Kiara.
Los sucesos anteriores nos dejaron a mis amigos y a mí agotados mentalmente. Es cierto lo que dicen, el agotamiento físico no se compara en nada al mental, porque con el primero sólo duermes unas cuantas horas y ya está, pero cuando tienes la mente cansada no importa cuanto duermas, el agotamiento seguirá ahí y sólo cuando dejes de pensar en tantas cosas puedes darte un respiro.
La mañana siguiente luego de la pelea de Jam y Dagon, decidimos tomarnos el día libre en el colegio. Nos levantamos, bajamos las escaleras y vimos que la mitad de mi sala estaba destruida. Entré en crisis porque no tenía ni la más mínima idea de como le explicaría eso a mamá.
Jam vió mi preocupación y antes de que rompiera a llorar, un resplandor salió de sus manos y las cosas que estaban destrozadas se reparon. Todo quedó como si no hubiera pasado nada.
Aún no entendía que era Jam, pero gracias a los cielos y a sus poderes sobrenaturales no me castigarían cincuenta años.
Ahora todos estábamos sentados perdidos en nuestros pensamientos.
— Chicos, ¿Acaso estamos malditos? — Sam sonaba y se veía cansada.
— Tal vez — mi mente recopila las cosas que han sucedido. Pensar en una maldición no suena tan disparatado.
Los tres parecíamos sacos de papas hechados en los sillones, mirando el vacío sin movernos. Era como si el simple hecho de respirar nos costara demasiado.
— ¡Los panqueques están listos! — Avisa mamá desde la cocina.
— ¡Ya vamos!
Mamá sale de la cocina y en cuanto entra a mi campo de visión pienso en que fuera sido de mí, si ese Vampiro la fuera lastimado.
Cuando la ví bajar las escaleras recién bañada corrí hacía ella y le dí un fuerte abrazo. No quiero que nadie la lastime nunca.
— Voy a trabajar cariño, en el horno está la comida.
— Está bien mamá — Le brindo una sonrisa cálida.
— Te amo. Adiós chicos
La sigo con la mirada hasta que sale de la casa y sube a su auto.
Aún me parece increíble la belleza de mi madre. Sus curvas se ven bien asentuadas con ese vestido violeta entallado. Su cabello castaño ondeado cae libremente por su espalda llegando a su cintura. Esos ojos azul cielo brillaban bajo la luz del sol. Sus labios estilizados eran adornados por un color vino elegante y esos tacones le daban aires de poder. A pesar de sus cuarenta años su belleza continúa intacta.
— Chicos tengo hambre — Se queja Sam.
— En un día normal diría que Sam siempre tiene hambre, pero hoy estoy de su lado — Jam se toca el estómago haciendo una mueca algo chistosa
— Busquemos los panqueques.
(.)
— Puto estrés, ¿Acaso es un delito descansar?
— Calma Sam, era de esperarse
— ¡Pero es injusto!
— La mayoría de las cosas son injustas
Después de comer y recargar baterías nos enteramos gracias a una llamada que me hizo Clara, una compañera de clases, que la profesora Harrison de Ciencias dijo que si queríamos tener una nota decente en su materia, debíamos hacer una redacción de veinte páginas. Y Sam estaba colérica por eso.
— Kiara tiene razón, casi todas las cosas son injustas. Así que, cálmate.
— Cállate injerto, nadie pidió tu opinión.
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Peligrosa Oscuridad
VampireOscuridad... Tan hermosa pero misteriosa, tan fría pero cálida, tan atrayente pero peligrosa... Esa fue la oscuridad que vi y me atrajo a su sangrienta sonrísa, a sus peligrosos ojos, a su oscuro ser. ¿Acaso estoy loca? No lo sé, de lo único que est...
