CAPÍTULO 18

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Kiara.

Aún estoy en shock por lo que Nathaniel dijo, y no sé indentificar lo que somos ahora. Pero es mejor así porque siento que las cosas van demasiado rápido.

— Gracias al cielo que cuando entré mi billetera estaba allí, no quiero ni imaginar si no la hubiera encontrado— Se queda un poco pensativa — es muy raro que nadie se llevara mi billetera, estaba en un lugar visible.

Sam estaba hable y hable sin parar, ya sentía que la cabeza me daba vueltas.

— Es un misterio que resolveremos después, ahora sólo quiero comer mi helado.

— Pero Kiara, ¿No es extraño?

— Tal vez sólo es casualidad Sam.

— Tal vez...

Nathaniel estaba a mi lado viendo como devoraba mi helado. Ya le había preguntado tres veces si quería un helado y la respuesta es la misma “no me apetece”

— Nathaniel, ¿Qué haces en tus tiempos libres? — Pregunta Sam con una latente curiosidad.

Bueno, yo también tenía curiosidad.

— Me gusta leer y entrenar.

Era evidente por la forma en la que se expresa que le gusta la lectura. Y su cuerpo bien tonificado era muestra de un buen entrenamiento.

— ¿Qué libros te gustan? — Seguía preguntando mi amiga.

— Los romances históricos.

— Debes ser muy romántico.

Me echa un vistazo y luego dice:

— Sólo lo seré con la dueña de mi corazón.

Sutil, muy sutil Nathaniel.

— Que lindo, esa chica será muy afortunada  — habla y me echa una mirada confundida.

Siguen hablando trivialidades por un buen rato y, aprovechando que está entretenido con Sam puedo disfrutar de mi helado a gusto.

Cuando estaba a punto de terminar mi helado, algo extraño pasó. Mi vista se empezó a difuminar al punto de no ver nada y de repente ya no estaba en la cafetería.

Me encotraba caminando por un pasillo extraño con grandes ventanales a un lado. Seguí hasta que estuve frente a una gran puerta, era alta y color caoba, daba aires de ser antigua. Empujé la puerta y esta cedió muy rápido. Me adentré al lugar y no era más que una recámara, o mejor dicho una gran recámara color azul cielo.

Una cama gigante estaba en el medio. Un gran gavetero del mismo color de las paredes con unas flores rosadas dibujadas con estilo exquisito en la cobertura. A la derecha estaba un armario y a la izquierda se encontraba la ventana dándole claridad al lugar. Quise seguir observando el lugar hasta que percibí que algo se movió en la cama.

Me acerque con mucha cautela para poder ver que era. Parecía que había alguien dormido allí, pero no lo podía ver bien. De nuevo hizo otro movimiento como si se estirará, mis alarmas sonaron cuando el susodicho se incorporó.

Era un hombre.

Me quedé quieta en mi lugar esperando que no se diera cuenta de que estaba allí, pero rápidamente se percató de mi presencia. No hizo nada, sólo actuó como si no le incomodara que estuviera aquí. Tenía ganas de salir de esa habitación, pero por alguna razón no podía retroceder, al contrario, caminé hacia él.

El hombre se puso de pie dándome la espalda y dicho hombre estaba... Desnudo. Seguí avanzando hasta rodear casi por completo la cama, gracias a Dios se colocó una especie de túnica para cubrirse. Avancé hasta estar frente a él, una sonrisa pícara adornaba su rostro, tenía el cabello desordenado dándole un aire erótico.

Peligrosa Oscuridad Donde viven las historias. Descúbrelo ahora