Pensó que ya lo tenía bajo control, que al por fin haber obtenido lo que tanto estuvo anhelando y deseando por meses se iba a tranquilizar y su libido disminuiría, pero no es así. Ira sigue igual que cuando conoció por primera vez al ángel y ahora lo tiene sujeto del arco de las blancas alas, la suavidad que siente contra las escamas que cubren sus manos es increíble y la manera en que Eijiro se arquea debería ser pintado en un lienzo porque es una obra de arte.
No está seguro de cómo vaya a funcionar su relación, porque no se trata de dos, sino de tres y es complejo. Cuando el placer se vuelve abrumador o quiere hacer al ángel correrse sin control, Ira toma las riendas de su cuerpo y hace unas barbaridades con el pelirrojo que incluso él se sonroja, claro que todos terminan satisfechos al punto de quedar dormidos, pero ese no es el punto malo. Obviamente no.
Baja la cabeza hacia la parte trasera del cuello de Eijiro, la capa de sudor que lo cubre liberando ese aroma a mar que tanto lo vuelve loco y hace salivar, no duda en lamer antes de morder con fuerza, el ángel grita e Ira tira de las alas, acelerando los embistes en contra del cuerpo bronceado. Es el pelirrojo el primero en correrse contra el colchón, la cantidad que expulsa es grande y muy liquida.
Sonríe al momento de soltarlo, lamiéndose los labios al ver el desastre que ha hecho con el cuerpo que piensa amar por toda la eternidad. Los hombros decorados con chupetones y mordidas, la espalda que se mueve aceleradamente debido a la respiración también posee marcas de los días y noches que han compartido con desenfreno.
Recorre los costados con ambas manos, la vista de las escamas azul cobalto acariciando la piel besada por el sol es tan impactante, le quita el aliento.
— ¿Sigues con nosotros? —pregunta, observando a Ira estirarse cual gran felino y soltar un bostezo, acurrucándose contra la calidez del ángel— Eijiro, ¿estás bien? —No puede girarlo debido a que las alas se encuentran abiertas, por lo que sale del interior y lo toma con sumo cuidado con ambos brazos, apoyando el pecho del pelirrojo contra el propio— Aquí, ya te tengo.
— Mi cabeza da vueltas...
— ¿Es así? —Con la mano izquierda masajea la nuca del pelirrojo, mientras que con la derecha delinea el arco de las alas. Seguramente se encuentren entumecidas o adoloridas al haber sido sujetas con tanta fuerza— ¿Quieres ir a comer algo? —la frente de su tierno amante se apoya en su hombro y lo siente negar, las manos afianzándose a su espalda.
— Creo que si como algo ahora, lo vomitare.
— ¿Tan mal te sientes? —eso lo hace fruncir el ceño, separa un poco a Eijiro de su cuerpo para poderle ver el rostro y usa la diestra para que apoye la mejilla izquierda— Estás...tibio.
— ¿Tibio?
— Sí, normalmente eres fresco —hace una mueca, antes de atraerlo y besarle la mejilla libre—. Aunque supongo que es comprensible después de todo lo que te he hecho.
— Tiene sentido.
— Sí, lo tiene —sonríe contra la piel, el aroma a mar que desprende el pelirrojo sigue siendo increíble—. ¿No tienes sueño?
— Apenas y me desperté hace media hora —el ángel hace un puchero—, ¿cómo esperas que tenga sueño ahora?
— Oh, de acuerdo. Una disculpa, te levantaste sin nada puesto y eso nos descontroló a Ira y a mí.
— Y cómo yo iba a saber ese riesgo, no me lo dijeron. Por otro lado, ¿dónde dejaron mi ropa? Ni siquiera mi camisa blanca encontré.
— Una disculpa, otra vez.
— Está bien, te perdono —La sonrisa radiante de Eijiro lo hace sonreír y atraerlo para besarlo en los labios.
Luego de tomar una ducha, cambiarse y arreglar la cama, por petición del ángel, ambos se reúnen con los demás y la mañana se torna agradable como las veces pasadas, llevan así ¿diez días? Bueno, acostumbrados sí, pero en total dieciocho e incluso Monoma ha empezado a relajarse, aunque no está seguro de llamarlo así cuando Sero y él lo molestan al punto de hacerlo prenderse en llamas.
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El Pecado de un Ángel (BakuShima)
FanficBakugo Katsuki no creyó que unas palabras lo hicieran vivir tantas cosas y todas gracias a una sola persona, mejor dicho, un solo ángel. Eijiro ha llegado a su vida para evitar así una guerra, una que él sabe que podría ganar en compañía de sus comp...