NUEVE CAMPANADAS
—¿Y si digo que no, Im? —Tan solo era una pose, y Hyungwon lo sabía. El tiempo para protestar había pasado hacía mucho. Ya estaban trotando por la suave inclinación del tejado de la embajada hacia el sector drüskelle, Jooheon jadeando por el esfuerzo, Minhyuk dando zancadas con facilidad, e Im manteniendo el ritmo a pesar de sus andares torcidos y su falta de bastón. Pero a Hyungwon no le gustaba lo bien que ese ladrón rastrero era capaz de leerle—. ¿Y si no te doy lo que me queda de mí mismo y de mi honor?
—Lo harás, Chae. Hoseok está de camino a la Isla Blanca ahora mismo. ¿De verdad vas a dejarlo abandonado?
—Supones muchas cosas.
—A mí me parece una cantidad perfecta.
—Esos son los tribunales, ¿verdad? —preguntó Minhyuk mientras corrían sobre el tejado, viendo fragmentos de los elegantes patios debajo, todos con una fuente burbujeante en medio y con sauces de hielo desperdigados—. Supongo que, si van a sentenciarte a muerte, este no es un mal sitio.
—Hay agua por todas partes —dijo Jooheon—. ¿Las fuentes simbolizan a Djel?
—El manantial —musitó Changkyun—. Donde limpian todos los pecados.
—O donde te ahogan para hacerte confesar —replicó Jooheon.
Minhyuk resopló.
—Jooheon, tus pensamientos se están volviendo muy oscuros. Me temo que los Despojos puedan ser una mala influencia.
Utilizaron un segmento doblado de cuerda y el gancho de sujeción para cruzar hasta el tejado del sector drüskelle. Tuvieron que sujetar a Jooheon a un agarre, pero Minhyuk y Changkyun avanzaron con facilidad por la cuerda, mano sobre mano, con enervante velocidad. Hyungwon lo hizo con más cautela y, aunque no lo mostró, no le gustaba cómo la cuerda crujía y se inclinaba con su peso.
Los demás tiraron de él hasta el suelo del tejado drüskelle y, mientras Hyungwon se ponía en pie, lo golpeó una oleada de vértigo.
Más que ningún lugar en la Corte de Hielo, más que ningún lugar del mundo, aquello le parecía un hogar. Pero era un hogar vuelto del revés, su vida mirada por el ángulo incorrecto. Mirando en la oscuridad, vio los enormes tragaluces en forma de pirámide que marcaban el tejado. Tuvo la desconcertante sensación de que si miraba por el cristal se vería a sí mismo haciendo ejercicios en la sala de entrenamiento, sentado en la larga mesa del comedor.
En la distancia, oyó a los lobos ladrando y aullando en su cercado junto a la entrada, preguntándose dónde habrían ido sus amos esa noche. ¿Lo reconocerían si se acercaba con una mano extendida?
No estaba seguro de reconocerse. En el hielo del norte, sus intenciones habían parecido claras. Pero ahora sus pensamientos se habían vuelto turbios con esos rufianes y ladrones, con el coraje de Kihyun y el atrevimiento de Minhyuk, y con Hoseok, siempre Hoseok. No podía negar el alivio que había sentido al verlo salir de la chimenea del incinerador, desaliñado y jadeando, asustado pero vivo. Cuando él y Jooheon lo sacaron, había tenido que obligarse a soltarlo.
No, no miraría por esos tragaluces. No podía permitirse más debilidad, sobre todo aquella noche. Era el momento de avanzar.
Llegaron hasta el borde del tejado que daba al foso de hielo. Desde allí parecía sólido, con la superficie pulida brillante como un espejo e iluminada por las torres de guardia de la Isla Blanca. Pero las aguas del foso eran siempre cambiantes, ocultas solo por una capa de hielo del grosor de una oblea.
Changkyun sujetó otro rollo de cuerda al borde del tejado y se preparó para bajar hasta la orilla.
—Ya saben qué hacer —les dijo a Minhyuk y Jooheon—. Once campanadas, y no antes.
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SEIS DE CUERVOS - MONSTA X
Художественная прозаKetterdam es un bullicioso país, foco de comercio internacional donde cualquier cosa se puede conseguir por el precio adecuado. Y es precisamente donde Changkyun Im, el criminal más vivaz del Club Cuervo, encuentra al equipo perfecto para realizar u...