmigo.

—Esto es Londres, puede desatarse una tormenta en cualquier momento y más cuando están presentes las estaciones de frío.

—Vi el pronóstico del clima —defiendo.

—Lo dejo pasar, pero no aceptaré que descuides tu salud, en ese caso me haré cargo.

—Como digas.

Observo los asientos traseros y hay una pequeña cajita con un lindo moño.

—¿Qué hay ahí? —Señalo detrás de mí.

—Alguien que se confía del pronóstico climático, el cual claramente puede traicionarte, me dijo que le había gustado un abrigo de uno de los escaparates. Así que me pareció una excelente idea comprarlo. Ya sabes, esa chica tiene que estar abrigada por su alergia y es mi deber no dejar que se resfríe. —Sus ojos no se despegan de la carretera mientras habla.

—No lo aceptaré, no quiero saber cuánto vale —niego repetidas veces.

—Tienes gustos costosos, pero un muy buen ojo para cosas que son de última colección —me hace saber —. Sin embargo, lo compré por dos razones en especial. Primero que todo, te gustó y quise complacerte. Segundo, sé que eres olvidadiza, por eso decidí tener el abrigo en mi auto en caso de que olvides traer uno. Cuido tu salud. —Lo miro con desaprobación —. Quita esa expresión, cariño. Es solo una prenda, que, claramente se te verá preciosa con cualquier cosa que te pongas.

Y continuamos el tire y afloje que evidentemente no ganaría. Al final terminé cediendo, pero solo porque hacía juego con la mitad de mis prendas de vestir.

Almas Rotas ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora