CAPÍTULO 40.

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Heraze.

Mi amor por aquella chica era demasiado intenso, pero no me atrevía a decirle que me gustaba. Tenía miedo de ser rechazado y que se alejara de mi.

Pero en algún momento tenía que confesarle mi amor.

Una noche, mientras Niven me estaba contando que su padre la había echo enojar, escuché pasos apresurados que se acercaban al arrollo. Era extraño que alguien fuera a ese lugar.

Las ramas secas crujían avisando la llegada de alguien.

— ¿Quién está ahí? — pregunté con voz demandante.

Vislumbré una silueta a la que pude identificar como mi hermano mayor, Severus.

— Heraze, mi padre nos convocó con urgencia — dijo en cuanto estuvo cerca.

— ¿Qué ha pasado? — era raro que mi padre nos convocara.

— No lo sé — sonó cansado — pero debemos ir ahora.

Debía de ser algo muy importante como para que nos convoquen.

— ¿Te irás? — pregunta Niven detrás de mi.

— Si, pero mañana estaré de nuevo aquí — le sonrío tranquilo.

Me mira dedicándome una hermosa sonrisa, para luego posar su mirada sobre Severus. De inmediato esa sonrisa de esfuma y su rostro adopta una expresión de sorpresa.

— Es mi hermano — susurro para que reaccione y deje de mirarlo.

— Su majestad, no me había percatado de que era usted — hace una reverencia — le suplico que me perdone.

El duro rostro de mi hermano, adquirió un brillo que no supe descifrar, mirando a Niven por unos segundos.

— ¿Quién eres?

— Mi nombre es Niven señor, Niven Strickland — dijo sin mirar a Severus.

— Levanta la cara — le ordena mi hermano con autoridad.

Ella acata la orden mirándolo. La vista de Severus pasaba de Niven a mí y viceversa, hasta que se detuvo en ella.

— Vámonos Heraze — dice con la mirada fija en Niven.

Me despedí de Niven y ella sólo me dedicó un leve asentimiento. Corrí al lado de mi hermano, y por su expresión sabía que iba a hacerme preguntas.

— ¿Quién es esa chica? — por fin se dignó en preguntar.

— Alguien que conocí en el arrollo — respondo tranquilo.

— ¿Tienen algún tipo de relación?

Fruncí los labios incómodo con aquella pregunta.

— No.

Quise que dejará de preguntar, y así fué hasta que llegamos al castillo.

— ¿Esa chica te gusta Heraze?

La respuesta a esa pregunta era un rotundo si, pero no se lo diría. La primera persona que sabrá que me gusta será ella.

— No — mentí.

Severus asiente levemente. Entramos al gran salón en donde nos esperaban mi padre, Cornelius y Marcus.

Mi padre se veía un poco mejor, ya no daba la impresión que te mataría. La razón por la que nos mandó a llamar era porque iba a estár fuera del palacio un tiempo y necesitaba que nos hicieramos cargo del castillo. Ya que no había un heredero como tal, entonces los cuatro seríamos reyes sustitutos. No refutamos, sólo asentimos ante su pedido.

Peligrosa Oscuridad Donde viven las historias. Descúbrelo ahora