Capítulo 26.

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Danaé se encontraba en el cubículo del baño, sola.

Lágrimas se deslizaban por sus mejillas y ella no quería emitir ningún sonido; pues, cuando entró al baño, habían unas cuantas chicas hablando y se giraron en seco cuando la vieron llegar en ese estado.

En cuanto entró al cubículo se llevó una mano a la boca para no emitir sonido alguno. Pero no podía evitar dejar de llorar. Era inevitable para ella.

Las chicas se sorprendieron pero no tomaron importancia, y cada una salió poco a poco.

Sí, se iba una, y llegaba otra. Y así hasta qué...

—Danaé debes salir y dar la cara.— Exigieron desde afuera.

—¡N-no! ¡No puedo!— respondió desde adentro llorando— No puedo darle la cara... ¿¡No lo entiendes!? ¡Era mi mejor amigo! ¡No puedo! ¡Me duele!— replicó llorando.

—Dice el profesor Alfred que salgas de inmediato Dani. Si no... Se verá obligado a llamar a la coordinadora y no quiere llegar a esos extremos— habló Regina mientras entraba al baño—, Vamos corazón... Yo sé que eres fuerte... Sal...

—Es que... ¡No puedo! ¡No quiero! ¡No quiero verle la cara!

—Hasta aquí. Me cansé.— masculló molesta Alessandra.

—O-oye q-que vas h-ha...— se calló de golpe. —¡Oye! ¡OYE! ¡REGRESA!— gritó Regina.

Pero... Lamentablemente ya era tarde. Alessandra ya había subido al salón para darle una paliza a Diego.

Qué de por sí, se merecía.

«Ahora no, conciencia.»

Cierto, cierto. De vuelta al drama.

Danaé escuchó esto, y salió apresuradamente del cubículo y se dirigió directamente a Regina.

—¿Dónde está Alessandra? ¿¡A dónde fué!?— preguntó exaltada.

—Dani... Ambas sabemos a qué fué.— respondió.

—¡NO! ¡DÉJAME IR!— trató de salir corriendo pero Regina se interpuso y la agarró fuertemente para que no saliera del baño—. ¡No me detengas Gina, déjame ír!— exclamó llorando.

—¡Danaé no! ¡Se lo merece y más!

—¡Es que de igual manera no quiero que le hagan nada! ¿¡entienden!? ¡NADA! ¡Ustedes nisiquiera tienen algo que ver con esto!— masculló molesta. —¡Ustedes nisiquiera forman parte de este asunto! ¡Déjame ir! Porfavor...— dijo tratando de zafarse pero fué inútil.

Y justo cuando lo veía todo en perdición... Regresó Alessandra con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Por Fin! ¡Me siento realizada! Hace mucho quería meterle una paliza a alguien. Y... Aunque no pude del todo, me siento satisfecha.— comentó.

—¿Qué hiciste?— preguntó Regina con duda.

—Sube y lo verás por tí solita. Oh. Bueno. Lo oirás por las demás bocas.— respondió.

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