CAPÍTULO 27.

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Kiara.

Dos semanas, dos putas semanas han pasado desde mi encuentro con Nathaniel y desde ese día no he sabido nada de él.

Esa noche me desconocí, a pesar de que fué mi primera vez y me dolió no actúe como tal, de repente tomé el control de la situación sin importarme nada. Después de cuatro tandas quedé completamente exhausta y me quedé dormida.

En cuanto me desperté, él no estaba conmigo, pero no lo tomé a mal. Tampoco es que quisiera que estuviera allí y que todos los vecinos lo vieran salir de mi casa. Sólo me concentré en quitar la sábana que tenía una mancha de sangre y olía a sexo.

Agradezco que mis padres estuvieran en sus salidas amorosas y duerman fuera de casa. Yo sé que andan haciendo cochinadas y por eso no duermen en casa. Pero quien soy para juzgar si yo estaba haciendo lo mismo.

Limpié la habitación y eliminé los rastros de que Nathaniel estuvo aquí. Mis pechos tenían chupetones y tenía la piel con moretones en la cintura y las muñecas. Me aseguré de cubrirme sin parecer sospechoso. Aquí es donde odio mi color de piel, un simple morado tarda días en desaparecer. Pero estos hematomas tardarán semanas.

Pero aquí estamos, dos semanas después con los hematomas casi invisibles y el chico que los hizo desaparecido.

— Deja esa cara Kiara, parece que tienes una escoba metida en el orto — Me codea Sam — Nathan no ha venido a clases, tampoco es el fin del mundo.

Sam no sabe lo que pasó. Decidí no contárselo porque se volvería muy intensa y yo necesito procesarlo primero.

— Preciosa — Me saluda Jam con un beso en la frente — Sam — A esta la saluda con un leve asentimiento.

— Hola injerto mal hecho — No se hace esperar los insultos de Sam.

Jam rueda los ojos con fastidio. A veces es gracioso verlos discutir.

— ¿Por qué no estás en clases? — Interrumpo la discusión que estaba por armarse.

— Gracias a mi gran intelecto, fuí uno de los pocos que pasaron la prueba de muerte — Se vanagloria Jam — así que puedo estar fuera de esa clase.

— Oh, deje y me inclino ante usted su majestad — Me levanto haciendo una reverencia.

Nos reímos a carcajadas por las idioteces de los dos. Sam pelea con Jam a cada nada y entre risas e insultos vamos a la cafetería de la preparatoria.

— Necesito algo dulce — Dice Sam.

— Yo necesito algo crocante — Jam se relame los labios.

Yo no es que quiera algo en específico. Bueno, lo único que quiero es que el chico con los ojos carmesí se aparezca.

La cafetería está llena, y tenemos que hacer una aburrida fila para poder ordenar. Mis amigos se desesperan de que cuendo les llegue su turno no encuentren lo que buscan. Yo sólo pediré algo al azar.

Llega nuestro turno de ordenar. Jam pide unos nachos, Sam un pastel de chocolate y yo pedí un batido de fresas.

— Esto está delicioso — Sam tiene las mejillas llenas de su pastel — Sara no me decepciona cuando de dulces se trata.

Nos sentamos en una bancas. Miro a mis compañeros de clases jugar entre si y a unas cuantas parejas darse amor. Pienso en mi noche con Nathan, fué tan única. Pero no entiendo porque sólo desapareció, eso me hace sentir usada.

¿Y si eso era todo lo que quería?

Me mostró lo que de verdad era, se mostró preocupado por mi. Todo eso para nada, porque sólo se sació y se fué.

Peligrosa Oscuridad Donde viven las historias. Descúbrelo ahora