Epílogo.

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Dos años después.

Ava Rodríguez:

-Mira -dijo señalando las pequeñas gaviotas que se asomaban por encima de las montañas- siempre he deseado ser una de ellas.

-Te gustaría ser una montaña? -le dije mirándole algo divertida-

-No Ava -soltó un risotada- una gaviota.

-Aaaaahh vale vale, eso tiene más sentido.

El me miro sonriente y volvió a enfocar su mirada en el camino, tomando el volante con las dos maños y de vez en cuando regulando el volumen de la música que sonaba por la radio. Yo, por mi parte, desvíe mi mirada en la ventana, la cual nos mostraba el paisaje que recorríamos rápidamente.

Así de rápido creo que es el tiempo a su lado. Porque han pasado ya once años desde que le vi por primera vez, y todos se han sentido como un segundo.

Si bien, es verdad que esas mechas rubias están un poco grises ahora, que los sus hoyuelos siguen intactos, pero que ahora cada vez que sonríe unas pequeñas arrugas se forman en sus ojos. Pero sigue conservando esa alegría. Y ese aspecto. Y esa personalidad.

Pueden haber pasado once años, pero yo sigo enamorada del mismo Daniel que conocí en tercero de la ESO con diecisiete años. Y aunque ahora tenga veintisiete, esté llegando casi a los treinta, sigue conservando eso que le caracterizaba, eso que no puedo describir con palabras.

20 de abril, nos dirigíamos a la playa, si, se había convertido en una tradición lo de ir a la playa en abril, y no específicamente porque fuera el lugar de la primera cita. Sino porque al ver donde me había llevado mi reacción fue......

Flashback:
-La playa en abril? -dije algo desconcertada-

El me miro con preocupación. Pero al ver que mi cara de desconcertada cambiaba por una de alegría su mirada se relajó.
————
Exactamente hoy, hace dos años, Daniel y yo nos casamos. Si. Somos esposos. Que locura no? lo que empezó como una mudanza más o como un cambio de aires, se había convertido en la mejor decisión de mi vida.

Mire por el retrovisor y comprobé que mi bolso con el regalo de aniversario estaba ahí, también me fijé en la pequeña cesta que había subido, la cual contenía la comida del picnic. Me recosté sobre la ventana y cerré los ojos.

Daniel Rodríguez:
Mire de reojo a Ava y me di cuenta de que estaba dormida y aunque regrese mi mirada al camino, no pude evitar que una pequeña sonrisa se escapara de mi.

El tiempo con Ava, era como si nunca pasará. Llevaba dos años siendo su esposo, y realmente no me di cuenta en que momento sucedió.

Lo que sí sé es que no me equivoqué...

No lo hice ese primer día que la vi y sentí un flechazo.

No lo hice el día que le ayude con la ansiedad en mates.

No lo hice el día en el que le escribí por primera vez.

No lo hice cuando me declaré.

No lo hice cuando decidimos continuar la relación a pesar de la distancia.

Nosotros dos y una vida. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora