—¿Están seguros de querer irse? —preguntó el pastor, deseando que la respuesta no fuera definitiva—. Puedo darles un mes para que lo reconsideren y haremos de cuenta que son vacaciones para ustedes...
—Pastor... —habló el señor Evans, rompiendo el silencio—. No haremos de cuenta de nada porque no hay nada que pensar. Ya no.
—Está bien. Les acepto su retiro y... espero que les vaya bien adonde sea que Dios los lleve. —Se levantó y abrazó a cada miembro de la familia para despedirse.
El señor Evans acompañó al pastor hasta la salida y Danaé fue con ellos.
—Pastor... —articuló la joven.
—¿Sí, Danaé?
Danaé miró a su padre y luego fijó sus ojos en el pastor. Observó detenidamente a aquel hombre que había sido su guía espiritual por más de diez años. Dibujó una sonrisa y, con el corazón quebrantado, dijo:
—Volveremos. Cuando se arreglen las cosas, volveremos.
El pastor la miró fijamente y sonrió.
—Amén, hija.
Una vez que el pastor se fue, la familia quedó en total silencio. La señora Evans se dirigió al comedor y se sentó. Alonso, como de costumbre, subió a su habitación.
El señor Evans y Danaé permanecían en absoluto silencio cuando vieron a la señora Evans romper en llanto. Padre e hija cruzaron miradas, volvieron a contemplarla y se acercaron a ella para abrazarla.
—Gracias... —alcanzó a pronunciar la Sra. Evans—. Gracias, Señor... por todo, por nuestra salida. Ahora quedamos en tus manos. Perdónanos por haberte fallado... Te pedimos perdón, Señor...
Aquel día fue inolvidable para todos.
...
Ya había pasado un mes desde que los Evans habían salido de la congregación a la que asistían. Comenzaron a visitar varias iglesias y, aunque todas eran hermosas y acogedoras, faltaba algo... Faltaba ese calor que te hace sentir en casa, que te hace sentir uno más de ellos. Las demás congregaciones no tenían nada de malo, pero sencillamente no eran lo que ellos buscaban.
Tras mucho buscar, finalmente dieron con una muy especial. Era muy agradable convivir con los hermanos de la comunidad y, aunque resultaba difícil adaptarse a cambios tan drásticos, todo parecía transcurrir de forma neutra para Danaé.
Su relación con Dios no era la más íntima, pero se sentía en paz con Él... o, al menos, eso creía. Se había estado tomando un tiempo para sí misma, intentando recuperarse de los tantos golpes que la vida o el enemigo le habían asestado. Era duro; había sido doloroso ver cómo las personas importantes se alejaban poco a poco. Pero, al llegar a esa nueva iglesia, la esperanza resurgió en ella.
Todo marchaba bien para la familia hasta que... nuevamente comenzaron a percibir el rechazo. Esta vez no quisieron esperar diez años para marcharse: a la primera señal, tomaron la decisión de salir.
La situación no era sencilla. Al parecer, al señor Evans no le afectaba ir de iglesia en iglesia hasta encontrar una de su agrado, pero para Danaé y su madre resultaba agotador andar saltando de un lugar a otro. En eso, ambas estaban totalmente de acuerdo.
Durante ese tiempo de sanación e introspección, Danaé mejoró notablemente la relación con su madre. Todo se volvió más llevadero entre ellas, con los pequeños roces habituales de cualquier convivencia, pero con una complicidad renovada.
Las semanas pasaron volando y, más rápido de lo que canta un gallo, ya estaban a mediados de noviembre. Los ambientes navideños comenzaban a asomarse y, aunque la mayoría de la gente esperaba esas fechas con ilusión, no era el caso de Danaé y su madre. Para ellas, el ambiente festivo era un inevitable recordatorio de todo lo sucedido meses atrás y de que esa sería su primera Navidad independientes de una comunidad eclesiástica.
Aunque aún faltaba para las festividades, les resultaba imposible esquivar esos pensamientos. Había sido muy difícil salir adelante con el corazón destrozado.
Danaé, sin embargo, se recuperaba gradualmente. Desde que su padre le recomendó el libro de Kathryn, comenzó a tomar el hábito de la lectura, aunque no precisamente con los libros que él le sugería, sino con los géneros que a ella le llamaban la atención: el romance. 🥀
A los doce años ya había descargado la aplicación de Wattpad para leer, pero como no le había convencido del todo en su momento, apenas leyó un libro interactivo con imágenes. Ahora, al descargarla de nuevo, descubrió un universo completamente nuevo.
Danaé se refugió en la literatura y, para ella, fue la mejor decisión. Quedó fascinada por las historias de Joana Marcús y, en especial, por cierto "chico de los recados". Amó el estilo de la autora: ese toque de emoción y comedia que hacía a sus obras únicas. Gracias a ella descubrió la magia de las páginas, encontrando en la lectura la mejor terapia para sanar temores y heridas.
Lloró con varios libros, pero recuperó la ilusión con otros. Con ellos regresó también la fe en el amor verdadero: comprendió que el amor sí existía, solo que algunas personas distorsionaban el concepto de la palabra. Los personajes ficticios, en cambio, le devolvieron la ilusión y le dieron sentido al sentimiento.
En cuanto a su relación con Dios, en ella nació una necesidad profunda de orar cada vez que abría los ojos por la mañana. Tenía que hacerlo; se sentía extraña si no lo hacía.
Había renunciado a muchas cosas y ahora se percibía distinta: no sana del todo, pero sí mucho más liviana. Se encontraba estable, y eso significaba muchísimo. Tras haber pasado por tanto y pensar que no saldría del abismo, se dio cuenta de que Dios siempre estuvo allí, sosteniéndola y dándole fuerzas para levantarse.
Porque nunca habían sido sus propias fuerzas; siempre había sido Dios. Y ella, aunque aún no lo comprendiera en su totalidad, estaba a punto de confirmarlo con total certeza.
ESTÁS LEYENDO
Un Mundo Distinto.
General Fiction☆||NOVELA CRISTIANA||☆ Muchas veces nos hemos hecho las mismas preguntas: ¿Dónde estaba Dios? ¿Por qué lo permitió? A través de esta historia, puede que al fin encuentres las respuestas que tanto has buscado. Pero antes, conviene reflexionar en algo...
