Una mañana como cualquier otra Mayte abre los ojos para encontrarse enredada a los brazos de su novia que son tan reconfortantes, verla y sentirla era una sensación mágica para ella, acaricio cada fracción desde su ceja hasta la comisura de su labio, se deslizó lentamente por las sábanas pues tenía un plan entre manos, lentamente fue dejando besos por el abdomen de su novia hasta llegar al short de pijama, deshizo el nudo para deslizarlo junto a su ropa interior y dejar su feminidad a su merced, la pequeña mujer sonrió y comenzó a atacarla, Ilse despertó rápidamente debido a que la ola de placer estaba atacando.
Ilse: May, si así - llevo su mano por debajo de la manta y tomar el cabello de su novia - más nena ¡Ah!
Mayte comenzó a dar pequeñas succiones en el centro nervioso de su mujer cosa que la hizo gemir sin ningún pudor, agradecían que las paredes no oyeran, la castaña sintió como la güera apretaba más su cara contra su intimidad y esto la hizo dar pequeñas mordidas que llevaron a aquella mujer a un desfalco de nuevas sensaciones y es que por más que ellas hicieran el amor mil veces siempre había algo que era diferente haciéndolas descubrir sensaciones, cuando menos lo esperaron ya estaban en la ducha Mayte recargada a la pared de la regadera mientras el agua le caía encima regalándole la vista más sexi y hermosa a la güera que estaba devolviéndole el favor de esta mañana.
Mayte: Si así mi amor - miraba al techo con una enorme sonrisa, si esta era la vida que viviría junto a Ilse no quería cambiar nada - cómeme - la mira con las mejillas coloradas.
Ilse: Como órdenes - volvió a su labor con más entusiasmo, pues le provocó lo alarido más altos que había escuchado por parte de su novia y eso le gustaba pues poco a poco perdía la pena que tenía de ser escuchada, entregándose de lleno al momento, esa chispa que ambas sentía estaba en su mejor momento.
Salieron de la ducha envueltas en dos batas y cuando Ilse se acercó al tocador para colocarse su crema de vainilla, la castaña se la quito de las manos con una sonrisa, lo cual Ilse supo que quería con eso por lo que se quitó su bata y la pequeña mujer abría la crema oliéndola en el proceso para luego echar un poco en sus manos para frotarla y colocarla en el cuello de su novia.
Mayte: Aquí es donde descubrí este olor tan peculiar - masajeo.
Ilse: Fue este lugar donde por primera vez me robaste un gemido - rio.
Mayte: Aunque ahora conozco otros lugares donde robártelos - ambas rieron - Ilse.
Ilse: Dime cariño ¿por qué esa cara?
Mayte: Tengo miedo a que esto se acabe, nos rompamos - sentía que las lágrimas amenazaban con salir.
Ilse: May por dios mujer que locuras dices - la toma de las mejillas - cada poro de mi piel solo te pertenece, cada pensamiento, cada mirada, no te puedo prometer que no pelearemos porque sabes que eso es imposible, pero quiero que siempre me digas si algo te incomoda o molesta de mi, no quiero que te quedes callada aguantando, si no ahí comenzaremos a rompernos sin poder hacer algo - Mayte asintió mientras la jalo para sentarla en sus piernas - ahora dime chiquita - le levantó el rostro - ¿De dónde te surgió esa inquietud?
Mayte: Pensara que es una bobada pero...
Ilse: Nada de lo que te pase o pienses es bobo.
Mayte: Siento que todo está demasiado bien y se que esto no puede ser para siempre, además soñé con... - hizo una pausa para respirar - soñé con esa imagen otra vez.
Ilse: May tranquila - Está última escondió la cara en el cuello de la mujer sollozando - ese es el único error que nunca podré perdonarme y más si te sigue afectando a ti, quisiera regresar el tiempo para haberle hecho caso a Ivonne y no ir a la despedida de Manuel, quisiera haber evitado todo esto - al igual lloro y Mayte alzó su rostro para mirar ese dolor que de cierta forma las unía, para luego unir sus labios.
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Con tu amor
RomanceCuando todos creen que tienes una vida perfecta no ven más hay de la fachada y esto lo sabía muy bien Mayte Lascuráin ya que lo vivía en carne propia, pero el toparse con su jefa Ilse Olivo no la ayudo más que destruir lo poco que la hacía feliz por...
