Kiara.
Estoy preocupada por Jam. No le creo nada de que se sentía bien, pero confío en que la señora Petrucci hará algo.
Miro a mi amiga y se ve como si estuviera en otro mundo.
— ¿Estará bien?
— ¿Eh? — Me sorprende su pregunta.
— Me refiero a Jam.
— No lo sé, pero no creo que esté muy bien.
— Pensé que iba a morir.
La nostalgia en su voz me deja sorprendida ¿Sam preocupada por Jam? Esto es muy, muy raro. Pero no diré nada, en algún momento hablaremos de eso.
— Estoy cansada... — Me estiro bostezando en el sillón.
— Yo también. Deberíamos dormir, mañana tenemos que volver a la estúpida preparatoria.
— Tienes razón, ¿Dormirás aquí o irás a tu casa?
— Iré a casa, necesito el calor de mi habitación.
Nos despedimos y le hago compañía mientras su madre la recoge. Espero pueda descansar, porque con todo lo que pasó no creo que yo pueda hacerlo.
(.)
Después de todo, si pude dormir. Luego de que Sam se fuera con su madre, aseguré todas las puertas y ventanas, subí a mi habitación y le envié un mensaje a mamá para decirle que la cena estaba en el microondas. En cuanto me acosté y cerré los ojos, me quedé profundamente dormida.
Tan dormida que no siquiera soñé, cuando me dí cuenta ya había sonado el despertador.
Aunque me levanté temprano para nada, porque la profesora loca de castellano no asistió. Aunque Jam tampoco fué y Nathaniel tampoco lo ví.
Los días siguieron transcurriendo hasta que se pasó una semana entera y ninguno de esos dos se asomaron por el colegio.
— ¿Y si vamos por un helado? — Propongo cuando salimos de clases.
— Si, yo necesito una dona.
— Jam debe estár descansando.
Ese día no se veía nada bien y, supongo que aún se está reponiendo.
— Vamos, tengo hambre. Últimamente tengo más apetito.
— Entonces vamos.
— Hola chicas.
Esa voz nos paraliza y, aunque sabíamos de quién se trataba, el asombro me hizo preguntar lo obvio.
— ¿Nathaniel?
Se veía radiante. Pensé que no podía verse más guapo, pero con el cabello desordenado se ve aún mejor.
— Al parecer no era el rostro que querías ver.
— No, sólo que me sorprendí.
Todavía es impresionante el potente efecto que hace en mi. Avanza hacia donde estoy y comete el delito de sonreír, puedo jurar que mi corazón se paralizó por un par de segundos cuando esos dientes blancos y perfectamente alineados se mostraron.
— Perdóneme entonces por sorprenderla de esa manera — dice cuando está delante de mi.
Su cercanía me afecta en sobremanera. Miro sus labios y mi mente viaja a lo que pasó en mi sala, de inmediato siento el rostro caliente y no es necesario mirarme en un espejo para saber que estoy como un pimentón.
— Vamos por un helado, ¿Quieres venir? — Le dice Sam.
¡Gracias a todas las deidades que Sam me salva en el momento oportuno!
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Peligrosa Oscuridad
VampireOscuridad... Tan hermosa pero misteriosa, tan fría pero cálida, tan atrayente pero peligrosa... Esa fue la oscuridad que vi y me atrajo a su sangrienta sonrísa, a sus peligrosos ojos, a su oscuro ser. ¿Acaso estoy loca? No lo sé, de lo único que est...