Capítulo 18.

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Después de un fin de semana tranquilo, finalmente llegó el lunes. Un día que, francamente, Danaé habría preferido que no llegara jamás.

Esa jornada no tenía clases, así que se despertó un poco tarde. Transcurrió con una calma extraña, casi sospechosa: era demasiada paz para ser real. Durante el día ayudó a su madre con la limpieza de la casa, lo cual le sirvió de distracción para mantener a Anthony fuera de sus pensamientos. Después de todo, unos quinceaños no eran una fiesta de la que alguien se retirara temprano; al menos, no los jóvenes de hoy en día.

—Terminamos, hija, ya te puedes retirar —le dijo la señora Evans mientras se bajaba de un banquillo.

—¿Segura, mamá? ¿No te falta nada más? —preguntó extrañada. No imaginó que terminarían tan rápido.

—Aunque parezca raro, ya acabamos todo. Gracias, tesoro —respondió limpiándose las manos en el pantalón.

—Está bien, entonces.

Danaé subió a su habitación a ducharse; tras haber limpiado tanto y quedar cubierta de polvo, era justo lo que necesitaba.

...


Al salir del baño, caminó hacia la cama mientras se secaba el cabello rizado, aún húmedo. Se enrolló la toalla en la cabeza, se dejó caer sobre el colchón y apoyó la espalda contra la pared para estar más cómoda.

Tomó el teléfono de la mesita de noche y lo encendió. Estuvo un rato navegando sin rumbo por Instagram, Facebook y TikTok, pero no encontró nada interesante, así que decidió abrir la aplicación más frecuentada de todas: WhatsApp.

Al presionar el ícono, vio que tenía unos diez mensajes acumulados. Todos eran de Regina, quien le preguntaba si la seguiría queriendo en caso de que ella se convirtiera en... ¿una gomita?

«¿De verdad esta es mi mejor amiga?», se preguntó a sí misma en un pensamiento fugaz.

Respiró hondo para concentrarse y le respondió cada una de sus ocurrencias. A pesar de sus momentos raros, la quería con el alma.

Tras terminar de responderle a Gina, dejó las conversaciones un momento y se puso a revisar los estados de sus contactos.

«Ah, mi pasión secreta: curiosear la vida ajena en fotos».

Sin embargo, entre todas las actualizaciones, apareció una de Anthony. Lo abrió sin sospechar que aquella imagen marcaría el inicio de su tormento.

Era una captura de pantalla de un chat entre Anthony y un amigo. En la conversación, el amigo le aconsejaba no opinar mucho sobre cierto tema, recordando que él se había besado a nada más y nada menos que a quince chicas en la fiesta.

Danaé congeló la pantalla y se quedó helada.

«Espera un segundo... ¿Una fiesta? ¿Los quinceaños? ¿¡Esa fiesta!? No puede ser...».

Con las manos temblorosas y una marejada de emociones encima, le escribió de inmediato para pedirle explicaciones. No estaba enojada; estaba en shock. Pero, al mismo tiempo, una duda helada le recorrió la espalda: ¿era esta la respuesta de Dios? ¿Así le estaba mostrando que Anthony no era para ella?

Sintiéndose hecha un manojo de dudas, reaccionó directamente a la imagen.

Danaé: ¿Qué significa esto, Anthony?

Anthony: Amor, solo... estaba borracho.

Danaé: ¿Borracho, Anthony? Hasta el que está borracho sabe con quién meterse y con quién no.

Anthony: Pero mi caso fue diferente, amor. Me dieron unas bebidas extrañas...

Danaé: Y tú, sabiendo que eran extrañas, ¿seguiste bebiendo? ¿O me lo vas a negar?

Silencio en el chat.

Anthony: Perdón, amor.

«Nada de amor. Que no vuelva a usar esa palabra», pensó Dan, sintiendo que todo parecía una pesadilla.

Danaé: ¿Besaban bien?

Anthony: ¿Perdón?

Danaé: Las chicas... ¿besaban bien?

Anthony: No sé si deba responder a eso...

Danaé: Solo... responde.

Anthony comenzó a escribir. Lo intentó una y otra vez: aparecía el «escribiendo...» y luego desaparecía. Pasaron tres minutos eternos. Los tres minutos más desesperantes de su vida.

«Que diga que no. Que diga que no. Que diga que besaban mal», repetía en su mente como un mantra. Jamás se había sentido tan ansiosa por una respuesta.

Anthony: Sí.

Danaé: ¿Sí, qué?

Anthony: Sí. Besaban bien.

Apretó los dientes. Esperaba cualquier otra cosa, aunque al menos había sido honesto.

Danaé: Bien. Gracias por tu honestidad.

Anthony: ¡Pero no pasó nada más, amor! ¡En serio! ¡Perdón!

Danaé: ...

Anthony: Por favor, perdóname. No lo volveré a hacer.

Danaé: Anthony...

«No lo perdones», irrumpió la voz firme de su conciencia. «Si te pide perdón ahorita y cedes, ¿qué te asegura que mañana no lo volverá a hacer?».

Y tenía razón. Si disculpaba una falta de ese tamaño tan pronto, ¿quién le garantizaba que no se convertiría en un círculo vicioso? Ella sabía que existían personas que cometían un error y cambiaban genuinamente, pero también sabía de aquellas que prometían cambiar solo para volver a lastimar una y otra vez. Danaé no quería convertirse en alguien que perdona lo imperdonable para luego fingir que nada pasó.

Sin embargo, sus sentimientos estaban en juego, y el corazón rara vez escucha a la razón.

Danaé: Anthony... debemos tomarnos un tiempo.

El chat quedó en suspenso durante un minuto helado. La tensión se palpaba a través de la pantalla.

Anthony: ¿Qué? ¿Cómo? ¿¡Por qué!?

Danaé: Anthony, te besaste con otras chicas.

Anthony: ¡Pero ellas no me gustan!

Danaé: Me acabas de decir que te gustaron sus besos.

Anthony: ¡Porque tú me lo preguntaste!

Danaé: ¿Y qué pretendías? ¿Que dejara todo pasar y actuara como si nada hubiera pasado? Esto lo cambia todo, Anthony.

Anthony: Yo... te amo... No podemos tomarnos un tiempo.

A Danaé se le llenaron los ojos de lágrimas al leer eso. ¿Cómo se atrevía a decirle que la amaba en un momento así? ¿Acaso no era consciente de lo que había hecho? Si en verdad la quisiera como decía, no habría besado a esas chicas ni habría bebido hasta perder el control. Pero lo hizo.

Danaé: Anthony... si en verdad me hubieras querido o "amado", jamás las habrías besado.

Anthony: Pero la que me gusta eres tú.

Danaé: Y tú me gustas a mí, pero no puedo con esto. No así. Necesitamos un tiempo y es lo mejor; ambos necesitamos pensar.

Anthony: Está bien. Nos tomaremos un tiempo.

Un Mundo Distinto.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora