||Mensajes inesperados.
Mientras se regresaba caminando al salón molesta hasta más no poder, podía sentir el sentimiento de indignación que tenía por éste escenario visto.
Danaé se encontraba cerrando los ojos y tratando de contener su enojo, no quería que nadie se le acercara hablar, porque créanme, hubiera estallado.
Se dispuso apresurar el paso para llegar al salón y tratar de tranquilizar tantos sentimientos revueltos.
Cuando abrió los ojos mientras caminaba por el pasillo, vió que a su lado, de la dirección contrária estaba pasando nada más y nada menos que el chico con el que había dirigido miradas. Estaba caminando y riéndose con un grupo de chicos que posiblemente eran sus amigos.
Pero esto a Danaé no le importó, solo siguió caminando hasta que llegó a su salón.
Se detuvo al frente de la puerta de su salón y se quedó allí un momento.
El chico ya se encontraba a una distancia bastante lejana.
Éste se detuvo y se dió media vuelta para ver a Danaé parada allí al frente de la puerta de su salón.
Ella también se volteó para verlo porque pensó que él estaba entrando a su salón con sus amigos, pero para su sorpresa no.
Sus miradas se encontraron.
Pero a la final fueron interrumpidos por alguien.
—¡Danaé! ¿Qué te pasó?— se apresuró alguien para acercarse a donde estaba y la abrazó.
Cuando éste escuchó la voz de Regina, se giró nuevamente a su dirección y siguió caminando como si nada.
Regina agarró del brazo a Danaé y la acompañó hasta su sítio, donde ambas se sentaron y hablaron de lo que había pasado.
—Bueno, yo que tú me empiezo alejar de él.— insinuó.—Cómo no le doy una buena paliza a ese idiota.— finalizó mientras se giraba para acomodar la silla en la que se encontraba sentada.
—No.— respondió Danaé, determinante.
—¿Qué?— se giró para verla, extrañada de su respuesta.
—No harás nada Gina, ni yo tampoco, honestamente nuestra amistad nunca a ido del todo bien, pero no pienso hacer algo para que se vaya así nomás. No entiendo por qué me molesto por esta tontería, no me hagas caso y dejémoslo pasar.— continuó hablando mientras entre cerraba los ojos y dibujaba una sonrisa forzada.
A Regina no le gustó para nada lo que le había dicho y la negó con la cabeza.
Pero luego ésta se acercó a Danaé y la abrazó por la espalda.
—¿Cuándo aprenderás a valorarte?— preguntó mientras le daba un pequeño beso en la frente—. Eres mucho más de lo que crees, y tienes un hermoso corazón. Tienes muchísimo para ofrecer, y sí nadie vé eso pues... No merece ser tu amigo o siquiera compartir momentos maravillosos contigo.— finalizó mientras se levantaba y se colocaba al frente de Dan. Dándole un abrazo.
—Gracias, Gina.— respondió mientras daba una dulce sonrisa.
Luego de ésto, Regina cambió el tema y hablaron de otras cosas para distraerse.
El timbre sonó indicando que ya había acabado la hora del descanso.
Diego en cuanto cruzó la puerta, vió a Regina y a Danaé hablar y reírse.
—¡Dani! ¿dónde estuviste?, te estuve esperando en la mesa del comedor, pero nunca llegaste.— preguntó mientras colocaba su bolso en su asiento.
—Ah. Eso... lo olvidé.— mintió—. Para después, supongo.— sugirió mientras miraba hacía la ventana que se encontraba cerrada.
Dan pudo sentir como Diego se sorprendía por la respuesta dada, pero luego volvió en sí y se dispuso a sentarse en su sitio.
Regina se regresó a su lugar antes de que empezara la clase dándole una mirada significativa a Dan.
Todos los compañeros empezaron a entrar y se acomodaron en su sitio para la siguiente clase.
—¡Buenos días muchachos!— exclamó el profesor de matemáticas mientras entraba en la habitación y se dirigía al escritorio.
Mientras el profesor buscaba su marcador y borrador de pizarra, Diego empezó a chistear a Dan para llamar su atención y poder hablar con ella
.
Cosa que... Ella ignoró por completo y no le hizo el mínimo de caso.
—Bien jóvenes, el tema de hoy será...
El profesor se dispuso a dar su contenido nuevo, y bueno lo que restó de día fué normal. Las clases se dieron con total normalidad, a excepción de una pequeña molestia que no dejaba tranquila a Danaé en el salón de clases, pero bueno.
Ya habían salido de clases, cuando se encontraba en el portón del colegio esperando a Regina, quién había olvidado su cuaderno de inglés y se había regresado para buscarlo.
—¡Bissp!— vibró el teléfono.
Metió su mano en el bolsillo del pantalón para sacar su celular, que en cuanto lo sacó se quedó sin habla.
Tenía un mensaje de Anthony.
Un mensaje que honestamente no se esperaba para nada y bueno, no lo quería abrir para que Regina también fuera partícipe de este mensaje.
—¡Dan! Ya regresé.— exclamó jadeando mientras descansaba de haber llegado corriendo.
—Te dije que fueras sin correr, ahora pareces un perro con la lengua afuera.— respondió mientras sonreía.
—¿Nos vamos?— preguntó.
—Sí, vámonos que te tengo que contar algo que acaba de pasar y estoy segura que te interesa...~ — respondió canturreando mientras mostraba una sonrisa pícara.
Ambas se encontraban girando para irse, cuando de repente oyeron a alguien llamar a un de ellas.
—¡DANAÉ!
Se giró para ver quién la llamaba en tal tono, cuando no era nada más y nada menos que Diego.
—Ah, eres tú. ¿qué se te ofrece?— dijo de una manera no muy... agradable.
—¿Dani te pasa algo?, has estado distante conmigo y no hemos hablado durante un buen tiempo.
¡Ni siquiera fuiste al comedor donde habíamos quedado para hablar!
—Estoy bien, gracias. Y ya te dije que eso lo olvidé, no es mi culpa tener la mente ocupada con tantas cosas. —respondió tratando de ocultar su molestia, mientras que miraba a un punto fijo para evitar mirarlo a él.
Para ser sinceros... Danaé no quería verlo, y mucho menos hablar con él, pero solo estaba siendo "cortéz".
Diego notó que no estaba de buen ánimo, así que dejó de insistir para hablar. Se despidió como pudo y luego se fué.
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Un Mundo Distinto.
Espiritual☆||NOVELA CRISTIANA||☆ Muchas veces nos hemos preguntado: ¿Donde estaba Dios? ¿Por qué lo permitió? Y... A través de ésta historia, puede que encuentres tu respuesta a ello. ¿Estás comprometido con Él? ¿Realmente lo estás? A raíz de varias cosas, D...
