Regina enmudeció ante ésta pregunta que le había mencionado Danaé. No supo que responder, nunca se había hecho la pregunta que ahora su amiga le planteaba.
Danaé notó que la pregunta había tomado por sorpresa a Regina y que siendo ella, también se hubiera quedado muda sin saber qué responder.
Hubo un silencio algo incómodo entre las chicas pero finalmente una de las dos rompió el silencio.
—¿Y bien?— preguntó Danaé.
—¿Y bien qué?— Regina la miró confusa.
—Te quedaste callada a la pregunta que acabo de plantear ¿nunca te has hecho la pregunta?
Lo pensó un momento antes de responder.
—Honestamente no, y tampoco quiero hacerlo ¿qué más dá? soy diferente, si Dios nos ha permitido no saber lo que hay más allá de nuestro conocimiento, sus razones tendrá ¿no crees?— respondió volviendo a la normalidad con su actitud de siempre.
—Mhm... tal vez tengas razón, Gina. Posiblemente sea la mente jugando conmigo— se rindió finalmente.
Suspirando pesadamente se levantó de su asiento.
— Voy a pasear por allí antes de que comience la siguiente clase ¿quieres venir conmigo?— preguntó.
—No, anda tranquila, yo aquí te espero— respondió con una sonrisa.
—Está bien, no tardaré— salió del salón con sus manos cruzadas por la espalda.
Mientras caminaba por el pasillo tratando de responder o resolver aquella duda que se le había presentado, tuvo una sensación extraña y se detuvo.
Pudo observar que, no muy a lo lejos había un pequeño grupo de tres chicos que estaban hablando y riéndose entre sí.
Uno de los tres chicos se percató de la presencia lejana de Danaé y la quedó mirando por pocos minutos antes de que rompieran contacto visual.
—¡Dani!— llamó un chico, mientras la abrazaba por la espalda.
—¡AH!— alterada, se giró rápidamente y le dió una cachetada a nada más y nada menos que a su mejor amigo.
—¿¡Por qué hiciste eso?!—se sobó indignado la mejilla enrojecida.
—¡Un día de estos me matarás de un susto! —soltó riéndose mientras le daba un golpe suave en el brazo.
—Sería incapaz de matarte, al menos no de un susto— bromeó y ella rodó los ojos.
—Procura buscar tu muerte natural y no la mía— se volvió a girar para ver si volvía a coincidir con el chico pero éste ya se había retirado.
—Perdón por asustarte, Dan — habló Diego al darse cuenta de que Dani estaba distraída.
—No hay nada que perdonar pero a todo esto— miró su reloj y se dió cuenta de que había llegado tarde —, ¿Se puede saber el por qué de ésta hora de llegada?— enarcó una ceja.
—Es que — fué interrumpido por el timbre que indicaba que el descanso ya había terminado—. Te contaré al finalizar las clases pero ¡vamos que se nos hace tarde!
Diego sin pensarlo, tomó la mano de Danaé y se la llevó al salón.
Los compañeros estaban entrando al salón para tomar sus respectivos asientos y comenzar con la clase que seguía a continuación cuando Regina, quién estaba había estado esperando, vió llegar a Diego y Danaé tomados de de la mano. Esto no le gustó para nada y dirigió una mirada de desaprobación a su amiga.
Ninguno de los dos se llevaban bien con el otro y tampoco hicieron esfuerzo en intentar ocultarlo.
Y no era la única, a los padres de Danaé tampoco les parecía esa amistad.
—No era necesario que me tomaras de la mano para traerme al salón — soltándose de la mano de Diego y se dirigió a su sitio correspodiente.
Él no dijo nada pero también tomó la acción de irse a su sitio para así poder empezar con la clase.
—Comencémos.— anunció el profesor de la siguiente clase.
En lo que restó de la mañana, los estudiantes vieron las asignaturas de matemática y Castellano.
A las doce del día finalizaron las clases.
***
—¿Segura que no se te queda nada en el salón, Gina?— preguntó enarcando una ceja.
—Ya te dije que no. Estoy segura que me llevo todo en el bolso. Vámonos para tu casa, se nos hace tarde y ya te deben estar esperando para comer.
—Está bien, vamonos.— soltó una leve sonrisa.
Mientras ambas chicas se encontraban caminando de regreso a casa de Danaé, ésta iba pensando en lo que aconteció durante la mañana de ese día.
—¿Pensando otra vez?— preguntó Regina dándose cuenta.
—No. Bueno... sí, pensaba en qué habrán hecho de almorzar— mintió.
—Ohh, seguro hizo mi plato favorito—respondió mirando al cielo.
—Sí, es lo más seguro.— Cerró sus ojos y continúo caminando.
Ambas chicas se fueron para la casa, hablando y bromeando entre sí.
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Un Mundo Distinto.
Spiritual☆||NOVELA CRISTIANA||☆ Muchas veces nos hemos preguntado: ¿Donde estaba Dios? ¿Por qué lo permitió? Y... A través de ésta historia, puede que encuentres tu respuesta a ello. ¿Estás comprometido con Él? ¿Realmente lo estás? A raíz de varias cosas, D...
