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Una arcada volvió a mi garganta lo que ocasionó volver a inclinarme sobre el retrete.

- Shh – Frederick sobó mi espalda mientras sostenía mi cabello.

En cuanto él me ayudó a abrir el departamento mi estómago no pudo más, corrí al baño de mi habitación y expulsé todo lo que mi cuerpo rechazaba. Jalé del retrete y me volví a sentar en el suelo cerrando mis ojos, el mareo había pasado probablemente me veía horrible en esta posición, pero no me importaba dormir aquí con tal de que me sintiera mejor.

Sentí a Frederick irse y volver a mi lado, finalmente abrí mis ojos y lo encontré en la puerta cruzado de brazos sosteniendo la receta que me había dado Ariel.

- Tiene el nombre de mi madre – levantó el papel.

- Que gran deducción – le dije.

- Paroxetine – me dijo – Fue lo que te recetó.

- Fue hace mucho.

- Ese antidepresivo es controlado, la receta tiene fecha de hace dos semanas – informó – soy psiquiatra, ¿recuerdas?

- Psiquiatra, no doctor – levanté mi dedo.

- Tuve que pasar por la facultad de medicina para poder especializarme.

Estaba perdiendo este argumento, probablemente si estuviera en mis cinco sentidos hubiera podido contestarle ganando yo la conversación, pero lo único que hice fue volver a jalar el retrete verificando que todo se haya ido y sostenerme de este para levantarme.

Una vez levantada me apoyé en la pared dejando pasar el mareo y caminé hacia el lavabo, una vez frente al espejo agradecí por no maquillarme tanto, mi rímel estaba solo un poco corrido, probablemente solo la pequeña cantidad que me había puesto y las sombras en mis párpados ya no existían, mi labio había parado de sangrar desde el momento en el que subimos al coche pero no tenía tiempo de ponerle atención, suspiré, tomé mi cepillo de dientes y comencé mi trabajo, humedecí unos algodones con el aceite desmaquillante y lo pasé por mi cara, cuando terminé me senté en el retrete y volví otra vez a Frederick, no se había movido desde que me había cuestionado, se recargó en el marco de la puerta sin decir nada.

- ¿Necesitamos ir al hospital? – pregunté rompiendo el silencio, negó.

- Probablemente fue una reacción al mezclar ambas cosas – explicó – Ya estaríamos ahí si hubieras tomado más de una botella.

- ¿Y cómo sabes que no estoy borracha y no fue así? – pregunté.

- Porque no quité mi vista de ti en ningún momento – respondió.

Me miraba con lástima, pero a la vez con deseo, el espacio cada vez se hacía más pequeño y tenía miedo de que empezara a notar que mi respiración comenzaba a entre cortarse.

- Tengo que bañarme para quitarme todo el sudor y el humo del cigarro – anuncié - ¿puedes cerrar la puerta?

- Primero deja curarte la herida – entró al baño.

- No es necesario – suspiré – la lavé.

- Lo que ocasionó que volviera a sangrar – me dijo, fruncí el ceño – ¿dónde tienes un botiquín?

- Debajo del lavabo – indiqué rindiéndome ante su insistencia.

Tomó el botiquín después de hacer a un lado todo lo que le estorbaba y se arrodillo frente a mí, dejó la caja en el suelo y volvió hacia mí, después de mirarme unos segundos llevó su mano a mi cabeza y comenzó a masajearla, cerré los ojos ante tal acción.

Después de ti. (TERMINADA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora