Regina enmudeció ante la pregunta. No supo qué responder, nunca se había planteado tal cosa.
Hubo un silencio algo incómodo entre las chicas, pero finalmente una de las dos, rompió el silencio.
—¿Y bien? —preguntó Danaé.
—¿Y bien, qué? —le devolvió la pregunta, confusa.
—Te quedaste callada a la pregunta que acabo de hacerte ¿nunca te la has hecho?
Antes de responder, pensó.
—Honestamente no, y tampoco quiero hacerlo ¿qué más dá? soy diferente, y si Dios me hizo así estoy bien con eso.
—Mhm... tal vez tengas razón, Gina. Posiblemente sea mi mente haciéndome una mala jugada —se rindió finalmente.
Suspirando pesadamente se levantó de su asiento.
—Voy a caminar por los pasillos antes de que comience la siguiente clase ¿quieres venir conmigo?
—No, anda tranquila, yo aquí te espero.
—Está bien, no tardaré —salió del salón con sus manos cruzadas por la espalda.
Mientras caminaba tratando de responder o resolver aquella duda que se le había presentado durante la mañana de clases, Danaé tuvo una sensación extraña y se detuvo inmediatamente.
Observó que, no muy a lo lejos, se encontraba un pequeño grupo de tres chicos que estaban hablando y riéndose entre sí.
Uno de los tres chicos había estado observándola fijamente hasta que hicieron contacto visual por pocos minutos y luego lo rompieron.
—¿Dana? —Una voz masculina se escuchó por detrás.
Se giró rápidamente ante la persona que creía desconocida para luego darse cuenta de que en realidad, era su mejor amigo.
—Un día de estos vas a matarme de un susto, Alejandro —soltó riéndose mientras le daba un golpe suave en el brazo.
—Sería incapaz de matarte, al menos no de un susto —respondió.
—Procura buscar tu muerte natural y no la mía —se volvió a la dirección que iba originalmente, pero esta vez, los chicos ya no estaban.
Alejandro notó que parecía estar buscando algo o a alguien.
—¿A quién buscas?
—Nadie, solo que... —miró su reloj y se dió cuenta de que Alejandro estaba llegando tarde y volviéndose a él, enarcó una ceja—. ¿Se puede saber el por qué, de esta hora de llegar?
Y antes de responder, fueron interrumpidos por el timbre que indicaba que ya había terminado el descanso.
—Es hora de la siguiente clase.
Alejandro continuó caminando y Danaé lo siguió hasta el salón dónde sus compañeros estaban entrando para tomar sus lugares.
Regina, quién había estado hablando con un grupo de compañeras mientras esperaba, vió llegar juntos a Diego y a Danaé.
Esto no le gustó para nada y dirigió una mirada de desaprobación a su amiga.
Ninguno de los dos se llevaba bien con el otro y tampoco hicieron esfuerzo en intentar ocultarlo.
—Nos vemos luego —se despidió Danaé para ir con Regina y tomar sus lugares.
Diego no dijo nada, pero también tomó la acción de irse a su sitio para poder empezar con la clase.
—Bien, comencémos la clase. —Anunció el profesor.
Volviendo a preguntar Danaé por décima vez—: ¿Segura que no se te queda nada en el salón?
—Ya te dije que no. Estoy segura que metí todo en el bolso... O eso creo, pero vámonos ya. Se nos hace tarde y ya te deben estar esperando para comer.
—Está bien. Vámonos. —soltó una leve sonrisa.
Mientras ambas chicas iban caminando de regreso a casa, Danaé reflexionaba en lo que había acontecido durante la primera clase de la mañana.
—¿Pensando otra vez? —preguntó Regina a lo obvio.
—No... Bueno... sí. Solo pensaba en la exquisitez del almuerzo preparado —mintió.
—Ohh, seguro hicieron mi plato favorito.
—Sí, es lo más seguro. —Cerró sus ojos y continúo caminando.
Ambas chicas continuaron si camino hablando y bromeando entre sí.
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Un Mundo Distinto.
General Fiction☆||NOVELA CRISTIANA||☆ Muchas veces nos hemos preguntado: ¿Donde estaba Dios? ¿Por qué lo permitió? Y... A través de ésta historia, puede que encuentres tu respuesta a ello. ¿Estás comprometido con Él? ¿Realmente lo estás? A raíz de varias cosas, D...
