Era un día tranquilo, soleado, y sin ninguna nube de lluvia, con los pájaros alegremente cantando en el cielo mientras que por las calles las personas se saludaban cordialmente.
No muy a lo lejos de este panorama, se encontraba una chica observando desde la ventana de su salón de clases.
Ella pensaba: «Nadie parece sufrir con esas sonrisas en sus rostros».
«Realmente no sé por qué todos parecen sufren tanto y yo no ¿Por qué? ¿en qué nos diferenciamos?»
Se preguntaba a sí misma mientras se volteaba para analizar a los que eran sus compañeros de clases.
«¿Soy acaso un ser humano sin problemas? no... esto sería una tontería. Todo ser humano tiene problemas, no hay uno que se escape de tenerlos».
Sus pensamientos profundos no duraron demasiado puesto que se vió interrumpida.
—¡Señorita Evans! —llamó enojada la profesora de historia.
—¡SÍ! —respondió inmediatamente volviéndose hacia ella.
Los compañeros de su clase se rieron y murmuraron por lo bajo.
—Señorita Evans, si no le interesa la clase puede retirarse. Aunque creo que le conviene mejor no hacerlo —Señaló.
—Discúlpeme, Profesora. No sé en donde tengo la mente el día de hoy— respondió con la mirada baja.
—Está bien —expresa amablemente y luego suspira—. Pero que no vuelva a ocurrir, Danaé.
La estudiante asiente avergonzada.
—¡Bien, jóvenes! Damos por terminada la clase de hoy —señaló mientras guardaba sus cosas en su maletín para marcharse luego a la sala de profesores—. Los veré la siguiente clase para continuar.
El tiempo para con la clase de historia ya había finalizado, y solo a pocos minutos de terminar el tema, la jóven se había distraído en sus pensamientos.
Mientras la profesora se retiraba del salón y los compañeros de clases salían al descanso, la jóven, ahora llamada Danaé, no se levantó. No acostumbraba a salir a su descanso.
Normalmente prefería quedarse en el salón hablando con una que otra compañera de clase, pero por lo general, siempre se quedaba con su mejor amiga, o repasando alguna que otra asignación que correspondiera para la siguiente hora.
Algo confusa por aquellos pensamientos que la habían distraído repentinamente, decidió permanecer tranquila. Al menos por el momento.
Volvió a cerrar sus ojos, pero está vez, para hundirse en el total silencio y profundidad para poder analizar a detalle los pensamientos que habían sido el motivo de su llamado.
—¡Danaé! —se escuchó gritar a una chica con tono alegre mientras golpeaba con manos abiertas la mesa.
—Regina —Respondió abriendo sus ojos color cafés y logró observar a nada más y nada menos que a su querida amiga frente a ella, con una sonrisa de oreja a oreja, y su cabello corto siendo movido por la brisa que entraba por la ventana que estaba abierta.
Danaé y Regina habían coincidido algunos años anteriores en uno que otro grupo estable a los cuales se habían tenido que inscribir para ganar puntos extras en actividades.
Ambas chicas se habían vuelto muy unidas y los padres estaban de acuerdo con su amistad.
Mayormente, la madre de Regina se la pasaba fuera de casa trabajando; Mientras que, por otro lado, los padres de Danaé eran todo lo contrario. Estaban la mayor parte del tiempo en casa y en la iglesia.
El señor Evans —el padre—, tenía un pequeño empleo que no quedaba muy lejos y asistían semanalmente a la iglesia a la cuál habían estado congregándose durante años.
Como los padres de ambas chicas se llevaban bien, no hubo problema alguno en que Danaé se quedara en casa de Regina de vez en cuando o viceversa.
—¿Me puedes explicar en qué piensas últimamente querida amiga? Es la segunda vez que te han llamado la atención. Acaso... ¿piensas en tu boda? —preguntó soltando una risa burlona.
—JA. JA que chistosa eres Gina —respondió con sarcasmo.
—Sólo pregunto porque me preocupas. ¡Y ojo! no sólo lo digo por la sucedido en clase de historia, sino también por en la clase de Biología — añadió—. ¿¡EN QUÉ ANDAS PENSANDO, MUJER!?
—Gina, cálmate —respondió dándole una mirada seria y soltando un suspiro—. Ni siquiera pienso en los chicos como para pensar en una boda cuando a penas tengo 14. Solo... Pensaba en lo diferente que soy para los demás.
Regina la miraba confusa mientras trataba de aguantar su risa, pero no resistió y terminó soltando una carcajada.
—Querida, obviamente somos diferentes ¡daa! tenemos formas diferentes de ver y pensar las cosas, ambas estamos concientes de ello.
Regina se sentó en la mesa y cruzó sus piernas.
—¿Dónde se te quedaron las clases que, según tú, dan los días Domingo en tu iglesia?
—Las tengo presentes. Solo que no creo que sea solamente por eso — respondió no muy segura bajando la mirada—. ¿Nunca te has llegado preguntar en cómo es o sería vivir a lo opuesto de lo que ya conoces o te han enseñado durante tu vida?
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Un Mundo Distinto.
General Fiction☆||NOVELA CRISTIANA||☆ Muchas veces nos hemos preguntado: ¿Donde estaba Dios? ¿Por qué lo permitió? Y... A través de ésta historia, puede que encuentres tu respuesta a ello. ¿Estás comprometido con Él? ¿Realmente lo estás? A raíz de varias cosas, D...
