~ ¿Quién iba a decir que las serpientes conquistan tan bien? ~ Grace ღ
A la vida de una chica siempre llegan tres amores: su mejor amigo, su primer amor y el amor de su vida, pero hay uno que siempre se queda en su corazón. Grace esta a punto de des...
Era navidad, caminaba por los pasillos buscando a mis amigos para entregar sus regalos. Hermione me regaló una edición especial del libro "Quidditch a través de los tiempos". La portada era hermosa con remaches en oro. Ron me había dado una bolsa completa de golosinas y como siempre había recibido mi suéter hecho por la señora Weasley con un G enorme. A ambos les encantó lo que les había comprado, Ron ya no quería quitarse su camiseta de los Chudley Cannons.
Por fin encontré a Harry leyendo en el gran comedor.
- ¿Te ocultabas de mí? - lo acusé.
- Claro que no - se defendió -. Feliz navidad, Grace.
- Feliz navidad, Harry - sonreí, abrazándolo -. Espero te guste.
Le entregue la cajita y él la abrió con emoción. Tomó la cadena con cuidado y estudio el mensaje, sonrió abiertamente y se la coloco para después darme un beso en la mejilla. Me entregó una cajita similar. En cuanto la abrí quedé fascinada. Era una hermosa pulsera de snitch dorada.
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- Por Dios, Harry es hermoso - sonreí.
- Me alegra que te guste, es mi felicitación por entrar al equipo de gryffindor.
- Te adoro.
Lo abracé de nuevo, me coloqué la pulsera y me fui a buscar a Cedric. Por suerte, como me esperaba, estaba en la biblioteca. Se veía lindo con su bufanda amarilla rodeándole el cuello, mientras su rostro poseía una expresión seria y serena mientras leía cuidadosamente el libro de runas antiguas. Lo abracé por los hombros, sorprendiéndolo.
- Feliz navidad, Ced.
El chico se sonrojo un poco y me sonrió.
- Feliz Navidad, Grace. Que bueno que te encuentro.
- ¿Ah sí? Y eso ¿por qué?
- Tengo un regalo para ti.
- Sabes que no tenías que hacerlo.
- Pero quise.
Me senté en la silla frente a él y Cedric rebusco entre sus cosas hasta sacar una bolsita pequeña. La abrí y dentro me encontré una pulsera de oro, era delgada, de un tejido sumamente delicado. Brillaba con la luz que se colaba por los ventanales de la biblioteca. Luego le tendí su regalo que también le encantó y no dudó en ponérselo.
- Muchas gracias, Grace.
- Es un gusto, tejón.
Cedric frunció el ceño por el apodo y yo me reí estruendosamente haciendo que la Señora Pince quisiera sacarme de la biblioteca.
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