Capítulo 6.

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Vacaciones.

Finalmente, después de un largo ciclo escolar, llegó el día donde todo mundo podía quedarse durmiendo en casa cómodamente sin tener que escuchar la molesta alarma para levantarse y hacer la rutina diaria.

Regina se había quedado a dormir en casa de los Evans como era costumbre, pero esta vez ya hasta muy tarde. Tanto Danaé como Regina estaban bastante emocionadas de poder dormir hasta muy tarde y no tener que hacer tareas extremadamente largas.

Aunque ahora tenían que ir más seguido a la iglesia Danaé no se quejaba, a veces le era algo molesto ir varios días entre semanas. No sabía si a Gina, a sus padres o los demás, pero a ella no le gustaba en lo absoluto.

Habían pasado varios días de haber salido de vacaciones cuando, tanto Regina como Danaé, se habían quedado sin habla por la sorpresa tan grande que se habían llevado.

La madre de Regina había planeado pasar las vacaciones con su familia en Chile.

Estaba realmente felíz de poder vivir con su propia familia completamente reunida, aunque fuera únicamente por vacaciones. Parecía un pequeño tómate. Estaba roja de tanta emoción que tenía.

El mismo día en el que la madre de Regina llegó a darles la noticia a todos, fue el mismo día donde Danaé ayudó la ayudó a guardar las pocas cosas que tenía en su casa para que se las llevara y ya luego las volviera a traer.

Mientras las chicas bajaban por las escaleras, Danaé no pudo aguantar el sentimiento que le invadió por un momento

—Gina. —la llamó en voz baja.

—¿Si? —respondió con una sonrisa mientras se volvía para encontrarse con los ojos cristalinos de su amiga.

Gina se quedó perpleja al ver a Danaé estaba a punto de llorar.

—Tonta. No entiendo por qué vas a  llorar. No me iré para siempre, solo será por vacaciones —dijo tratando de aliviarla. Nunca habían estado tan lejos de la otra.

—Lo sé. Aún no me lo creo. Me alegra verte tan feliz, pero también me da miedo que te vayas y no pueda verte durante las vacaciones —sus lágrimas empezaban a caer.

—¡Están los teléfonos, y podremos hacernos llamada siempre que podamos y cada que así lo queramos!

—No... —decidida, se limpió las lágrimas que se deslizaban por su rostro—. Quiero que disfrutes tus vacaciones con tu familia. No voy a molestarte para nada. ¡Tienes tiempo sin verlos! sería muy egoísta de mi parte molestarte con mis cosas y quitarte el tiempo valioso que mereces atesorar con ellos.

Regina la miró sorprendida. Sin duda alguna, su mejor amiga era única.

—Te quiero tanto, Dana.

—Y yo te quiero todavía más.

Ambas se dieron un abrazo y luego fueron a la sala.

Los padres de las chicas compartían entre ellos, y las chicas se unieron. Las horas habían pasado tan rápido que nadie se percató de que ya era de noche y la señora Wiliam junto a Regina, ya debían irse.

Los Evans acompañaron a la señora Wiliam y a Regina hasta la puerta en donde las despidieron.

—¿Podrás vivir sin mí? —preguntó Gina burlonamente.

—Claro que sí ¿acaso crees que no puedo? —se recostó en el umbral de la puerta cruzándose de brazos.

Ambas se miraron seriamente, rieron y se abrazaron.

Los padres de las chicas también se estaban riendo. Las chicas eran únicas.

Ambas (madre e hija) se adentraron en el auto y Danaé pudo ver a Gina a través de la ventana del carro, quien se despedía haciendo un gesto con su mano. El cuál Danaé también le respondió con el mismo.

Y así fué.  Su mejor amiga pasaría tiempo con su familia, como tanto lo había querido.

Los señores Evans entraron a casa, pero Danaé no. Se había quedado parada allí, viendo como se alejaba cada vez más y más el auto.

Una vez que lo perdió de vista, entró a la casa.

Cuando se encontraba en el pasillo de la entrada, Danaé cerró la puerta con llave.

—¿Qué vamos a cenar mamá? —se acercaba a la cocina algo decaída.

Su madre la miró pensativa

—Haré unos panqueques ¿te parece bien? —se encontró de espaldas lavando las tazas de café donde habían bebido.

Hubo silencio.

—¿Hij..? —Antes de poder terminar la frase, se encontró a Danaé con lágrimas que recorrían su rostro.

La señora Evans se quedó atónita en cuanto la vió. Miró al señor Evans tratando de buscar consuelo o ayuda, y lo único que hizo fue acercarse lentamente para abrazarla.

La madre, tan rápido como pudo, tenía las manos mojadas, pero agarró un paño, se secó las manos y se acercó a su hija.

La familia no emitió un sonido alguno, solo estaban allí. Los tres.
Danaé llorando en silencio sin emitir sonido alguno, y los padres de ella abrazándola.

Se giró y escondió la cabeza en el pecho de su padre, como una niña pequeña que le teme a la oscuridad y se esconde en sus brazos para sentirse segura.

Estaba feliz, pero muy triste de que su mejor amiga se fuera a cumplir su sueño. Estaría bien, lo sabía, pero aún así, necesitaba liberar lo que tenía dentro de sí.

Un Mundo Distinto.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora