Había llegado el esperado día en que Danaé le pondría fin a esa amistad. Aunque en un principio la sola idea de alejarse de Diego le causaba pesar, finalmente había optado por cerrar ese ciclo, intentando hacerlo en los mejores términos posibles.
Sin embargo, una cosa es lo que uno planea y otra muy distinta cómo se desarrollan las cosas.
Transcurría la clase de Castellano. Mientras algunos compañeros realizaban exposiciones pendientes frente a la profesora, Diego y Danaé se encontraban en una esquina del salón. Había llegado el momento de definir la situación.
—¿Y bien? ¿De qué vamos a hablar? —preguntó él sin despegar la vista de su teléfono mientras jugaba.
Danaé lo miró con leve molestia, pero sabía que debía dejar el orgullo de lado para hablar con franqueza.
—En realidad, quiero ir directo al grano, Diego —tomó aire y lo soltó despacio—. Sabes que nuestra amistad ya no funciona como antes. Ya ni siquiera conversamos, y ambos somos conscientes de que las cosas no están bien. Quiero saber en qué punto estamos, porque es evidente que de esta manera no podemos seguir siendo mejores amigos.
—Mmm, entiendo —dijo él en voz baja, sin dejar de presionar la pantalla.
—Así que dime, ¿cómo vamos a quedar? —insistió—. Una opción es ser simples conocidos.
Hizo una breve pausa. Notó que Diego se tensaba ligeramente, aunque intentó disimular que la palabra no le había afectado.
—O... podemos quedar como amigos, aunque no sé si sea lo más prudente —concluyó.
Diego apagó la pantalla, dejó el teléfono a un lado y la miró fijamente. Suspiró antes de responder:
—Honestamente... para mí sería una falta de respeto considerar "conocida" a alguien a quien llevo años tratando y hacer como si nada hubiera pasado. Me gustaría que quedáramos como amigos, que nos tengamos la confianza de siempre para contarnos las cosas y saber que contamos el uno con el otro ante cualquier dificultad.
Danaé repasó cada una de sus palabras, pero lo que más le hizo ruido fue la promesa implícita de "contar el uno con el otro".
—¿Amigos con confianza? —ironizó en voz baja.
—Sí.
Lo pensó con más calma. Era verdad que Diego no había sido el amigo ideal en los últimos meses, pero había sido su mejor amigo durante años. A pesar de que no estuvo en sus momentos más difíciles, le guardaba un cariño profundo y no quería romper el vínculo de forma abrupta.
Terminó cediendo.
—Está bien. Quedaremos como amigos —cedió finalmente.
—Perfecto —sonrió él.
—¡Pero!
—¿Qué? —la sonrisa de Diego se desvaneció.
—Hasta ahora tú sabes perfectamente qué cosas me molestan de ti, porque siempre te lo he dicho. Pero quiero que tú también me digas qué te molesta de mí, para poder mejorarlo.
Diego la observó unos segundos, extrañado por la propuesta. Luego optó por la vía más sencilla:
—No. Todo está bien contigo.
—¿En serio? —preguntó ella, dudosa.
—En serio —respondió secamente, desviando la mirada.
—Diego, no me mientas.
—¡No te miento! Todo está perfectamente bien entre nosotros, tranquila.
—Está bien, entonces. Eso era todo.
—Asunto arreglado —concluyó él.
Danaé se levantó de su asiento para hablar con la profesora y luego acercarse a Regina. Diego se le quedó mirando un instante mientras ella se alejaba, para después volver a centrar su atención en el celular, dejando el tema por cerrado.
...
Pasaron dos días desde aquella conversación.
Llegó la hora de Matemáticas. Debido a retrasos con los pagos de los salarios, varios docentes se encontraban en asamblea, por lo que las dos secciones de cuarto año tuvieron que reunirse en el mismo salón.
Al ingresar a cuarto año, los estudiantes debían elegir su mención académica. En la institución, las opciones se dividían en dos especialidades: Artes e Informática.
Como el profesor aún no hacía su entrada, los alumnos aprovechaban para conversar en el aula o deambular por el pasillo.
Danaé acompañaba a Regina, quien se encontraba animadamente conversando con una compañera de la otra sección llamada Mariana. Se habían vuelto muy cercanas en poco tiempo. Mariana era una chica alta, de contextura curvilínea, tez clara, labios definidos y cabello corto, estilo que había adoptado recientemente para renovar su imagen.
Danaé se sentía un tanto al margen de la plática, pues Regina y Mariana discutían sobre libros y otros temas afines en un tono entusiasta que ella no compartía del todo.
Notó que Mariana había dejado su teléfono móvil sobre el pupitre sin prestarle atención. Danaé lo tomó con curiosidad, observando el protector y el modelo. Era un equipo bastante moderno. Al presionar el botón de encendido, la pantalla mostró un código de bloqueo.
—Mariana, ¿puedo usar tu teléfono un momento? Estoy aburrida —pidió Danaé—. Capaz me tome unas fotos.
Mariana y Regina interrumpieron su conversación para mirarla.
—Eh... ¡sí, claro! —respondió Mariana con amabilidad—. Déjame desbloquearlo. Solo no te metas a Wattpad ni a la galería, ¿vale? —sonrió mientras introducía la clave.
—¡Eres un sol! —agradeció Danaé echando un vistazo hacia la puerta para verificar que el docente aún no llegaba.
—No te pongas a inventar, Dana —advirtió Gina con una leve sonrisa.
—Pero si yo soy un ángel —respondió llevándose una mano al pecho con falsa inocencia.
—Tranquila, de todas formas la galería tiene contraseña —añadió Mariana antes de retomar su charla con Regina.
Con el dispositivo desbloqueado en sus manos, Danaé probó primero la aplicación de la cámara, comprobando que tenía excelente resolución. Sin embargo, no tenía muchas ganas de fotografiarse, así que decidió explorar la pantalla de aplicaciones.
Abrió WhatsApp y echó un vistazo a la bandeja de entrada. Notó que Mariana utilizaba una versión modificada de la aplicación y que mantenía conversaciones activas con bastantes contactos.
Al deslizar el dedo hacia abajo por la lista de chats, un nombre en particular captó de inmediato su atención: el de Diego.
«¿Debería abrirlo...?», se preguntó a sí misma con un brinco de duda.
Sintió la tentación de presionar sobre el chat, pero la duda moral la detuvo un instante. «¿No estaría invadiendo la privacidad de ambos?», se cuestionó interiormente, sopesando si valía la pena cruzar ese límite por simple curiosidad.
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Un Mundo Distinto.
Fiksi Umum☆||NOVELA CRISTIANA||☆ Muchas veces nos hemos hecho las mismas preguntas: ¿Dónde estaba Dios? ¿Por qué lo permitió? A través de esta historia, puede que al fin encuentres las respuestas que tanto has buscado. Pero antes, conviene reflexionar en algo...
