Los parpados los siente tan pesados que por un segundo piensa que se han pegado, por lo que se lleva ambas manos a la cara y se frota el rostro, gruñendo ante la increíble sensación de descanso que tiene en todo el cuerpo. No siente dolor de cabeza, tampoco corporal ni escucha la molesta voz de Violencia amenazando con matarlo junto con los demás, eso es suficiente para que sonría.
El sonreír le resulta extraño, incluso en sus mejillas puede sentir un poco de molestia. Suelta una risilla baja, agradeciendo de poder tener un momento para sí solo y se da la vuelta en la cama, dispuesto a disfrutar de aquel silencio por más tiempo.
— Buenos días, guapo —la extraña voz lo hace sentarse de golpe, encontrándose a los pies de su cama un pelinegro de piel clara, el cual no tiene el mejor aspecto—, ¿te parece bien si me bajas de aquí y me desatas? Ya no siento las manos.
Grita.
Solamente grita y sale de la cama, corriendo fuera de su habitación. La imagen del sujeto ha sido demasiado: el cinto que ataba las manos juntas y lo mantenían colgado, los brazos adornados con golpes y cortes profundos, un cinturón más que estaba alrededor del cuello ya había dejado marca de haber sido usado para asfixiar al pelinegro; las múltiples heridas en torso, abdomen y caderas, muslos, chamorros y pies, cada una de ellas adornadas por llamativos hematomas.
¡¿Él le hizo eso?! ¡No lo recuerda!
Baja las escaleras de forma torpe. Siente adormilado el cuerpo, cansado a pesar de despertar hace poco, pero eso no evita que tropiece en el tercer escalón cayendo de costado contra el suelo. El golpe que le hace jadear en busca de aire, sin embargo, encuentra un poco de alivio al verse lejos del desconocido.
— Te dije que iba a salir corriendo en cuanto lo viera; perdiste —la voz de Bakugo lo hace hacer una mueca, más por lo que ha dicho.
— Si, es cierto.
— En ese caso, sabes lo que te toca.
— Lo sé, pero ¿no puede ir Eijiro?
— No.
— ¿Por qué no? Dijiste que Ira estaba bien con Lujuria.
— Pero yo no. Ve.
— Oigan —la voz desconocida le hace abrir los ojos de golpe, viendo con horror hacia el comedor, en donde se encuentra Bakugo, un pelirrojo y Todoroki, los tres viéndolo—, ¿no deberían ayudarlo primero?
— Ángel, esto es importante —señala Bakugo, cubriéndole los ojos al pelirrojo con la mano derecha, la cual cruza frente de sí.
— ¿Por qué le cubres los ojos? ¿Cómo que "ángel"? ¿Quién es él y porque hay desconocido en mi cuarto? —las preguntas que hace se tropiezan una con otra, la boca se siente seca y su lengua torpe, lo que le hace preguntarse cuánto tiempo estuvo dormido— Por favor, respondan algo, yo...
— Estas desnudo, Izuku —responde Todoroki, deslizando la silla hacia atrás para levantarse e ir con él, cubriéndole con una manta que ya traía en manos—, esa es la razón por la que Bakugo ha cubierto los ojos del ángel, porque sí, es un ser celestial.
— Mi nombre es Eijiro —tiembla ante la dulce voz, hay algo en ella que hace a Violencia removerse un poco incomodo antes de girarse y seguir durmiendo—, soy un ángel otorgador de alegría, cuidador de enfermos y guiador de niños perdidos.
Responde el pelirrojo con una radiante sonrisa de filosos dientes estaca, sin embargo, el que Bakugo le está cubriendo los ojos es extraño. También que el azul cobalto este presente en aquella rojiza mirada, pero siga tranquilo al lado del ángel sin hacerle daño alguno.
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El Pecado de un Ángel (BakuShima)
FanfictionBakugo Katsuki no creyó que unas palabras lo hicieran vivir tantas cosas y todas gracias a una sola persona, mejor dicho, un solo ángel. Eijiro ha llegado a su vida para evitar así una guerra, una que él sabe que podría ganar en compañía de sus comp...