CAPÍTULO 23.

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Severus Morgan II.

Después de tanto años estaba aquí, obsevando un rostro un tanto parecido al mío. Un rostro que me hace recordar cuando éramos unos vampiros jóvenes en busca de aventuras. Pero rostro que me hace recordar un pasado horrendo, gracias a una decisión errónea.

— Es cierto, a pesar de todo seguimos siendo hermanos — Acaricio una hermosa rosa de las muchas que hay en este jardín — Estoy bien, aunque un poco preocupado.

— Oh... Supongo que por eso estás aquí — Con las manos en los bolsillos de su traje admira con melancolía la escultura de su difunta esposa — ¿Qué ha pasado?

Dejo la rosa para mirarlo.

— No sé si lo sabes, pero mi hijo visita el mundo de los mortales. Incluso se inscribió en una de sus preparatorias.

Sigue mirando la escultura.

— Sé de algo, pero ¿Eso no está prohibido?

— Lo está.

— Entonces lo que tienes que hacer es prohibirle la salida al mundo mortal.

— Ese no es el verdadero problema — Me mira por primera vez desde que llegamos aquí — Creo que está sucediendo de nuevo.

Silencio.

Levanta la comisura de sus labios para formar una sonrisa.

— Supongo que aún hay cosas que no sabemos.

— ¿A qué te refieres?

— Aún no te puedo confirmar nada, pero creo que pasamos algo por alto.

Coloca una de las rosas a los pies de la escultura. Luego le da un beso en el muslo que tiene descubierto y se levanta.

— Si eso es cierto, ¿Significa que hemos sido engañados? — Pregunto aunque la respuesta es obvia.

— Significa que nos confiamos demasiado.

Estuvimos conversando un rato sobre esto y aquello hasta que era hora de irme. Supongo que a ambos nos hacía falta entablar una conversación como hermanos.

— Gracias por recibirme — Extiendo mi mano.

En vez de estrechar mi mano me abraza. Yo también hago lo mismo.

— Aunque te odio por participar en arruinar mi vida, sé que no tuviste elección.

Nos separamos y ambos nos transportamos a nuestros castillos.

(.)

Ya han pasado un par de días desde que hablé con mi hermano, y aún no he recibido ningún tipo de noticia.

Nathaniel no está por ningún lado. Él cree que no sé cuándo va al mundo humano. No sabe que el escudo protector tiene parte de mi poder, y puedo sentir cuando alguien lo atraviesa.

Camino por los largos pasillos del palacio observando los retratos colgados en las paredes, hasta que me detengo frente a uno en particular. Un retrato que me trae un sinfín de recuerdos. El retrato de la reina.

Mi reina...

Su negra melena cae en ligeras ondas a lo largo de su espalda. Sus labios pintados de un rojo intenso resaltan entre su pálida piel. Ese vestido escarlata acentúan su pequeña cintura.

¿A dónde fuiste? ¿Qué te hicieron?

Siento que estaría más tranquilo si fuera encontrado tu cadáver. Pero, ¿Por qué siento que aún sigues viva? Tal vez es porque no he podido despedirme como es debido.

Ese día se repite en mi cabeza como una tortuosa pesadilla. Un día estaba a mi lado y al otro se desvaneció como si nunca hubiera existido.

Casi pierdo la cabeza cuando la busqué por todo el palacio. Esa noche no pude estár a su lado porque surgieron problemas con el escudo y tuve que ir a ver lo que ocurría. Pasé toda la noche junto a mi hermano Cornelius reparando una grieta. Algo me decía que esa grieta era extraña, pero no presté atención.

Ya casi amanecía, lo que significaba que ella estaría en nuestra recámara, pero no fué así. Me despoje de mi sucia ropa con un mal presentimiento. Entré a la habitación de Nathaniel y sólo estaba con Christopher. No le pregunté por su madre para no alarmarlo.

Seguí buscando en la cocina, la biblioteca, los pasillos, la habitación de reliquias, el lugar de nuestros tronos. Pero no había rastros de ella. Pensé que tal vez estaría afuera. Sólo los que llevan el linaje real pueden exponerse al sol sin recibir daños.

Bajé al jardín porque tal vez ella estaría admirando las hermosas flores del jardín que hice para ella. Pero no encontré nada.

El mal presentimiento incremento y volví a nuestra recámara. Abrí su armario y este se encontraba intacto, sólo un vestido azul no estaba allí. La cabeza me daba vueltas. Algo no estaba bien.

Mandé a llamar a un grupo de guardias para que buscarán sin levantar sospechas. Envueltos en poder mágico para no ser dañados por el sol, salieron en busca de ella.

Las horas se me hicieron eternas hasta que llegaron cuando el sol se estaba escondiendo. Su reporte fué como si me estuvieran desmembrando vivo.

No hay rastros de la reina ni de su paradero su majestad.

En ese momento estallé. Llamé a toda la guardia para que hicieran una búsqueda minusiosa. La noticia llegó al Reino de mi hermano haciendo que se uniera a la búsqueda.

Pasé días enteros revisando cada rincón. Buscando hasta debajo de las piedras si encontrar nada. Fueron meses así, hasta que me resigné, ella no aparecería.

Cerré la recámara que compartía con ella y me mudé a otra alcoba. Estar allí era una tortura para mi. Nathaniel se encerró en su alcoba por semanas. Sólo dejaba entrar a los encargados de su alimento y ocasionalmente a Christopher.

El castillo se sentía vacío sin ella... Aún se siente vacío.

Ver su retrato hace que me siente el hombre más miserable del mundo. Pero también me hace sentir dichoso de haber tenido a una mujer tan hermosa como mi esposa.

Su cara era una representación de la belleza, con facciones suaves y delicadas. La maraña de cabello azabache que le encantaba tener suelto casi a la cintura. Un cuerpo admirable con curvaturas que sólo yo pude apreciar.

Una sonrisa se instala en mis labios al recordar todas la veces que me sacié con su cuerpo. Las veces que escuché sus sonidos placenteros. Cuando me provocaba y la hacía mía en los bancos del jardín.

Mi alma llora en silencio por no tenerla. Ella fué y siempre será mi única reina. Ese puesto le pertenecerá a ella para siempre.

Yo seré de ella para toda la eternidad.

— Su alteza, ¿Se encuentra bien?

Allison, la jefa de limpieza se encuentra quitando el polvo de los retratos a mi lado.

— No es nada, sólo estaba... — Miro el retrato con un poco de melancolía — Recordando.

— La reina era hermosa, ojalá la hubiera conocido en persona. Dicen que era una buena reina.

— Era la reina perfecta.




Peligrosa Oscuridad Donde viven las historias. Descúbrelo ahora