No todo era malo para ese entonces, El señor Evans había pasado el día trabajando, Y en cuanto llegó, Danaé, aún, no había bajado para cenar o salir a recibirlo como acostumbraba.
La señora Evans, aprovechó ese momento para hablar con su esposo y contarle parte de lo que había acontecido ese día con su hija.
[...]
En la hora de la cena.
Todos se encontraban sentados en la mesa, comiendo tranquilamente.
La señora Evans levantó la mirada y se la dirigió a su esposo. Quién se encontraba comiendo y la levantó de golpe cuando sintió que la mano de su esposa tocaba la suya.
La señora Evans le dirigió una mirada significativa y luego señaló a su hija con la cabeza.
El señor Evans entendió y asintió con la cabeza, pero en ningún momento de la cena dijo algo al respecto.
De hecho, nadie. Dijo nada.
Por primera vez, la cena en familia había sido callada. Y se había sentido más o menos bien.
Danaé pasó toda la cena sin decir nada, y mientras comía se le notaba una mirada triste.
Era inevitable, la pobre había tenido un día terrible.
Una hora después, toda la familia se encontraba en la sala, de alguna forma conviviendo.
El señor Evans se encontraba sentado en un mueble, la señora Evans se encontraba sentada a su lado izquierdo, y Danaé, se encontraba sentada al lado derecho del señor Evans, recostada en el pecho de su padre.
Quien le daba palmadas en la espalda.
La señora Evans y su esposo se dieron una mirada significativa y está vez no hubo silencio.
—Hija, no estás sola. ¿Lo sabes, no?— comentó el señor Evans.
—Sí Papá.— respondió.
—Quiero que tengas presente algo.— levantó la mirada hacía un portaretratos colgado.
Era la madre del señor evans.
—Tu abuela siempre te va a cuidar, y no solo ella, tu madre y yo estamos contigo— aseguró mientras le daba un pequeño beso en la frente y le acariciaba el cabello a su hija.
Danaé no dijo nada. Pero en cuanto escuchó hablar a su padre, sus lágrimas empezaron a salir y a deslizarse por sus mejillas.
El señor Evans al parecer se dió cuenta, y luego dijo:
—En esta vida las personas son pasajeras mi princesa. Los amigos no existen; solo Dios, tu madre y yo seremos tus amigos fieles.
La señora Evans se levantó y se sentó del lado izquierdo de su hija, dejándola en medio de su padre y ella.
Y allí, ambos padres le dieron un abrazo a su hija.
Pero ella, ya había pasado su momento triste y desolado en su habitación.
Ya había aprendido la lección de aprender a confiar únicamente con Dios y no en los demás. Nisiquiera con sus padres. Pero ese abrazo de último momento fué bien recibido.
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Un Mundo Distinto.
Espiritual☆||NOVELA CRISTIANA||☆ Muchas veces nos hemos preguntado: ¿Donde estaba Dios? ¿Por qué lo permitió? Y... A través de ésta historia, puede que encuentres tu respuesta a ello. ¿Estás comprometido con Él? ¿Realmente lo estás? A raíz de varias cosas, D...
