CAPÍTULO 31.

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Desconocido.

Me paseo por los grandes pasillos de mi castillo. Observando cada retrato que está colgado en las paredes, me detengo en uno muy especial para mi, en ese momento todo estaba bien.

Detallo la postura de las seis personas que están en dicho retrato y no puedo evitar extrañar esos momentos.

En los últimos días he sentido mucho alboroto en el portal. Pero hace poco sentí un poder que no sentía desde hace mucho...

— ¡Majestad! — entra Cedric alterado — Tiene visita.

No hace falta preguntarle quien es, desde hace ya un rato lo estaba sintiendo. Tomo el camino a la entrada del palacio seguido de Cedric y un par de guardias.

Al llegar lo veo de espaldas, pero noto que está más fornido, tiene el cabello azabache un poco largo y posee un poder intenso.

Se da la vuelta sonriendo, clavando sus ojos carmesí en mi. Ojos que tienen la marca de poder absoluto. Se acerca alertando a los guardias que me acompañan, pero tal cosa parece divertirle.

— ¿Así resives a una visita? — pregunta deteniéndose.

— ¿Qué quieres? — sé que algo vino a pedir.

— Sólo vine a saludarte — me exaspera en sobremanera.

Es evidente que quiere algo de mi, pero no lo pedirá delante de los guardias. Suspiro cansado y le ordeno a los guardias que me dejen sólo.

— Pero señor, él es muy peligroso — susurra Cedric.

— Yo me encargo de él — asiente abandonando el lugar con los guardias.

Ambos quedamos completamente solos en el gran salón. Aún no puedo creer que tenga la marca de poder absoluto. Al parecer utilizó su tiempo libre para dominar todos sus poderes.

— Veo que el estár desterrado no te privó de lujos — comenta mirando todo a su alrededor.

— Ya déjate de estupideces y dime que quieres.

— La paciencia en una cualidad que pocos aprenden a cultivar — camina por el lugar observando cada cosa — deberías cultivarla, eso te ayudaría.

Tiene razón, pero no es que me falte paciencia, es que con en la pierdo. Su presencia arruina mi genio por completo y me hace recordar los sucesos que me orillaron al desastre.

— Me gusta tu atuendo — sigue bromeando y yo ya me estoy hartando.

— Si no tienes nada importante para decir, entonces vete — doy la vuelta dirigiendome hacia las escaleras.

— Está despertando — dice de repente logrando que me detenga.

— ¿A qué te refieres? — pregunto sin darme la vuelta.

— Tu sabes a lo que me refiero — dice lento.

Eso no puede ser posible, estoy seguro que todo estaba bajo control. Seguro es una de sus malas bromas para captar mi atención.

— Eso no es posible — lo miro incrédulo.

— ¿Estás seguro? — enarca una ceja

— Si eso fuera cierto, entonces...

El golpe de la verdad me atropella dejándome mudo. Esto no puede estár pasando.

— También lo sentiste, ¿Cierto? — pregunta.

Pero yo sólo pienso en todo lo que pasará de ahora en adelante. Miro la expresión que tiene plasmada en su rostro y empiezo a entender todo.

— ¡¿Estás demente?! — le reclamo.

Peligrosa Oscuridad Donde viven las historias. Descúbrelo ahora