CAPÍTULO 21.

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Christopher.

Siempre es lo mismo. El estúpido de Nathaniel hace de las suyas mientras yo le cubro la espalda. No importa si la culpa es sólo de él, siempre el castigo va para los dos.

El último castigo fué horrible. Estábamos llenos de mierda, con una sed terrible y cansados. Aún me estoy reponiendo de esa semana de pesadilla.

En la semana que estuvimos a cargo del cuarto escuadrón no nos alimentabamos bien. En ese lugar sólo había una asquerosa sangre almacenada. No nos permitieron llevar a los humanos encargados de nuestro alimento, así que teníamos que conformanos con esa sangre o morir hambrientos.

No había baños, lo que significaba que teníamos que bañarnos afuera. Teníamos que estár junto a un montón de hombres desnudos, pero ellos evitaban mirarnos por respeto a nuestro título de príncipes.

Una completa pesadilla.

El día que llegué a mi cómoda ducha me sentí en la gloria. Nunca había valorado tanto tener mi propia ducha con agua graduable. Ese día me dí una ducha larga y recorfortante. Y ni se diga de cuando entraron los encargados de mi alimento.

Llamé a una escuadrilla de guardias que me detuvieran si me propasaba. Si no me detenía, ellos me tomaban de los brazos y hacían pasar al siguiente.

Todo por el maldito de Nathaniel.

Y ahora estamos aquí. Cumpliendo otro de sus caprichos, sólo espero que no nos atrapen. Si nuestros padres se enteran de esto nos rebanaran.

Estoy muy aburrido de estár parado aquí. No siento ningún tipo de peligro. Mejor voy a caminar un rato. Miro al Kamder que está a mi lado. Literalmente está allí como una estatua, pero estoy seguro de que si siente alguna amenaza no dudará en atacar.

— Oye, iré a caminar un rato. Si sientes algo raro me envías una señal — Le informo.

En esta calle no hay casi nadie. Sólo un par de personas por aquí y por allá. No es necesario volverme invisible, de todos modos parezco un chico común y corriente.

Camino por la acera obsevando a los transeúntes. Un par de chicos juegan con sus patinetas mientras hablan de cualquier cosa. Una pareja camina tomada de la mano mientras sonríen como bobos. Y un grupo de chicas charlan de su día en la preparatoria.

A veces pienso que lo humanos son tan inocentes. Andan como si no hubiera peligro alguno. Ni siquiera se percatan de las cosas que suceden a su alrededor. Sólo viven en una burbuja que para ellos luce impenetrable pero sólo un pinchazo basta para hacerla estallar.

Aunque bueno, son humanos. Tienen que disfrutar de su corta vida.

Me detengo en una linda casa. Aquí vive la amiga de Kiara, Sam. El día que Nathaniel me involucró «como cosa rara» en uno de sus planes, tuve una linda charla con ella. Me sorprende que tenga una energía tan contagiosa. La oyes hablar con tanta alegría y vehemencia que sin darte cuenta te congia. Pero siempre he pensado que tiene algo peculiar, pero no pensaré en eso.

No puedo negar que esa chica es linda.

En que demonios estoy pensando, ella es una humana. Pertenecemos a mundos diferentes.

De pronto siento una fuerte aura. Sin pensarlo dos veces corro con esa rapidez que tienen los vampiros. Parece que es el aura de Nathaniel, tal vez está en problemas.

Llego al lugar en donde está el Kamder, y este se encuentra en la misma posición. ¿Acaso no siente el aura de Nathaniel?

— ¡¿Qué haces ahí parado? Nathaniel está en problemas! — Le grito un poco agitado.

Peligrosa Oscuridad Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora